Hincado sobre el piso de “La Casa Bronca”, Alejandro, un muchacho de 19 años que viste jeans agujereados y camisa a cuadros, traza con plumones de colores la silueta de un caballo sobre la que se lee: “Si ya estás hasta el tronco, vota por ‘El Bronco’”.
En otra esquina del inmueble de techo alto, ubicado frente a una antigua plaza del Centro de Monterrey, una docena de jóvenes clavan retazos de tela en palos de escoba para convertirlos en banderas, mientras otros escriben en las ventanas la leyenda “Bronco X NL” con pintura blanca para zapatos.
Este lugar, una antigua agencia de autos en cuyos cristales todavía está grabada la marca Car One, es ahora el comité de campaña de Jaime Rodríguez, el primer candidato independiente a gobernador en la historia de Nuevo León.
A diferencia de las tradicionales casas de campaña de los partidos políticos, aquí no hay sillas, ni mesas, mucho menos cajas con playeras o artículos promocionales, ni siquiera calcomanías.
Con apenas ocho spots de televisión, 30 de radio y 383 mil pesos de financiamiento público para tres meses de campaña, “El Bronco” desafía al bipartidismo neoleonés y sus grandes financiamientos: 29 millones del PAN y 23 millones del PRI. Y basa su estrategia en dos factores incipientes en las campañas electorales en México: redes sociales y financiamiento ciudadano.
“Por dinero no se preocupen, cabrones… no hay”, bromea Rodríguez, un ex priísta de 57 años que usa botas, pantalones vaqueros y chalecos de piel, y cuya fama se disparó tras sobrevivir a un par de atentados como alcalde de García en 2011.
El pasado 17 de marzo, “El Bronco” anunció el lanzamiento de una plataforma digital sin precedente en México para que los ciudadanos puedan aportar recursos a su campaña con cargo a tarjeta de crédito, a través de depósitos bancarios o en tiendas de conveniencia.
Su meta es reunir alrededor de 40 millones de pesos por este medio.
“No va a ser una campaña de gasto, sino de creatividad, de voluntariado”, sostiene sentado en un sillón de vinipiel en la oficina de su comité.
Ante la falta de espacios en radio y televisión, Rodríguez enfoca su campaña a la promoción en redes sociales con spots en YouTube, publicidad en Facebook y una red de 27 mil 500 cibervoluntarios ubicados por secciones electorales con el objetivo de convencer al día a un promedio de cinco personas cada uno.
“Podemos tener en promedio 100 mil personas a las que podemos llegar a diario y pensar que le podemos dar tres veces la vuelta a todos los electores de Nuevo León”, calcula.
La lista nominal de Nuevo León es de 3 millones 560 mil electores y en la última elección votaron 1 millón 753 mil personas.
En las calles, 3 mil voluntarios más replicarán los mensajes tocando puertas, mientras que desde un “call center” se invitará vía telefónica a sumarse a la campaña.
“Podemos tener en un mes un millón y medio de personas visitadas para poder lograr en el porcentaje posible de electores un máximo de 800 mil votos. Ésa es nuestra meta”, dice el candidato, quien necesitará algo más de eso para ganar, pues, en 2009, el ahora gobernador, Rodrigo Medina, ganó la elección con 859 mil votos.
Parte de la estructura virtual de la que habla “El Bronco” ya operó hace unos meses, para conseguir 365 mil firmas, el triple de las 103 mil fijadas en la reforma electoral como requisito para quienes deseaban contender en la elección sin las siglas de un partido político.
Aunque representantes de partidos políticos evidenciaron que algunas de esas firmas estaban repetidas, y el PAN impugnó la falta de revisión ante el Tribunal Estatal Electoral, “El Bronco” obtuvo su registro, jactándose de haber gastado muy poco dinero para lograr las firmas de apoyo en poco más de un mes.
El autor de sus spots es Guillermo Rentería, publicista político con un estilo irreverente, quien ha trabajado cerca de candidatos panistas, principalmente en Baja California. Director de la agencia Memociones, Rentería se dio a conocer en 2007 con un spot en contra de Jorge Hank Rhon en Baja California y, en 2009, cobró fama con su “jingle” “Ea, ea, el PRI se tambalea”, que fue usado por candidatos del PAN en Sonora y Veracruz.
