En una sociedad donde la infidelidad es algo de todos los días, la monogamia se ha vuelto más un ideal que una realidad.

Y lo mismo puede decirse de los animales monógamos. Hay algunos pocos que se mantienen fieles, pero las razones están muy lejos de ser románticas. Entender por qué la monogamia a veces funciona para los animales y por qué fracasa con tanta frecuencia puede decirnos cosas acerca de nuestras propias relaciones y el portal de bbc.com te presenta algunos ejemplos.

En la naturaleza la reproducción lo es todo: En el fondo, el objetivo de todas las criaturas es pasarle sus genes a su descendencia.

La monogamia es una de muchas estrategias: Pero hay dos presiones que llevan a los animales a aparearse con más libertad.

En segundo lugar, como apuntara el genetista inglés Angus John Bateman, hay una diferencia fundamental entre machos y hembras en materia de células sexuales. En pocas palabras, el esperma es más “barato” de producir que los huevos o los óvulos.

¿Copulan los animales por placer?

Esto significa que un macho típico tiene suficiente esperma a su disposición para fecundar a innumerables hembras, mientras que hay un punto en el que las hembras dejarán de producir más descendencia si se aparean con más machos.

Cuando esos factores se combinan, los dos sexos tienen incentivos para encontrar múltiples parejas. Como resultado, la monogamia sólo tiene sentido bajo circunstancias muy específicas, muchas de las cuales nos pueden resultar curiosamente familiares.

Si los miembros de una especie viven separados por grandes distancias, tenderán a tener una actitud de “ama a aquel con el que estás”. Formarán pareja con el primer candidato que puedan encontrar y se aferrarán a él.

Buenos padres

La otra razón fundamental por la que los animales optan por la monogamia tiene que ver con la crianza de los hijos.

Si una especie habita un ambiente lleno de peligros y carente de recursos, su descendencia enfrenta un gran riesgo de morir joven. En estas situaciones, “permanecer juntos por el bien de los niños” puede ayudar a asegurar que la progenie sobreviva hasta la adultez.

Esto fue lo que demostraron en 2010 Kyle Summer y sus colegas de la Universidad de East Carolina, en Estados Unidos. El equipo descubrió el primer anfibio monógamo: la rana venenosa imitadora.

No tan monógamos

Se estima que el 90% de las especies de aves son monógamas. Al menos en teoría.

Las historias de amor entre las especies aladas contienen más drama que la telenovela promedio, con ingredientes de esposos celosos, parejas infieles e hijos ilegítimos.

Hay dos tipos posibles de monogamia. La “monogamia social” se refiere a un macho y una hembra que están espacialmente juntos, que se aparean y cooperan en tareas como la crianza de los hijos.

Pero esto no significa necesariamente que no anden realengos. Esa es una exclusividad que se llama “monogamia sexual”, y es mucho menos frecuente.

Un observador cínico podría decir que muchas relaciones humanas no son más que un caso de monogamia social enmascarada como monogamia sexual. En este sentido tenemos mucho en común con los pájaros.

Por mucho tiempo los científicos creyeron que los lazos que exhibían las parejas de aves durante la temporada de apareamiento significaba que había una monogamia sexual.

Pero resultó que esto era una conclusión ingenua. Estudios genéticos y comportamentales han revelado un mundo de escándalo aviar lleno de azulejos infieles y cigüitas cornudas.

Estas andanzas reciben, en un delicioso eufemismo, el nombre de “copulaciones extra-pareja”. Y dan cuenta de hasta el 75% de la descendencia en una población. Incluso aves conocidas por su fidelidad se inclinan hacia la traición.

¿Y los mamíferos?

La razón es parcialmente psicológica. Por definición, la crianza de los hijos en el mundo de los mamíferos está dominada por las hembras, porque los alimentan directamente de sus mamas. Sin embargo, entre el 3 y el 5% de las especies de mamíferos practican la monogamia social, desde los murciélagos hasta los lobos.

Estos mamíferos maritales limitan el número de parejas con las que se juntan por diferentes razones.

Por ejemplo, los castores tienen que mantener sus diques al tiempo que cuidan de los hijos, así que se benefician enormemente del trabajo en equipo.

En cambio, el pequeño dicdic (o madoqua, una especie de antílope pequeño) no comparte el trabajo de crianza, pero aun así se mantiene dentro de relaciones exclusivas.

En un ambicioso estudio publicado en 2013, Tim Clutton-Brock y Dieter Lukas de la Universidad de Cambridge analizaron más de 2,500 especies de mamíferos, incluido el dicdic, concluyó que los machos sólo aceptan la monogamia si no pueden dominar a las hembras de la especie.

Si las hembras están muy dispersas, como en el caso de los dicdics -o el Schistosoma –, los machos harán una transición evolutiva de solteros empedernidos a esposos dedicados. Esto los ayuda a asegurar el éxito con al menos una integrante del sexo opuesto.

Hay otro grupo de mamíferos en el cual la monogamia social es más común.

Cerca del 27% de los primates -el grupo que incluye a los monos, los gorilas y los humanos- practica la monogamia social.

Para averiguar por qué, un equipo liderado por Kit Opie, del University College de Londres, estudió todas las especies de primates, y encontró que cada una tiene un sistema diferente de apareamiento.

Los investigadores mapearon estas conductas en un árbol evolutivo, para determinar su origen en el curso de la evolución. Los resultados son muy impresionantes.

El compartir las responsabilidades de crianza y una mayor disponibilidad de miembros femeninos de la especie se correlacionaron fuertemente con la monogamia.

Hay muchas sociedades en las que la monogamia no es la norma: algunos estiman que la cifra es de hasta el 83%.

Esto indica que el valor que le damos a la monogamia es más cultural que biológico. El estado “natural” de las relaciones humanas puede ser muy diferente.

Así que, ¿qué puede decirse del deseo humano por tener relaciones que duren toda la vida?

En el mundo animal, la monogamia en el sentido estricto de exclusividad sexual es mayormente un mito.Hasta donde sabemos, experimentan una emoción parecida al amor si tienen algún nivel de conciencia.

Quizás también sea cierto que los humanos no somos naturalmente monógamos. Pero si hay algo que nos hace humanos es que tratamos de actuar contra nuestros instintos cuando nos parece que es buena idea.

Simplemente porque los lazos que estimas tanto no sean más que el producto de un proceso evolutivo desprovisto de sentimientos, eso no significa que sean menos reales.

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