-¡Betina, Alma Delia…! ¡Vengan! –gritó asustado El Sófocles al ver que Luz María, una niña de 14 años de edad, vomitaba espuma y se desvanecía en el piso de tierra, entre convulsiones.
Al escuchar los gritos, Heriberto Rangel, un homosexual al que apodaban La Betina, corrió al arroyo a auxiliar a la niña. Lo mismo hizo su prima Alma.
Cuando vio que Luz María ya no reaccionaba, El Sófocles se puso de pie, se vistió y se trepó a su bicicleta. Huyó a toda velocidad con rumbo a las ladrilleras del Valladito, en la colonia San Pablo, al norte de León.
En el lecho del arroyo La Sardeneta quedó tendida Luz María, víctima de la violación de un drogadicto de 30 años de edad.
La Betina y Alma Delia también se echaron a correr. Al principio pensaron en ir a avisarle a la mamá de La Gorda –como apodaban a la niña-, pero decidieron pasar primero a la casa de la abuelita en la colonia Haciendas de Ibarrilla.
-¡La Gorda anda mal!- le dijo La Betina a la abuelita.
-Pues déjenla, no hace caso. No le hace caso ni a su mamá –respondió la mujer.
Ante esa respuesta tan cortante, decidieron no avisarle a nadie más.
Luz María fue abandonada en el arroyo. Y ahí quedó una semana. Falleció el 1 de abril de 2013 y su cuerpo fue encontrado hasta el 7 de abril, carcomido por animales.
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Ramón Cardona Niño, alias El Sófocles, confesó ante la agencia 11 del Ministerio Público que Luz María falleció mientras era víctima de abuso sexual.
El Sófocles –de 30 años – aprovechó que la niña estaba drogada para abusar de ella. Como compensación, le ofreció pagarle 50 pesos.
La Betina –testigo del hecho- declaró ante la misma agencia ministerial que la crisis convulsiva de la niña, que derivó en su fallecimiento, ocurrió durante el acto sexual.
Para las autoridades de justicia, el deceso fue por un infarto.
“No hay delito a seguir. La necropsia revela que la mujer murió por causas naturales, en concreto, por un infarto”, declaró el 8 de abril de 2013 el Subprocurador de Justicia de la región A, Manuel Ángel Hernández.
Lo que no dijo el funcionario es que el supuesto infarto ocurrió mientras la menor era violada.
De acuerdo con el Artículo 181 del Código Penal del Estado de Guanajuato, la violación ocurre cuando una persona tiene relaciones sexuales con otra que no está en posibilidad de conducirse voluntariamente o de resistir la conducta delictuosa.
Ese fue el caso de Luz María: no pudo conducirse voluntariamente ni resistir el abuso, porque estaba drogada. Y fue el mismo atacante quien la alentó a consumir la droga, según consta en el expediente del caso, del que AM obtuvo copia.
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Heriberto Rangel Falcón, apodado La Betina, contó al agente del Ministerio Público lo que vio el día que falleció la niña Luz María Guzmán Alvarado. Contó que la pareja sostenía relaciones:
“… y de repente el Sófocles le gritó a Alma Delia y a mí, diciéndonos: ‘¡Vengan!”. Y de inmediato bajé a donde estaban La Gorda y el Sófocles y la vi tirada, con la cara un poco hacia abajo, de lado, como temblando. También estaba vomitando como pura agua. El Sófocles de inmediato se retiró de ahí, se fue en dirección a las tabiqueras”.
La versión de La Betina coincide con el relato que hizo El Sófocles en su declaración ministerial:
“Era lunes o martes, no recuerdo bien, ya que de al tiro andaba bien ‘guare’ (drogado). Era media tarde cuando yo iba en mi bicicleta rumbo a la colonia La Selva a conseguir un chorrito de ‘guare’ (droga para inhalar), ya que tengo como diez años que le pongo al agua de celaste. Como dije, iba en mi bicicleta ya que en la colonia La Selva hay varias personas que lo venden.