En el primer spot de la campaña de “El Bronco”, el actor Ausencio Cruz personifica a un réferi de lucha libre vendido que presenta una lucha inequitativa entre el bipartidismo, representado por el “Demonio PRImero” y “Averno de Sangre Azul”, contra el independiente, “Un Bronco sin Miedo”. El video se volvió viral y logró más de 13 mil “likes” en Facebook.
“Vamos a usar muchas cosas que no se han visto en campañas”, anticipa el candidato, “vamos a demostrar a los políticos que se puede hacer campaña sin tanto despilfarro de recursos. Vamos a aprovechar que hoy la tecnología es muy barata, es más económica que andar entregando cartitas de cumpleaños, o hacer trípticos o pendones”.
Hasta hoy, dice, su movimiento, que inició hace más de dos años, era financiado con aportaciones de 50 amigos, entre ellos comerciantes, agricultores y pequeños empresarios que junto con él aportan 20 mil pesos mensuales para renta de oficinas y gastos administrativos, pero ese presupuesto ya no es suficiente.
Aunque a estas alturas de la campaña, ya tiene con un equipo que opera sus cuentas de redes sociales, el teléfono de “El Bronco” -un Samsung Galaxy Note 2- no deja de vibrar. Entre sus simpatizantes su número circula sin restricciones y la mayoría de ellos eventualmente logra cruzar al menos un par de líneas con él por WhatsApp.
Es fácil saber que se trata del candidato cuando responde un chat, por los errores ortográficos.
En su cuenta de Twitter @JaimeRdzNL tiene 44 mil 300 seguidores y casi 300 mil simpatizantes en Facebook.
Su página, www.broncomania.mx, es un menú de opciones para interactuar con su campaña, no sólo viendo videos, fotos o discursos -como el resto de las campañas-, sino registrándose como donante o voluntario. Como en la campaña de Obama en 2008, el equipo Bronco opera con un sistema de rangos dentro de la red de ciberactivistas, y recompensas a quienes sumen donativos o aporten horas de activismo digital.
Del campo a la política

Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón nació el Día de los Inocentes, el 28 de diciembre de 1957, en el Ejido Pablillo, en Galeana, uno de los municipios más pobres de Nuevo León, a 205 kilómetros al sur de Monterrey.
Es el cuarto de una familia de agricultores que procreó 10 hijos, que crecieron entre tierras de cultivo y caballos.
Emigró a Monterrey a los 20 años, se graduó como ingeniero agrónomo por la UANL y se encontró con la política tras ser parte de un grupo de estudiantes que a finales de los 70 secuestró camiones para protestar contra el aumento a las tarifas decretado por el gobierno de Alfonso Martínez Domínguez.
Su personalidad arrebatada en la mesa de diálogo llamó la atención del entonces gobernador, quien lo invitó a sumarse al PRI y le ofreció trabajo como su mandadero. Ahí inició la carrera de este admirador de Emiliano Zapata que luego despuntaría como líder campesino, diputado local y federal, y alcalde, siempre identificado por el mote de “Bronco”.
“Me dicen “Bronco” por el caballo, no por peleonero. Yo nunca he peleado”, aclara Rodríguez, quien se ha casado tres veces y es padre de seis hijos.
La entrevista se realiza en su “cantina”, una antigua bodega de adobe y techo de madera con paredes forradas de botellas de tequila, fotografías de sus hijos y figuras de caballos, ubicada dentro de su rancho, en García, el municipio metropolitano que gobernó de 2009 a 2012.
Cada mañana, desde que era un muchacho, Rodríguez toma un “caballito” de tequila antes del desayuno, porque su padre le enseñó que así se limpia el alma y el cerebro.
“No me emborracho, me echo unos tequilas de vez en cuando, pero sin duda todos los días en la mañana es el tequilita, como si fuera café”, dice.
En sus 33 años como priista, Rodríguez tuvo una carrera de altibajos que incluyó cargos como secretario de Obras Públicas municipal, líder estatal de la Confederación Nacional Campesina y director de Concertación de Obras del Estado.
Tras advertir al final de su mandato como alcalde que sería candidato a la gubernatura con o sin el PRI y convertirse en un crítico del gobernador Rodrigo Medina, renunció a ese instituto político el 14 de septiembre de 2014 condenando la “partidocracia” y cuestionando, sin mencionar nombres, a quienes gobiernan y se sienten dueños del partido.
