La policromía da una característica ubicante a nuestro conocimiento por todo lo largo y ancho del universo que moramos. Siendo el color una interpretación que ojos y cerebro de cualquier ente hace sobre objetos que reciben luz, se llega a deducir que puede haber en la visión comunal una multiplicidad de variantes perceptivas que, desde luego, en una mayoría, influencian el sentido entre las sutiles y tenues tonalidades de lo que se aprecia. Pero el color siempre está ahí, y cada uno de nosotros lo vemos a nuestra manera como un instante definido y absoluto al pigmentarse, por iluminación, un objeto frente a nuestro sentido visual. Usted, estimado lector, coincidirá conmigo en lo siguiente: la sutileza de un amanecer de un día y otro, en color, es casi imperceptible y, sin embargo, entre ver salir el sol de ayer y ver salir el sol de ahora, bien podríamos concluir que el sol y nosotros ya no somos los mismos. De modo es que, entre una mínima diferencia vital de veinticuatro horas, cabe la factibilidad de observar colores panorámicos y celestes con delgadas diferencias que se presentan en medio de algunas inconciencias emocionales.
Y en relación con el color llegan a aparecer también ocurrencias humanas de subjetivas pigmentaciones. Se emplean, metafóricamente, tintes imaginarios como calificativos de asuntos relacionados con lo que alrededor del mundo se manifiesta escribiendo. La nota roja, por ejemplo: sabemos que es un género de periodismo que se centra en acontecimientos ligados con violencia física como el crimen, los accidentes y los desastres naturales. El amarillismo es un tipo de escritura que da razón de noticias con titulares llamativos, escandalosos o exagerados que, claro, suelen tener un sustento de información preciso. La literatura negra caracterizada por lo obscuro de sus personajes y los escenarios en donde transcurre. También se gana familiaridad con narrativas más amables y cordiales identificadas por los colores blanco y rosa.
Habrá que reconocer que la diversidad de colores siderales y sus proximidades al vulgo podrán estar en la cercanía nuestra en la brevedad de sólo los contados días terrenales. Por ello, psicológicamente, es útil saber que el color es capaz de estimular o deprimir los sentimientos de alegría o tristeza. Se sabe también que sus influencias pueden despertar acciones activas o pasivas y que en su mundo cromático pueden favorecerse sensaciones térmicas de frío o de calor, orden o desorden, angustia u obsesión. Vamos, parece ser, pues, que cada individuo debe tener con plenitud consciente la etérea atmósfera terráquea del color.
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