Es mejor no ver demasiado de cerca al gritón de Edvard Munch en la exhibición “The Art of the Brick” (El Arte del Ladrillo), en el espacio de exhibición Discovery Times Square, en Nueva York. Porque entonces se vería que la cabeza está formada con bloques Lego beige y blancos, a la que le sobresalen sus protuberancias.
La “Mona Lisa” de Leonardo, exhibida cerca de ahí, tiene una superficie más lisa, compuesta de 4 mil 573 “ladrillos”, pero nunca se le confundiría con la original.
El creador del retrato, Nathan Sawaya, parece perfectamente satisfecho con ello. Ha armado a presión un panorama “Legoístico” de obras maestras del arte, junto con galerías de construcciones originales.
Esta exposición de su obra ya ha aparecido en diferentes formas otras ciudades y realizado giras internacionales.
Todo está construido con bloques Lego utilizando sólo los colores que la compañía danesa tiene disponibles. Y en gran medida, así luce.
Sawaya orgullosamente señala en la ficha de la “Mona Lisa” que una “foto borrosa de la versión de réplica hecha de ladrillos podría fácilmente ser confundida con una foto borrosa de la original”.
Dicho error es menos probable con “La Joven de la Perla”, de Vermeer (mil 694 piezas) -el adorno de la pintura consiste de una esfera transparente de Legos- y parece imposible con la versión del tamaño de una mesa de la Gran Esfinge de Giza (2 mil 604 piezas). Sin embargo, es útil mantener en mente la semejanza con fotos borrosas cuando se está frente a una exhibición compuesta de piezas de Lego.
De hecho, es difícil caminar por esta exhibición y pasar junto a una versión de “El Pensador”, de Rodin (4 mil 332 piezas), o ver la propia obra de tamaño natural de Sawaya, “Blue Guy Sitting” (Tipo Azul Sentado, 21 mil 054 piezas), y no admirar la ambición y habilidad.
En “El Pensador”, los bloques tejen un nudo de relaciones entre el rostro, el brazo doblado y el puño cerrado. En “Blue Guy Sitting”, vemos que los bloques han moldeado la alegría relajada encarnada.
Algunas construcciones son atractivas por otras razones. El dinosaurio (80 mil 020 piezas) impresiona con su escala, al ocupar toda una galería, con sus piezas de plástico unidas a presión asemejándose a fragmentos fracturados de hueso fosilizado.
Y la figura moái de la Isla de Pascua (75 mil 450 piezas) es lo suficientemente grande de manera que casi no se tiene que hacer borrosa mentalmente su pixeleada construcción para imaginar las curvas esculpidas del original.
Sin embargo, pese a algunos ejemplos toscos, obtenemos una clase muy particular de placer gracias a estas construcciones. Tiene algo que ver no sólo con el uso de bloques de juguete como un medio artístico sino también con el carácter de los bloques en sí.
El carácter juguetón de Sawaya es contagioso. Y las limitaciones son parte del atractivo. Los bloques Lego básicos son tan minimalistas, que casi cualquier cosa hecha utilizándolos inspira un poco de asombro.
El uso de Sawaya de bloques rectangulares asegura que no podemos dar por hecho ni siquiera la tersura de una línea.
Sus construcciones casi reflejan una estética digital primitiva, que es la razón por la que estas construcciones con Lego pueden parecer tan pixeleadas como una foto digital que se desintegra.
Sawaya brinda una aproximación juguetona de la realidad mientras celebra el atractivo de Lego.

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