Chiles rojos en racimos y bolsas estampadas con la cara de Frida Kahlo o la Virgen de Guadalupe protagonizaron por años la escena de souvenirs del Pueblo Viejo, el centro histórico de Albuquerque, cuyos edificios del siglo 18 hacen que sea la zona más turística de la ciudad.
Lo anterior, claro está, sucedía hasta antes de la aparición de la metanfetamina azul, creada por el químico Walter White, uno de los protagonistas de la serie Breaking Bad (2008-2013) filmada en esta ciudad de Nuevo México. Ahora, por mucho, los recuerdos más cotizados del Old Town son los dulces con apariencia de aquella poderosa droga, elaborados por la aun más dulce Debbie Ball, dueña de la tienda The Candy Lady.
“Nosotros proveímos la blue meth ficticia las primeras dos temporadas. Fue nuestra la idea sobre la forma y consistencia del producto, pero al principio era transparente. Vince Gilligan (el creador de la aclamada serie) decidió después pintarlos de azul”, señala Debbie.
“Ésta es la primera escala del tour de Breaking Bad ‘Hágalo usted mismo’”, indica Debbie. Aunque hay algunos proveedores de recorridos por otras locaciones, lo que se recomienda es buscar en Google Maps los sitios donde se grabaron las escenas más representativas de la serie y visitarlas con calma.
El transporte público en Albuquerque no es un punto fuerte (no hay metro, y las rutas y horarios de autobuses no son fáciles de manejar). Además, las distancias son largas entre un sitio y otro, así que resulta mejor rentar un auto para visitar la siguiente locación, probablemente la más famosa de todas.
Una sencilla casa en la zona residencial al noreste de la ciudad, cerca de las montañas Sandía (otro de los atractivos naturales de Albuquerque, que se puede visitar a bordo de un teleférico), es blanco de cientos de fotografías diarias. La razón: fue el hogar White durante las cinco temporadas de la serie.
“He escuchado miles de veces cómo se fantasea con lanzar una pizza sobre el garaje”, narra la dueña Frances Padilla, “ese capítulo es al que más se hace referencia”.
“Todavía no sé por qué habrán elegido esta casa. Un día tocaron la puerta y me la pidieron, en un principio no creí que fuese verdad, hasta que conocí a Vince Gilligan”, narra Padilla, propietaria de esta construcción desde 1973.
“Ahora me encuentro a gente de todo el mundo, de Rusia, Polonia, China con sólo abrir la puerta de mi casa. En la Balloon Fiesta en octubre vinieron, literalmente, miles”.
Durante la grabación de la serie las visitas eran esporádicas, pero al acercarse el final en 2013 y desde entonces, han aumentado de tal forma que ya es una molestia para Padilla, cuentan los vecinos.
“La señora pasa días enteros con el portón abierto y sentada viendo hacia la calle, solamente para arruinar la foto de los turistas. Si se acercan a la casa los abordará con preguntas”, narra Pebbles, que vive a cinco casas.
“Aún así, la mayoría se llevará un buen recuerdo si actúa rápido para tomarse una foto”.
El siguiente en la lista, por estar a unas cuadras de la casa, es el autolavado de los White, que funciona como tal y se llama Octopus. Los trabajadores no se inmutan cuando llegan visitantes al estacionamiento a tomar fotos.
Más hacia el centro de la ciudad, en la avenida Central, hay que aprovechar varias locaciones, como The Grove Cafe & Market, donde Lydia negociaba con Walter y luego con Todd sobre cargamentos de metilamina y exportación de la mercancía a Europa.
El café ya era popular desde antes de la serie, pero luego del final, muchos visitantes quieren sentarse en la mesa junto a la ventana y pedir Stevia sin veneno, dice en tono de broma la dueña Lauren Greene.
El Crossroads Motel, que aparece en la serie como punto de prostitución y distribución de drogas, y donde el oficial de la CIA Hank Schrader lleva de visita a su sobrino Walt Jr., tiene un anuncio que prohíbe a los visitantes tomar fotografías. Aún así, la administración nada puede hacer contra los que las toman desde la banqueta, fuera de los límites de la propiedad.
Más adelante sobre la misma Central, está Dog House, restaurante donde Jesse, socio de Walter, regala un fajo de billetes a un vagabundo que buscaba comida en los botes de basura del estacionamiento.
“Los actores llegaron unas horas antes de la grabación, pero nosotros seguíamos vendiendo. Me asomé por la ventana y vi a un pobre hombre rondar afuera, le pedí a mi gerente permiso de obsequiarle un hotdog y todos se rieron de mí. Yo era la única que no sabía que era parte de la producción”, cuenta María, trabajadora del restaurante.
Para decepción de muchos, Twisters, que en la serie se llama Los Pollos Hermanos y es propiedad del capo incógnito Gus Fring, no sirve el fabuloso pollo frito que Hank tanto gozaba, sino comida de Nuevo México: hamburguesas y burritos con chile verde. Aunque hay varias sucursales, la que se usaba en la serie está al sur del aeropuerto, en el barrio South Valley.
La vida de este destino cambió para siempre, o, por lo menos, mientras dure en la memoria la imagen de uno de los héroes o villanos más amados de la historia. Sabes exactamente quién es… sí, ahora, di su nombre.

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