“Cerca por donde pasa un camión, en La Nopalera, me encontré a dos muchachas de apodo La Gorda -ya que yo así la conocía y no sabía cómo se llamaba- y la otra Alma, y con ellas andaba un muchacho que es joto y le dicen La Betina y es primo de Alma.
“La Gorda me preguntó que a donde iba yo. Le dije que iba a La Selva a conseguir un chorro de ‘guare’ y me dijo que ella también traía una botella de plástico de medio litro con el activador que se usa para los zapatos y que nosotros lo utilizamos para drogarnos.
“Nos fuimos los cuatro para el pocito que es un arroyo que está para el camino del Ojo de Agua. El pocito sí lo conozco porque por ese lado venden pulque. Llegamos a una tienda a comprar cigarros sueltos y seguimos caminando casi media hora, hasta que llegamos al pocito. Ahí nos quedamos un rato ‘guareándola’ (drogándose).
“Yo y La Gorda nos bajamos al arroyo; ella se acostó en un lugar donde casi no había piedras”.
Añadió que comenzaron a sostener relaciones:
“De repente vi cómo se empezó a mover y a salirle espuma de la boca. Yo me asusté. La Betina y Alma se bajaron al arroyo a ver a la Gorda y vieron que le salía agua por la boca y corrieron hacia La Selva. Yo como traía mi bicicleta me subí y me fui a la colonia San Pablo. Ya no supe ni de La Gorda, ni de Alma ni de La Betina”.
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En una fotografía tomada por la Policía el día que el cuerpo fue encontrado, se observan una llanta y una piedra sobre la cabeza de Luz María: así la dejó su violador.
En la declaración que El Sófocles rindió ante el Ministerio Público, confesó que ya antes había abusado de la niña, en presencia de otras personas, a quienes no identificó.
“En esa ocasión le di 80 pesos y nos fuimos a donde están unos hornos de tabiques y ahí estuvimos una media hora con ella”, confesó.
El Código Penal del Estado califica como estupro la relación sexual de un adulto con un menor, delito que es castigado hasta con tres años de cárcel.
El Sófocles ya está detenido, y está siendo procesado por el delito de corrupción de menores, mientras que La Betina falleció en Guadalajara días después de haber rendido su declaración ministerial.
Alma Delia Campos –la otra testigo- está libre.
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Luz María vivió en un entorno de drogadicción. En las calles de las colonias Haciendas de Ibarrilla, San Pablo y La Selva –ubicadas al norte de León- son comunes las escenas de niños, adolescentes y jóvenes consumiendo drogas, sobre todo agua de celaste. En la zona es casi nula la presencia de la Policía.
Las gemelas Diana y Jimena, y una adolescente conocida como ‘La Picus’, eran las mejores amigas de Luz María.
Las cuatro –todas de 14 años- solían vagar por las calles en busca de dinero para comprar el ‘guare’.
“Sí me acuerdo de la chiquilla, se juntaba mucho con las gemelas que son muy conocidas porque siempre andan ‘guareadas’”, dijo “El Tony”, un drogadicto de La Selva.
La Picus entró en depresión tras la muerte de Luz.
“Anda muy mal, nomás está recordando a su amiga “La Gorda” y dice que se quiere ir con ella, le llora mucho porque siempre andaban juntas”, relató ‘Vita’, también drogadicta de la misma colonia.
Alejandra Martínez, quien conocía a Luz María, recordó que en alguna ocasión la niña le platicó que prefería andar de “callejera” que estar en su casa, donde había muchos problemas y a veces no tenían ni para comer.
“Era muy tranquila la niña, pero lo malo es que cayó en las drogas muy chiquita. Yo pienso que los mismos padres la orillaron a esto, empezó a salir con otras muchachas que se drogaban y ahí fue donde la perdieron”.
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Los papás de Luz María están separados desde hace ocho años, y ambos han procreado hijos con sus nuevas parejas.