Aficionado al “Libro vaquero”, admite que no es un lector ávido, pero presume tener tres maestrías, dos diplomados y una especialidad en gobernanza, aunque en su currículum sólo aparece la carrera profesional y la especialidad cursada en Miami y Barcelona.
Cuando no está en un cargo público, Rodríguez se dedica de lleno a sus negocios como productor agrícola y criador de caballos.
En 2009, ganó la alcaldía de García, un municipio semirrural ubicado en la periferia de Monterrey y que muchos consideraban una base de operaciones para los Zetas.
Lo que muchos pensaron que sería el fin de su carrera política en un municipio alejado de los reflectores metropolitanos, se convirtió en la plataforma de su resurgimiento político.
Los atentados

La primera y única vez que “El Bronco” disparó un arma de fuego fue el 29 de marzo de 2011, el año más sangriento en la historia de Nuevo León, con un récord de 856 ejecuciones ligadas al crimen organizado.
Regresaba de un recorrido por obras públicas, cuando un convoy de 20 vehículos alineados en dos filas lo sorprendió junto con sus escoltas al salir de una curva en la solitaria Avenida Lincoln, al poniente de Monterrey.
Mientras hablaba por teléfono con una de sus hijas, vio a unos 40 hombres abrir fuego contra la pick up blanca con nivel de blindaje 7.
“Dije: ‘uta, ya nos cargó el diablo’”, recuerda Rodríguez, ataviado en una chamarra de cuero café y pantalón de mezclilla Levis 505 con corte para botas.
Después vino el repiqueteo de las balas contra el blindaje, el chirriar de los rines sobre el asfalto y la agonía de “El Suave”, uno de sus cinco escoltas, que cayó herido de muerte. Al otro lado de la línea, su hija escuchaba el alboroto.
“Mis recuerdos son de angustia, mucha; de miedo, mucho miedo”, narra “El Bronco”.
“No sé si le di a alguien, siento que sí, siento que no, ¿para qué te echo mentiras? Trato de recordarlo y es como una nube en mi mente, hasta que subo a “El Suave” (a la camioneta). Éramos seis contra todos, hasta que se nos acabaron las balas”.
“El Suave” murió, pero el blindaje y las maniobras de sus escoltas soportaron el embate.
Apenas un mes antes, “El Bronco” había sufrido un primer atentado cuando su camioneta fue emboscada por hombres que dispararon ráfagas de fusiles de asalto con un saldo de tres agresores abatidos por sus escoltas.
García, una antigua villa que nunca figuraba en la prensa por otra cosa que no fueran sus magníficas grutas, acaparó los reflectores nacionales e internacionales con la historia de su alcalde que libró dos atentados.
Una historia en la que se cuentan otros acercamientos con la muerte.
El 25 de octubre del 2009, días antes de tomar posesión como alcalde de García, tras varios días de búsqueda en la Sierra de Galeana, Rodríguez encontró el cuerpo de su primogénito de 22 años al fondo de un barranco junto a los restos de su Jeep. Rodríguez cree que, cuando se accidentó, alguien lo perseguía.
Dos semanas después, el 4 de noviembre, su secretario de Seguridad, el general brigadier del Ejército Juan Arturo Esparza, quien sería el encargado de depurar la policía municipal, fue ejecutado junto con cuatro escoltas.
La pérdida de su hijo, la muerte de su Secretario de Seguridad y los atentados constituyeron un parteaguas en su vida.
“Perder al que era mi único hijo varón fue muy impactante. Yo tenía una relación extraordinaria con él, era un joven sin vicios, sencillo”, recuerda bajando la mirada.
“Yo me hice una promesa cuando lo encontré muerto. En mi soledad con él, le hice y me hice una promesa y eso hizo cambiar mi mentalidad, ya no ser un hombre patrimonialista, ser más sensible”.
En los meses siguientes, “El Bronco” militarizó la policía de García con la contratación de ex soldados y divulgó abiertamente su número telefónico en eventos públicos exhortando a los habitantes a denunciar puntos de venta de drogas. Esto lo llevó a cerrar unas 250 “narcotienditas”.
“Entré a la administración muy sensible. Modifiqué mi actuar, quise cambiar las cosas en García y luego las cosas que pasaron (los atentados), el sentir que no iba a poder ver crecer a mis hijos, fueron un remate que me hizo ver la vida y la política de otra manera”.
