Las andaderas suelen formar parte de los artículos que se adquieren a la llegada del bebé, pero usarlas y limitar el gateo retrasa el desarrollo de la marcha, el mental y de lenguaje.
A esta conclusión llegaron investigadores del Instituto Nacional de Perinatología tras dar seguimiento por cinco años a 4 mil bebés, de los cuales 150 usaron andadera.
“La andadera nunca se indica, no la recomendamos en ninguna situación”, asegura Pilar Ibarra Reyes, especialista en neurodesarrollo infantil del Instituto y quien encabezó el estudio.
De acuerdo con la investigación, el 90% que no usó andadera y gateó tuvo un índice de desarrollo motor normal, mientras que, de los bebés que la usaron, sólo 61% lo tuvo.
Ibarra precisa que los niños que usan andadera sí adquieren las habilidades, pero no en el tiempo esperado.
“El gateo debe estar bien estructurado a más tardar al año. La marcha al año y medio y el lenguaje a los 2 años. (Entre quienes usaron andaderas) las adquisiciones fueron posteriores a lo esperado”.
Además, fomentar el gateo sirve para aprender reacciones de defensa.
“Aprende que cuando se cae hacia adelante mete las manos o cuando se cae hacia atrás carga su peso en la cadera y cae sentado. El gateo les sirve para el reconocimiento de su propio cuerpo y manejo del espacio”.
Asegura que los niños en andadera pueden sufrir accidentes como el volcarse, machucarse los dedos o el que se echen encima líquidos calientes u objetos pesados.
Eduardo Calixto, jefe del Laboratorio de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría, señala que el uso de la andadera origina una disminución en el impulso del cerebro al músculo para ejercer un movimiento.
Entre más ande a gatas o camine el niño, se genera una mejor relación impulso-músculo.
Además, indica que cuando los padres ponen a gatear a sus hijos se da contacto físico que origina mayor comunicación, lo que explica que los niños que usan andadera tarden más en hablar.