El pueblo minero Comanja de Corona resurge con la nueva carretera que lo comunica con León.
Convertido en pueblo mágico y de leyendas, ahora tiene modernas vialidades, hoteles y zona ecológica.
La carretera, que lleva al poblado en 20 minutos,  se localiza rumbo a San Felipe Torres Mochas. Pasando la colonia Los Castillos, a la altura del kilómetro 5, hay una desviación hacia la comunidad Hacienda Arriba, donde inicia el camino pavimentado y con hermosos paisajes.
Real de Minas de Comanja fue descubierto por Pedro Almídez de Chirinos en 1531, en una expedición española. Es 45 años más antiguo que León.
Desde lo alto de una loma se puede apreciar el pueblo entre montañas.
Ahí Armando Mejía perforaba un pozo a más de 400 metros de profundidad.
“Es agua para el pueblo. Se le está dando un gran impulso al pueblo para atraer el turismo. Es un pueblo mágico con mucha historia”, dijo.
También desde la loma se puede observar la torre de lo que fue el horno de la fundidora de Comanja.
La llegada al pueblo es como entrar al pasado: sus calles empedradas y empinadas, en el Jardín Principal un quiosco construido con cantera rosa… y una iglesia donde se veneran las imágenes de la Virgen de la Asunción y de Nuestro Padre Jesús.
Esta última tiene su historia. Lugareños relataron que Comanja fue refugio de asaltantes y guerreros cuachichiles aliados a indios tecuenxes.
Dicen que en un robo se llevaron la imagen y la escondieron en la mina “El Horcón”, la emparedaron con mezcla y piedra y estuvo guardada por un siglo.
Sólo 12 indios sabían el lugar en que estaba. El último en quedar vivo, arrepentido, sacó la imagen y la devolvió en una caja de madera.
Juan Antonio López Montes, promotor de la carrera atlética de Comanja, que hoy se lleva a cabo, señaló que al pueblo acuden miles de católicos a venerar la imagen de  Nuestro Padre Jesús.
“La carretera de inauguró hace como un año, pero es poco conocida. Es un gran detonador para el turismo. Es un pueblo mágico y con muchas leyendas”, señaló.
Surge hotel de ruinas
A un paso del pueblo, a no más de cinco minutos, están las ruinas de la fundidora o ferrería.
Durante años estuvo en el abandono y ahora el inversionista leonés Juan Ramón Espinosa Padilla transformó el área donde pernoctaban los peones en un hotel boutique con 10 habitaciones.
Se llama hotel Hacienda La Ferrería, rodeado de jardines y de historia, uno de sus atractivos en un temazcal.
Lo que era la capilla de la hacienda fue transformada en restaurante. La construcción fue restaurada y se preservan las columnas, con más de 400 años de antigüedad, así como los muros y los arcos, dijo Fausto Martín Moreno Gutiérrez, uno de los encargados del hotel.
También se preserva el horno, la columna de la chimenea y los grandes muros.
La rampa de acceso al horno fue reconstruida y en la parte inferior está el bar.
“Este hotel comenzó a operar el pasado mes de abril. Está en una zona ecológica. Grandes árboles de olmos; un río y mucha naturaleza es el entorno”, añadió.
Se ha aprovechado todo el entorno, se preservan puertas y muros de adobe. Huele a historia y a nostalgia.
El hotel fue construido en lo que fue la Hacienda de Ferrería, que fue fundada en 1873, por el marqués de Guadalupe, José María Rincón Gallardo.
En lo que fue el interior de la fundidora ahora hay jardines, flanqueados por gigantescos árboles.
Comanja es un lugar que es aprovechado por los aficionados al deporte extremo, al campismo y al senderismo

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