María de la Luz Alvarado –mamá de la menor fallecida- trabaja barriendo calles y casas, además de limpiar el templo de Ibarrilla tres días a la semana, por lo que recibe una paga de 500 pesos.
Mientras que José Guzmán, papá de Luz María, trabaja de forma eventual como albañil.
Luz vivía con su mamá en una casa de sólo dos cuartos, que carece de agua potable y drenaje, en Haciendas de Ibarrilla.
“Le gustaba mucho la ropa y los zapatos, ella sólo pensaba en estrenar, pero no le podíamos dar mucho y a veces se ponía triste porque le pedía dinero a su papá y nunca le daba”, recordó entre lagrimas la mamá.
Al no conseguir lo que anhelaba, Luz María salía a vagar por las calles, baldíos y arroyos.
“A veces andaba con un amiguillo drogándose. Ya la había internado una vez en el CREA (un centro de rehabilitación), pero se escapó porque me dijo que la golpeaban mucho”.
Luz sólo estudió hasta el sexto grado de primaria en la escuela ‘Genaro García’, de la colonia Las Presitas del Consuelo.
En la boleta de evaluación 2010-2011 de sexto grado aparece como una estudiante regular con un promedio final de 7.4. Las calificaciones más altas las obtuvo en educación física con 9.4 y artísticas con 8.
La maestra Cristina Contreras la recuerda como una niña callada y aislada.
“No le gustaba trabajar en equipo, nunca me dio un problema porque casi no hablaba. No jugaba con sus compañeros, se retraía hacia un rincón”.
Ramón, el hermano menor de Luz María, sigue sus pasos, pues ya abandonó la escuela para andar en la vagancia.
“El hermano de esta niña estudiaba aquí, un día ya no se presentó y fuimos a buscarlo. Su mamá quedó de enviarlo y sólo vino un día, después ya no supimos nada de él”, explicó el profesor Adolfo Zamora, quien es el director de la Primaria “Genaro García”.
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Días antes de morir, Luz María frecuentaba en compañía de sus amigas una casa en la calle Selva Tropical, que es utilizada como centro de reunión de drogadictos.
El lugar es como una pequeña vecindad en la que habitan al menos 4 familias. El pasillo que comunica a los cuartos es de tierra.
“Desde el más pequeñito hasta el más grande se guarean, las mujeres les dan a los niños agua de celaste para que nos les dé hambre y así los traen todo el día, siempre han vivido de esta forma”, aseguró una vecina.
En los días en que Luz María estuvo desaparecida, la Policía llegó a revisar la vecindad. Entraron a todos los cuartos, con la creencia de que la menor estaba secuestrada.
“Yo no niego que mis hijos son drogadictos, todos se guarean, pero esa niña que fue encontrada muerta en el río nunca vino aquí”, aseguró María, habitante de la vecindad.
Sin embargo, otros inquilinos y vecinos confirmaron: ese era uno de los sitios a los que acudía a inhalar solventes.
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Las circunstancias en las que falleció Luz María son cada vez más comunes en el estado de Guanajuato: los delitos sexuales y el consumo de solventes mantienen una tendencia a la alza.
Cada día se denuncian en promedio cinco delitos sexuales, el 30% de ellos en León.
Estadísticas oficiales de la Procuraduría de Justicia revelan que entre 2011 y 2013 aumentaron 39% los delitos sexuales en general y 56% las violaciones en particular.
Las denuncias por estupro -sexo con menores- subieron 26% en sólo un año.
Guanajuato es, además, el principal consumidor de solventes o ‘guare’.
Según la más reciente Encuesta Nacional de Adicciones, el 20% de los guanajuatenses internos en centros de rehabilitación confesó que utilizó los solventes como su droga de inicio.
El 11% de los pacientes atendidos el año pasado por la Secretaría de Salud estatal por consumo de drogas, eran adictos al ‘chemo’ o ‘guare’.
Uno de cada 10 de esos pacientes eran menores de edad adictos a los solventes, como lo fue Luz María.
