Tener todo programado y hacer hasta lo imposible para que se cumpla puede ser un deseable rasgo de su personalidad, pero llevarlo al nivel de obsesión resulta caro para su salud física y emocional.
Quienes tienen el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) de tipo perfeccionista pueden vivir siempre angustiados, con padecimientos derivados del estrés o tener dificultades para establecer vínculos afectivos, asegura Enrique González Ruelas, miembro de la Asociación Psiquiátrica Mexicana.
Hay casos en que los rasgos perfeccionistas forman parte de la personalidad y no causan problema; pero hay un trastorno cuando el tratar de ser perfecto daña la funcionalidad social y produce sufrimiento.
“Por ejemplo pueden revisar tres o cuatro veces su trabajo y cada una de las veces que lo revisan lo hacen con la idea de que pueden estar equivocados y eso genera ansiedad que al acumularse se expresa con irritabilidad.
“Cuando digo sufrimiento estoy hablando de una angustia muy fuerte”, dijo González Ruelas.
El profesional señala que hay personas que ya tienen cierta carga genética que los predispone a padecer este tipo de trastornos y que generalmente la manifiestan cuando están expuestos a situaciones que les generan ansiedad, como el divorcio de los padres, la muerte de un ser querido o un asalto.
“Todos esos estresores externos pudieran hacer que una persona que tiene la carga genética puede ser que empiece a desarrollar el trastorno”, advirtió.
De acuerdo con el psiquiatra Sergio Arturo Escobedo, entre 3 y 10 por ciento de pacientes que acuden a consulta a una clínica psiquiátrica tienen este tipo de afectación.
En casos extremos, señala, también pueden padecer algún trastorno de la alimentación como anorexia, bulimia o trastorno por atracón.
El TOC de tipo perfeccionista se puede revertir con ayuda de psicoterapia y fármacos, para González Rueda, la psicoterapia cognitivo-conductual suele ser efectiva.
“Lo que hace es enseñarle a manejar su problema, consiste en que el paciente modifique su manera de pensar, aprende a autodirigirse”, aclaró González Rueda.
Serenidad y aceptación
La clave para que el perfeccionismo no sea fuente de insatisfacción reside en el arte de cultivar la serenidad y la aceptación. Y para ello es necesario que se den cuenta de que en su interior oyen una voz que los critica por todo lo que podrían hacer mejor. También han de tomar consciencia de las consecuencias que les está reportando seguir los dictados de dicha vocecita. Comprender que ellos no son ese juez interno tan exigente es el primer paso para recuperar el equilibrio perdido en su afán de ser perfectos.
Una práctica muy recomendable consiste en reírse de dicha vocecita cada vez que comience a resaltar lo que debería mejorarse. A la hora de concluir con alguna actividad, en vez de preguntarse si es intachable –lo cual nunca lo será a los ojos de un perfeccionista– pueden verificar si es “digna”, algo que sí está a su alcance. Más que nada porque el secreto de la serenidad consiste en aceptar cada situación tal y como es, en vez de esperar que sea como ellos quieren.
Al recuperar el contacto con la serenidad, los perfeccionistas asumen que los errores que cometen no son buenos ni malos, sino necesarios para aprender y evolucionar. También comprenden que todo es perfecto –incluidos ellos–, porque todo lo que sucede está en su proceso hacia la perfección. Que, por cierto, es invisible a los ojos. No tiene tanto que ver con los acontecimientos externos como con lo que uno siente por dentro al relacionarse consigo mismo.
En la medida que estas personas profundizan en aceptarse tal como son, comienzan a hacer lo mismo con los demás y sus circunstancias. Aceptar no es resignarse ni ser indiferente; es comprender que todo tiene su razón de ser y que de nada sirve luchar o tratar de cambiarlo. Lo paradójico es que cuando se aceptan de verdad, surge la transformación. Aparentemente nada ha cambiado. Pero al modificar su forma de mirar, cambia por completo su manera de vivir y de relacionarse. Y el único indicador fiable para saber si han conquistado dicha aceptación es la paz interior
ASÍ LO DIJO
“No hay nada de malo en desear hacer las cosas lo mejor posible; no hay nada de malo en fijarnos metas y lograrlas, pero tomar estos deseos saludables y empujarlos hasta el límite es diferente. Es perfeccionismo. Nos perjudica mental y físicamente”.
Miriam Adderholdt-Elliot ¿Eres Perfeccionista? Descubre lo Malo de Ser Demasiado Bueno
Aprender a cambiar
*LIBRO
“La aceptología”
Gerardo Schmedling (Editorial Unicomundo)
Texto basado en transcripciones de charlas de este filósofo colombiano sobre el poder de la aceptación, cuyo mensaje principal es que aquello que no somos capaces de aceptar es la única causa de nuestro sufrimiento.
*PELÍCULA
“La decisión más difícil”
Nick Cassavetes
Cameron Díaz interpreta a una madre que lucha desesperadamente contra la enfermedad terminal de su hija mayor, aquejada de leucemia. Al resistirse a aceptar la realidad, llega incluso a concebir a otra hija mediante ingeniería genética para salvarle la vida.