Gobernantes del mundo y una multitud de sudafricanos que cantaban con júbilo rindieron homenaje ayer a Nelson Mandela en un estadio de futbol en Soweto durante una jornada fría y lluviosa.
Las multitudes abuchearon al presidente sudafricano Jacob Zuma, quien pronunciaba el discurso principal en las exequias, que comenzaron con una hora de retraso.
El Gobierno de Zuma se ha visto plagado de escándalos de corrupción, aunque su Congreso Nacional Africano, otrora dirigido por Mandela, sigue siendo el favorito para ganar las elecciones el año próximo.
Entre el centenar de jefes de estado se encontraban el presidente estadounidense Barack Obama y su homólogo cubano Raúl Castro, quienes en un gesto sumamente inusual entre dos enemigos de la Guerra Fría se estrecharon la mano.
Obama también saludó a la presidenta brasileña Dilma Rousseff, quien meses atrás canceló una visita de estado a Washington, furiosa ante las revelaciones de que la Agencia de Seguridad Nacional había espiado sus comunicaciones.
En su discurso, saludado con ovaciones atronadoras, el mandatario estadounidense dijo que “debemos actuar en nombre de la justicia. Nosotros también debemos actuar en nombre de la paz”.
Obama, que al igual que Mandela fue el primer Presidente negro de su País, dijo que cuando era estudiante Mandela “me hizo descubrir mis responsabilidades, hacia los demás y hacia mí, y me hizo iniciar este insólito viaje que me llevó a donde estoy ahora”.
Raúl Castro elogió a Mandela como “símbolo supremo de dignidad y de consagración inclaudicable a la lucha revolucionaria por la libertad y la justicia; como un profeta de la unidad, la reconciliación y la paz”.
“Mandela es un ejemplo insuperable para América Latina y el Caribe, que avanzan hacia la unidad e integración”, dijo Castro, cuyo discurso fue reproducido en el cibersitio estatal cubano Cubadebate.
Las multitudes convergieron sobre el Estadio FNB, el cual tenía dos terceras partes de sus asientos ocupados, en Soweto, el municipio de Johannesburgo que fue baluarte de la lucha contra el apartheid que encarnó Mandela como preso del régimen blanco durante 27 años, y luego como líder de una precaria transición a las elecciones plurirraciales que lo consagraron como Presidente.
La lluvia persistente mantuvo alejada a mucha gente. El estadio, con capacidad para 95,000, no estaba lleno al mediodía hora local, cuando comenzó la ceremonia con la entonación del Himno Nacional. Varios trenes dispuestos para llevar gente al lugar se vieron demorados por un corte de electricidad.
Reinaba un ambiente de celebración, con la presencia deslumbrante de realeza, hombres de estado y celebridades.
Thabo Mbeki, el ex presidente sudafricano que sucedió a Mandela, fue recibido con una ovación.
El presidente francés Francois Hollande y su predecesor Nicolas Sarkozy arribaron juntos. Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU, agitó la mano y se inclinó ante los espectadores, quienes cantaban alabanzas a Mandela, considerado por muchos el padre de la nación.
La viuda de Mandela, Graca Machel, y su ex esposa Winnie Madikizela-Mandela estaban en el estadio y se abrazaron largamente antes de la ceremonia. Entre los presentes estaban la actriz Charlize Theron, la modelo Naomi Campbell y el cantante Bono.
Ayer se cumplieron 20 años del día en que Mandela y el último Presidente de la era del apartheid, F.W. de Klerk, recibieron el premio Nobel de la Paz.
De Klerk, quien se hizo amigo de Mandela, también estaba presente.
Sones de cornetas y aplausos resonaban en el estadio. La lluvia, considerada una bendición por la población negra, entusiasmó a la multitud.
El estadio de futbol fue el lugar donde Mandela hizo su última aparición en público, en la ceremonia de clausura del Mundial.
Después de las honras fúnebres, su cuerpo yacerá en capilla ardiente en la sede del Gobierno en Pretoria, la capital política, y el domingo será enterrado en Qunu, la aldea rural de su infancia en la provincia de Cabo Oriental.

El último triunfo de Madiba
Fue un breve momento, de apenas unos segundos: dos presidentes estrechándose las manos e intercambiando cumplidos en medio de un grupo de líderes que se reunieron durante las honras fúnebres de Nelson Mandela.
Es algo que difícilmente hubiera sido digno de atención, excepto que los hombres que se estaban dando la mano, eran el presidente de EU Barack Obama y su homólogo cubano Raúl Castro, cuyas naciones han quedado atrapadas por el antagonismo de la Guerra Fría durante más de cinco décadas.
Más de medio siglo después que Washington cortó relaciones diplomáticas con La Habana, tales gestos entre los líderes de ambos países han sido inusuales.
Cuando los ex presidentes Fidel Castro y Bill Clinton se estrecharon la mano durante un almuerzo en la Cumbre del Milenio de 2000, el líder cubano dijo que Clinton era el primer estadounidense que había tenido ese gesto.
A pesar del apretón de manos, Obama formuló una crítica implícita a gobiernos como el cubano cuando dijo que “hay muchos que expresan solidaridad con la lucha de Madiba por la libertad, pero no toleran el disenso de su propio pueblo”.
EU y Cuba han dado recientemente pequeños pasos hacia un acercamiento político, lo que ha aumentado las esperanzas de que las dos naciones puedan estar cerca de un momento histórico en sus relaciones.

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