Disfrutando de cortos espacios familiares de vacación estuvimos, por la bondad del Señor, visitando la siempre hermosa ciudad de Guanajuato desde nuestras relativas proximidades domiciliares. Obligado fue estar en el Jardín de la Unión, en la Universidad de Guanajuato y otras muchas partes admiradas. No faltó, por supuesto, una visita al muy digno Museo Diego Rivera que ahora me lleva a una reflexión respetuosa y personal. Parto de decir que una cita de Oscar Wilde menciona lo siguiente: “Una de obra de arte es el resultado singular de un temperamento único; y su belleza se debe al hecho de que el autor es lo que es”. El museo citado en su antesala tiene a la vista del asistente un poster cubista de Rivera titulado: “Fusilero marino”, sencillamente sensacional y extraordinario. Esa obra apareció en lo que fue su estadía europea allá por el año de 1914, bajo la sombra del vanguardismo pictórico, por de supuesto, anterior a la mayor muestra nacionalista de su trabajo exhibido entre muros y lienzos nacionales.  

No puedo sustraer mi admiración por “La vendedora de alcatraces” y otras muchas obras de Rivera; sin embargo, pienso que la vuelta al país del gran Diego le llevó a extraviar una universalidad que ya en Europa había ganado con la excelsitud de su trabajo. Acá, claro, se pudiera pensar que, distante de una espiritualidad artística libre le sobrevino una manifestación sociopolítica de estruendo que le inspiro otra variante de su más alto respeto. Y bueno, con una gran admiración, me queda en la mente pensar que la impresión sobre su obra posterior nos arrimó hasta lo llamado caricaturesco que emanaba de sus emotivos y policromos abigarramientos producidos en el pensamiento y eternizados desde las cerdas de su pincel. Cierto y fácil resulta reconocer la diferencia de estilo que Diego llegó a mostrar delante de los otros dos grandes muralistas mexicanos de su tiempo: Orozco y Siqueiros, también, enormes y dignos ciudadanos patrios.

Sabiendo que los dimes y diretes forman parte esencial del espectacular y esperado chisme mexicano, anoto lo siguiente: Salvador Novo, en un libro de editorial Diana que ostenta el título de “Sátira”, escribe en una sección que llamó él: “La diegada”, lo siguiente: “La diestra mano sin querer se ha herido/el berrendo del muro decorado, /y por primera vez tiene vendado/lo que antes tuvo nada más vendido”.

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