Los malos resultados llenaron el vaso de la impaciencia de la afición hacia Torrente. Las palabras del timonel en contra de los seguidores resultaron las gotas derramadas que ahora lo tienen fuera de La Fiera.
No me interesa lo que piense la afición, dijo. Esta frase del argentino dio la vuelta una y otra vez por todos los medios y en la que rechazaba el clamor general que pedía su destitución luego de otro descalabro en casa.
Lo cierto es que Torrente nunca entendió esta comunión que existe entre equipo y leoneses, siempre trató de defenderse con discursos cimentados en lodo para maquillar una realidad suya que todos veíamos era inverosímil.
Hubiera sido una pérdida de tiempo sostener un proyecto indefendible y aunque casi fuera a media noche, llegó lo que verdaderamente urgía, la decisión de la directiva de meter mano antes de ver totalmente hundido el barco esmeralda.
Metido en su temperamento, Torrente también denunció que algunos futbolistas del León le externaron su queja sobre la influencia de la afición hacia ellos cuando se juega de local. “Qué pinche presión tenemos acá en casa cuando jugamos”, según lo que manifestó Torrente al respecto.
Si es que efectivamente hubo jugadores que expresaron esto, todos estaremos de acuerdo que pueden acompañar a Torrente a donde sea que este vaya. Más claro, váyanse.
Porque puedo apostar que los gritos al unísono de ‘Fuera Torrente’ fueron de aquellos aficionados a los que en verdad les duele ver a su equipo así, metido en una mediocridad de derrotas en casa y lejos de una fisonomía de juego.
Llevo más de 20 años siguiendo periodísticamente al equipo León y no he visto un solo partido, uno solo, en el que falte el apoyo de la afición esmeralda al escucharse el silbatazo inicial.
He estado en otros estadios y son pocos en los que se percibe ese cariño y esa entrega que se manifiesta aquí de la afición hacia su equipo.
Ni siquiera en esos 10 años de infierno en la Primera A en los que, a diferencia de lo que fue el primer descenso en el que lucía el estadio vacío, los seguidores a La Fiera hacían de esta plaza una de las mejores en entradas, inclusive por encima de equipos del máximo circuito.
Esta afición esmeralda ha estado eufórica en los momentos de gloria y derramado lágrimas en los fracasos, pero siempre presente aún a pesar de técnicos como el que ahora sale.
En este sentido, también la exigencia es parte del amor a un equipo y si la afición leonesa reclama, es porque está consciente que este club es diferente. Ya se ha expresado una y otra vez, los colores verde y blanco son parte de un sentimiento por esta ciudad.
La actual directiva esmeralda ha prometido sacar a flote al equipo, tomar las mejores decisiones que devuelvan el protagonismo y sobre todo, regresarle a El Glorioso la otrora fortaleza que presumía y que deje de ser un cheque en blanco para cualquiera que venga.
Cumplan estas promesas porque es cierto cuando afirman que este León tiene mucho orgullo.
Señores, a esta afición se le respeta.
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