La Iglesia católica canonizó a Juan Pablo II no porque haya logrado realizar actos históricamente extraordinarios o porque haya sido sucesor de Pedro, sino porque supo ser extraordinario en lo ordinario, aseguró Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México.
“(Lo fue) en el cumplimiento de sus propios deberes cotidianos de hijo, amigo, estudiante, obrero, seminarista, Sacerdote, Obispo y Papa.
“Y es por todo esto, por su fe, amor y esperanza vividas en profundidad, que Juan Pablo II, hoy (ayer) domingo de la Divina Misericordia, fiesta instituida por él, la alegría pascual se enciende con mayor fuerza al sernos propuesto como ejemplo a imitar, venerar e invocar”, dijo el Prelado ante unas 10 mil personas que acudieron a la Basílica de Guadalupe para escuchar la misa dedicada a la canonización del Pontífice, así como del Papa Juan XXIII.
El Nuncio dijo que el mote del escudo episcopal de Juan XXIII fue la obediencia y la paz.
“Fe vivida en la esperanza, en la profunda caridad y en el rendimiento total a la voluntad de Dios como fuente de santidad y de paz, no con obediencia muda y mecánica, sino activa, consciente y gustosa”, manifestó.
Durante el servicio religioso, Pierre pidió a los dos santos bendiciones para el mundo entero y particularmente para los mexicanos.
Miembros del Consejo de Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) develaron una placa en la estatua del Papa Juan Pablo II ubicada en la Basílica de Guadalupe.
La placa develada por obispos está dedicada a la beatificación y canonización de Juan Pablo II.
Al concluir la misa, se realizó otra peregrinación encabezada por el Nuncio y los obispos para trasladar la efigie de cera de Juan Pablo II, así como una reliquia de primer grado -que consiste en un pedazo de piel de su frente- desde la Basílica hasta el columbario de la Plaza Mariana, donde permanecerán de forma permanentemente para su veneración.
Siguen misa de madrugada
Entre mil 500 y dos mil personas acudieron en la Catedral de la Ciudad de México a una misa celebrada de manera simultánea a la ceremonia de canonización de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII en El Vaticano.
En el País que Juan Pablo II visitó en cinco ocasiones (1979, 1990, 1993, 1999 y 2002) las celebraciones comenzaron hacia las 9 de la noche hora del sábado, cuando congregaciones de fieles entonaron himnos en la Catedral mientras sacerdotes predicaban las virtudes de los nuevos santos.
Hacia las 3 de la madrugada de ayer domingo las prédicas y cantos se interrumpieron para seguir la transmisión de la ceremonia en El Vaticano.
“Es una celebración”, dijo Norma Gallardo, quien fue una de las personas que acudió desde el comienzo de las celebraciones y anticipó que permanecería en la iglesia hasta las 7 de la mañana, cuando terminara el festejo. “Es muy importante ser testigos de cómo se canoniza a gente de nuestros tiempos como Juan Pablo II, y aún Juan XXIII, que fue más bien de tiempos de nuestros abuelos, pero que fue el Papa bueno, y el que generó que todos podamos participar de manera más abierta con la Iglesia”.
Otra feligresa, María Inés Rivera, habló del vínculo que hay entre los creyentes mexicanos y uno de los nuevos santos. “Los que venimos aquí es por fe, fervor a Jesucristo y pedirle a Juan Pablo II que interceda por nosotros. Aprendimos a orar con Juan Pablo II, él movió muchos corazones en el mundo, no solamente en México”.
La CEM exhortó a los fieles a continuar la celebración de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII.
Blindan macromisa en Monterrey
Entre un intenso despliegue de seguridad, que incluye por lo menos a dos francotiradores, funcionarios estatales, entre ellos el gobernador Rodrigo Medina, alcaldes del Área Metropolitana y empresarios se dieron cita ayer en la macromisa en el río Santa Catarina.
Medina arribó acompañado de su esposa, Gretta Salinas, y sus tres hijos, además de su Gabinete.
En el lecho del río Santa Catarina, así como en los carriles exprés y sobre el puente del Papa, decenas de policías resguardaron la zona.
Al operativo de seguridad se agregó un helicóptero del Estado y al menos dos francotiradores instalados en la azotea de una vivienda sobre avenida Morones Prieto, a espaldas del escenario donde se lleva a cabo la macromisa.
Los francotiradores vigilaron permanentemente con binoculares, además de estar armados con un rifle de largo alcance, el cual mantunvieron cubierto con una tela negra y sobre un tripié.