Trabajar como comerciantes no es una tarea sencilla, su jornada laboral comienza desde muy temprana hora y los resultados económicos pueden variar de forma positiva o negativa; pese a ello, Rafael Espinoza Jiménez ha dedicado toda su vida a ello.
Desde los ocho años inició como ayudante en el negocio familiar, cuando vendían ropa interior. Luego de varios giros, lleva dos décadas dedicado a la venta de telas.
“Iniciamos con un puesto muy pequeño, primero era ropa interior, luego vestido de niña y playera, cuatro años después ropa de hombre y así. Yo tenía 14 años cuando ya teníamos uno de tela.  Posteriormente hicimos cuatro negocios de tela para toda la familia a los largo de siete años”, recordó.
En compañía de su familia trabaja cinco días a la semana, labor que en el papel pareciera sencilla, sin embargo no es así. Ellos llegan al tianguis de Santa Ana desde las 4:30 horas para comenzar a instalar su negocio, durando por día casi cinco horas para tender y acomodar todas las telas.
Explicó que normalmente a las nueve de la mañana ya está listo el puesto y que en punto de las 14:00 horas termina la venta, pues comienzan a guardan para poder concluir a tiempo.

Se alenta el negocio
“Las ventas bajaron mucho, han disminuido hasta 70%”, declaró Rafael, quien sabe que su producto no es de primera necesidad.
“Todo se conjunta, lo que más daña es que el campesino gana poco y la gente de Estados Unidos manda menos dinero y cuando vienen traen menos para gastar. También las tiendas grandes dañan los pequeños comercios”, afirmó.

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