En un impulso incontrolable, la ansiedad obliga a devorar grandes cantidades de comida chatarra. Después viene el repudio por el atracón alimentario.
‘Rogelio’ tiene una adicción a la comida que le ha traído problemas de diabetes e hipertensión, sin contar el deterioro mental y emocional que padece.
Su obesidad lo obliga ha alejarse de cualquier grupo social. Hoy, de 34 años, pesa 160 kilos y mide 1.82 metros.
“A pesar de que sé que tengo graves problemas de salud no puedo detenerme, es como el alcohólico que necesita el alcohol. Yo necesito la comida”, platica ‘Rogelio’, quien desde hace tres años acude a Comedores Compulsivos Anónimos.
“Es algo que la gente no comprende mucho, no entiende cuánto afecta. Toda mi vida he estado con ayuda, con dietas, con psiquiatras, con antidepresivos”.
Antes, sus episodios de atracón eran diarios. Desde que inició en CCA los atracones son aproximadamente una vez cada dos semanas.

El transtorno
Alrededor de 3 de cada 10 personas en el mundo con obesidad padecen trastorno por atracón, explica Eva Trujillo, autoridad internacional en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).
El trastorno por atracón consiste en comer rápida e incontrolablemente una cantidad de alimento más grande a la que la mayoría comería en un periodo similar, expresa Trujillo.
“Después del atracón, los pacientes sienten una gran vergüenza, miedo, tristeza, enojo y se sienten excesivamente llenos. El atracón ocurre sin la presencia de hambre y durante él experimentan una gran ansiedad”, agrega Trujillo.
Los atracones más importantes suelen suceder en fines de semana con cenas que, acompañadas con alcohol, pueden llegar a sumar más de 5 mil calorías, indica Eduardo González Gómez, cirujano bariatra y miembro del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Mentales.
Antes se consideraba al atracón como un trastorno inespecífico de la conducta alimentaria, pero en los últimos años los médicos e investigadores se dieron cuenta del número significativo de pacientes.
Por eso se sumó a la bulimia y la anorexia como un TCA en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) publicada en mayo por la American Psychiatric Association.
La clasificación permite el diagnóstico clínico para tratar la enfermedad, comenta Trujillo, también integrante del consejo de directores de la Academy for Eating Disorders, una de las organizaciones más prestigiosas del mundo en desórdenes de la alimentación.
De acuerdo con el Manual, para considerar que se padece este trastorno se deben tener los episodios de atracón en promedio una vez por semana durante tres meses.
Los TCA pueden poner en riesgo la vida en forma muy significativa. Afectan el sistema cardiovascular, gastrointestinal, endocrinológico, dermatológico, hematológico, esquelético y el sistema nervioso central.
La pediatra explica que el trastorno afecta el pensamiento, el estado de ánimo, la conducta y las relaciones interpersonales.

Sin poder detenerse
A los 15 años empezó la obsesión de ‘Lorena’ por contar la comida y evitar los carbohidratos, pero años después esas dietas se transformaron en atracones de alimentos con alta carga calórica. Simplemente no podía detenerse.
A los 18 años, ‘Lorena’ perdía el control por la comida cuando se encontraba en una situación de estrés. Después la práctica se volvió diaria.
“Empecé a tener la necesidad de comer carbohidratos. Al hacerlo perdía el control de mí misma y no podía parar hasta acabarme bolsas completas de pan, tortillas”, cuenta la joven, hoy de 20 años, quien estuvo internada en una clínica.
“Siento que (la comida) era un castigo, ya que comía así cuando no me salían las cosas como quería y eso me hacia sentirme peor con mi persona y me daba asco a mí misma”.
En poco tiempo, de ser una joven muy delgada subió más de 20 kilos y padeció hipoglucemia (bajo nivel de azúcar en la sangre que produce mareos, irritabilidad, convulsiones, entre otros síntomas) además de que todos sus signos vitales se vieron afectados.
Luego de aumentar tanto de peso realizó dietas muy estrictas y ejercicio excesivo, pero eso no era calidad de vida, recuerda. Cuando decidió internarse se encontraba en un estado de depresión muy grave.
Y es que el trastorno por atracón está frecuentemente ligado a la depresión y un 70% de los suicidios en México se asocian a la depresión, dice María Elena Medina-Mora Icaza, doctora en psicología social.
“En el trastorno por atracón sí ha llegado a descubrirse que hay circuitos del cerebro que están alterados y que llevan a esta conducta”, enfatiza Medina-Mora Icaza.
La mayoría de los pacientes tiene una vulnerabilidad genética, agrega la doctora, pero el trastorno se manifiesta porque hay eventos del medio ambiente que influyen de manera negativa en la persona.
Medina-Mora Icaza indica que la moda que marca la necesidad de la delgadez es comúnmente un factor que lleva a conductas alimentarias de riesgo.

Casi 40 años de dietas
El adicto a la comida no necesariamente sufre sobrepeso u obesidad.
‘Ana’ lleva casi 40 años a dieta y no sufre obesidad. Pesa 63 kilos y mide 1.66 metros de estatura, sin embargo, se reconoce como comedora compulsiva.
“Es como si yo quisiera ir en línea recta y no puedo porque una parte de mí me detiene. No puedo comer como gente normal”, expresa Ana, con más de dos años de asistir a un grupo de Comedores Compulsivos Anónimos.
Luego de un atracón de comida es imposible no sentir culpa, explica la mujer de 56 años. Su compulsión surge ante cualquier alimento.
“No sé qué pasa por la cabeza de un comedor compulsivo, tenemos un vacío que pensamos que la comida va a llenar”, dice. “Para nosotros es un triunfo pasearnos por una tienda de conveniencia y salir con las manos vacías”.

Círculo vicioso
Marcela Toscano, médico con especialidad en obesidad, comenta que alrededor de un 35% de sus pacientes tienen algún rasgo de ese trastorno.
“Las personas entran en un circulo vicioso que hace cada vez más grave su padecimiento, empiezan con un ligero sobrepeso y en su afán por adelgazar hacen dietas severas lo que provoca hambre intensa y compulsión por comer. Como hay miedo por el descontrol, aumentan de peso”, detalla.
Por lo menos el 50% de sus pacientes con obesidad mórbida presentan rasgos del trastorno por atracón, comenta el cirujano bariatra, González Gómez.
La atención psiquiátrica a los pacientes con este grado de obesidad es una área de oportunidad, añade, ya que cuando los interrogan se dan cuenta que muchos padecen depresión o ansiedad.
Ahora con la nueva edición del DSM, se prevé que el número de pacientes aumente.  
“Muchos pacientes tienen un trastorno de concepción de la realidad que no es verdadera”, enfatiza. “Nos dicen que no saben por qué están obesos si casi no comen y les hacemos los estudios de perfil tiroideo y te das cuenta de que no hay ninguna alteración hormonal.
“Entonces les pedimos que hagan un recuento de lo que comen y es cuando se dan cuenta de todas las calorías que ingieren en una sola sentada”.

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