La presentación del libro sobre la vida del P. Jorge Vértiz Campero se convirtió en una ocasión para que aquellos que lo conocieron compartieran anécdotas, recuerdos y alegrías sobre la vida del educador.

El auditorio Francisco Xavier de la Universidad Iberoamericana León resultó insuficiente para contener tanto amor y tanta gratitud por parte de los exalumnos de la Ibero y el Lux, de distintas generaciones, que llegaron para rendir homenaje al maestro, el amigo, el líder.

Se encargaron de la presentación del documento la autora Valentina Torres Septién Torres; el empresario Hugo Villalobos González; el arquitecto, docente y amigo de muchas experiencias del padre Vértiz, Carlos Flores Montúfar y el anfitrión, P. Felipe Espinoza Torres S.J.rector de la UIA.

Un grupo de familiares, ocupó la primera fila del recinto donde se les ubicó para que una vez más, corroboraran lo que el padre Jorge Vértiz sembró entre generaciones enteras de integrantes de la comunidad ignaciana.

La autora comentó que el libro se dio tras los intentos de gente de buena voluntad de plasmar en papel una obra inagotable.

Flores Montúfar habló del impulsor que se encargaba de que las cosas se hicieran.

Hugo Villalobos comentó como ex alumno, el papel que Vértiz representó para generaciones de ignacianos y Felipe Espinoza, dijo que no conoció a través de su obra, destacó cómo el homenajeado se distinguió por ser un jesuita en toda la extensión de la palabra.

“Los jesuitas tenemos dos líneas que nos identifican: Una es el discernimiento. Quien ha sido formado por ignacianos sabe que se nos enseña a buscar la voluntad de Dios a través de elegir lo mejor. La otra, es la aplicación del “magis ignaciano”, que representa “lo más” que podamos dar. 

Jorge Vértiz Campero, SJ

  Nació el 30 de julio de 1922 en México, D.F.

  Sus padres fueron el arquitecto Salvador Vértiz Hornedoe Isabel Campero de Vértiz.

  Realizó sus estudios de primaria en el Instituto Franco Inglés entre 1930 y 1935.

  El 22 de enero de 1940 ingresó a la Compañía de Jesús y el 12 de marzo del mismo año inició su noviciado en el Ysleta, College, en El Paso, Texas.

  El 19 de marzo de 1942 recibió sus primeros votos de manos del P. Rafael Ramírez, S.J.  en el Ysleta, College.

  El 30 de julio de 1955 fue ordenado sacerdote en San Cugat de Vallés de Cataluña, España.

  Renovó votos el 15 de agosto de 1958 en San Ángel Ciudad de México y 29 años después lo haría en León, Guanajuato.

  Tuvo sus primeras experiencias en la docencia como profesor en el Instituto Libre de Filosofía en 1957.

  En una difícil coyuntura, en 1960 llegó a León el padre Jorge Vértiz, con el encargo de hacer los arreglos para que los padres jesuitas dejaran el Instituto Lux.

  Se volvió el principal actor de la permanencia del lUx en León.

  De 1960 a 1968 se desempeñó como rector del Instituto Lux.

  Apoyó proyectos como el Centro Cultural de León, A.C. La Normal Superior y el Instituto Jassá.

  En 1956 fundó el Centro Cultura de León, AC., posteriormente Federación de Escuelas Particulares de León.

  A él se deben los edificios del antiguo Lux  y la Universidad Iberoamericana León.

 

Los une recuerdo del P. Jorge Vértiz

Durante la presentación del libro de Jorge Vértiz en la Ibero, los asistentes narraron anécdotas inolvidables.

Lucha Rodríguez comentó: “El P. Vértiz estuvo en cada etapa importante de mi vida. Me dio mi Primera Comunión, estuvo en mis grandes eventos. Cuando estrenamos casa, le pedí que le diera la bendición a mi hogar y bromeando le señalé: ‘… pero démela con la buena’, a lo que él respondió: ‘sólo tengo de esas… bueno; una vez no. Un día bendije una pequeña plaza de toros y a los pocos días, le cayó un rayo y se derrumbó… pero sólo fue esa vez’, concluyó con su infaltable sonrisa”.

Benjamín Zermeño fue cercano al Padre Jorge Vértiz: “Me compartió muchas cosas, como cuando la Compañía de Jesús quería ceder el Lux a otras manos. Fue hasta Roma para tramitar que los jesuitas se quedaran con el Colegio. De ese viaje regresó con la consigna no sólo de conservarlo, sino de hacerlo más grande”.

Él tenía la virtud de hacer que las cosas sucedieran. Así lo recordó Alejandro Orozco quien platicó la anécdota de que cuando el sacerdote fue con el gobernador Juan José Torres Landa para pedirle los terrenos que luego ocupó el Lux “llegó con la firme convicción de que no le gustaba la figura de ‘donación’ porque cada cambio de gobierno, se corría el riesgo de que llegara alguien que pensara diferente y podría ponerse en riesgo la obra”.

Así, ante el Gobernador, el P. Vértiz dijo: “no quiero el terreno como donativo. Lo quiero comprar”. El recordado funcionario le cuestionó: “¿Con qué dinero me lo vas a pagar?”, a lo que confiadamente le respondió: “¡Pues con el donativo que tú me vas a hacer!”. En efecto, Torres Landa le extendió un cheque y ahí comenzó la nueva historia del Lux.

Tras los momentos de remembranza los asistentes disfrutaron un brindis de honor y pudieron adquirir el libro sobre la vida de este hombre extraordinario.

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