Cuando se viaja a Tailandia, una de las excursiones que incluyen casi todos los recorridos turísticos es la visita a uno de los poblados en los que viven las mujeres Padaung, más conocidas como las mujeres jirafa, que pertenecen a una etnia procedente del desierto de Gobi (Mongolia) que se desplazó a las montañas de Myanmar, la antigua Birmania.
Esas mujeres de cuellos imposibles coronadas con flores y telas de intensos colores, forman parte de la tribu Karenni, una de las minorías tibeto-birmanas del estado Shan que viven en la zona fronteriza cercana al río Pai; allí acabaron tras la opresión que los sucesivos regímenes birmanos ejercieron durante décadas.
El reasentamiento forzado, la encarcelación, la falta de representación política y la carencia del estatus de ciudadanía, entre otras violaciones de derechos humanos, han llevado a miles de karenni a instalarse en campos de concentración de la zona de Mae Hong Son, la provincia más occidental de Tailandia.
El proceso comienza a los cinco años, cuando se le empieza a colocar a la niña en su pequeño cuello los anillos de latón o bronce, originariamente de oro, que poco a poco van presionando la clavícula hacia la caja torácica. Una deformación que crea la ilusión óptica de un cuello más largo.