En octubre del 2009 publicaba aquí, la tremenda historia y pánico sobre el H1N1 (la segunda en enero del 2014 sobre la temida influenza). Esta enfermedad, como fue la del cólera, descrita ésta en la chulada de novela del gran escritor colombiano Gabriel García Márquez (“El amor en los tiempos del cólera”) y que narra la vida de tres personajes entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX en la ciudad costera de Cartagena (Colombia) cerca de la comarca del Río Magdalena, que entrelazan sus vidas a pesar de la cercanía de la muerte por esa enfermedad.
Esta semana se anunció la llegada del “coronavirus” a México; las redes sociales ya dan cuenta de estadísticas oficiales sobre los muertos en el mundo y los contagiados en México y se crea una cadena de alarmas. Recordemos que estas fechas la influenza estacional hace que los hospitales públicos y privados incrementen el número de enfermos; es lo normal. Pero al igual que en la crisis del H1N1 en el 2009 y la influenza en el 2014, estamos en el fin de semana de incrementar los nervios y la incertidumbre, cuando en las anteriores crisis, pues subirá la temperatura y los eventos provocados por el frío disminuirán.
Recordemos la crisis del 2009 cuando circulaban numerosos videos en internet que intentaban explicar el fenómeno de la influenza como un enorme negocio de las grandes trasnacionales farmacéuticas para crear mercados en sus “clientes”: los organismos enfermos. Esos análisis tenían mucha lógica, pues asociaban a altos funcionarios del gobierno norteamericano como accionistas de los grandes laboratorios que patentaron entre otros el Tamiflu, antibiótico comercializado en cantidades millonarias para el control de epidemias y de nuevos desarrollos tecnológicos contra la influenza AH1N1.
Esos análisis se centran en el pánico creado entre los espantados ciudadanos cuando la fiebre aviar, el dengue, después la influenza en todas sus modalidades y ahora el “coronavirus” se presentan como el nuevo azote de la humanidad, creando sobre todo en las clases altas y medias, un mercado consumidor ávido de medicamentos para buscar salvar el pellejo. Otra versión, es que constituyeron “cortinas de humo” para desviar la atención ciudadana en plena crisis económica provocada por la contracción económica del País del norte en el 2009.
Sucede nuevamente con el “coronavirus”. Muchos videos de internet, analizan el fondo económico de las enfermedades: generan un mercado que se concentra en los consumidores de alto ingreso, pues los menos ya pagan vacunas en hospitales privados, mientras que los más no tienen otra alternativa que esperar que el gobierno les pueda también suministrar algunas dosis de medicamentos. El Presidente mismo, ha declarado que se hicieron gastos innecesarios en el pasado y que debemos tener calma frente a la crisis mundial.
Es cierto que ha sido enorme, la derrama económica que nuestro País transfiere en esas sangrías que -junto a la deuda externa, las utilidades de los bancos extranjeros, las regalías de patentes, las compras de productos extranjeros-, se envían a otros países donde se generaron las patentes de los fármacos que curan. En la lógica capitalista, las enfermedades son ahora un nuevo y jugoso negocio que seguirá empobreciendo a los Países que no tienen patentes y enriqueciendo a quienes las generan.
Opino que son tiempos de no alarmarnos; el presidente AMLO mismo, ha relativizado el problema. Son tiempos de recordar la importancia de cuidarnos. Las incertidumbres y el pánico tienen efectos económicos negativos. Quedan solo dos semanas de temperatura baja y nos serán cercanos los resfríos, las bronquitis, las fiebres y para algunos, la influenza estacional y esperamos que a los menos, el “coronavirus”. Las enfermedades aumentan las barreras entre clases sociales y también entre personas, pues crean distancias entre personas; crean suspicacias y rechazos y hasta desprecio hacia quienes veamos enfermos y que podrían contagiarnos.
Puede quedar en el aire la pregunta sobre el verdadero tamaño del problema y el costo financiero que deberemos pagar para prevenir. Por lo pronto, ya es un nuevo distractor para el País; nos olvidaremos unos días de la crisis financiera de Pemex, del nombramiento de nuevos Consejeros del INE, de los feminicidios, todo para distraernos de nuestros problemas con el miedo al contagio, aunque éste sea probabilísticamente, muy lejano.