Bautizado católico en su infancia, y evangélico tras el par de atentados, Rodríguez asegura que no es practicante de ninguna religión, sino un simple creyente de la existencia de Dios.
Al final de sus mítines en colonias populares, es común que alce el brazo derecho y pida a sus simpatizantes imitarlo mientras hace una breve oración en la que pide a Dios que ayude al municipio que visita y a Nuevo León.
“No soy fanático, hago siempre una oración pidiendo a Dios que nos cuide, punto. Nada más”, sostiene.
Después de los atentados, el capital político de Rodríguez se multiplicó.
Repentinamente se convirtió en uno de los críticos más severos del gobernador Rodrigo Medina –tal vez el único desde el interior del PRI–, a quien cuestionó públicamente su falta de liderazgo ante la crisis de inseguridad que azotó a Nuevo León la primera parte de su sexenio.
“Rodrigo es hoy un rico que no era rico”, señala Rodríguez. “Nuevo León está siendo conducido por “juniors” que creen que bailando y saliendo en la tele pueden resolver el problema.
“Se la pasan en Estados Unidos, en Boston, en Ohio, en Orlando, en Louisiana, en Las Vegas, cuando regresan a su Estado y lo ven feo y con problemas, se asustan”.
Al finalizar su gestión como alcalde, Rodríguez anunció que iría por la gubernatura en 2015, con el PRI o sin él.
Luego de cuatro años de los atentados, los asesinos del general Esparza ya fueron liberados tras una averiguación mal integrada.
Los sicarios que intentaron matar a Rodríguez –los pocos detenidos– fueron sentenciados a 10 y 14 años, lo mínimo establecido por la ley.
El homicidio de su escolta no fue castigado, porque el juez consideró que la función de los guardaespaldas es proteger la vida de los funcionarios y la muerte es parte del riesgo laboral.
‘Hacer historia’

La figura de “El Bronco” remite inevitablemente a Vicente Fox, el candidato descarado de botas que conectaba con el electorado y prometía resolver los grandes problemas del país en 15 minutos, y que como Presidente causó una gran decepción.
Pero él reniega de esa comparación.
“Yo traía botas antes que Fox, y tengo sombrero antes que muchos, y tengo caballos antes que cualquiera, y me dedico al campo de toda mi vida, siempre he vivido en un lugar como éste”, dice mientras acaricia a Tornado, un caballo negro en las caballerizas de su rústico predio al pie del Cerro de El Fraile.
“Soy norteño, irreverente a lo mejor, profano también; soy orgullosamente ranchero, y vine a la universidad a prepararme para hacer mejor las cosas, para tener mejores conocimientos y tener una familia que pueda salir adelante”.
En su última década en el tricolor, ++El Bronco++ estuvo ligado a Abel Guerra, el diputado federal y próspero desarrollador inmobiliario implicado en casos de corrupción, como la venta de un terreno por 15 millones de pesos a la administración municipal de su esposa, la ex alcaldesa de Escobedo, Clara Luz Flores.
Algunos de sus críticos afirman que su campaña está financiada por Guerra, quien, según esta versión, sería la mano que mece la cuna en caso de que Rodríguez ganara la elección.
“Hicimos alianza política en su momento cuando él fue precandidato del PRI a la gubernatura (en el 2003), eso es cierto, pero en este momento no tengo ninguna relación política con él”, enfatiza con el índice alzado.
“Es mi amigo, yo no niego a mis amigos, pero no tiene ni tendrá nada que ver en este proyecto”.
A cuatro años de haber sobrevivido a dos atentados y seis meses después de haber renunciado al PRI, Rodríguez está convencido de que su estrategia lo llevará a la victoria y sentará un precedente en la forma de hacer campaña en México.
“Primero dijeron: ‘no puede ser candidato’; después: ‘quiere negociar una alcaldía o una diputación federal’, ‘va a chantajear al PRI’, ‘no va a renunciar’; luego: ‘no va a juntar las firmas’. Hemos ido cumpliendo todo a pesar de que la Ley Electoral es totalmente injusta, y vamos a llegar hasta el final”, asegura.
“Yo podría estar haciendo lo que hacen todos los candidatos, vendiéndole esta posibilidad a cualquiera, pero no queremos tener compromisos con nadie. Mi propósito es hacer historia, no solamente ganar una elección”.

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