Sacerdote, emprendedor, multimillonario y monstruo, Marcial Maciel fue todopoderoso gracias a una red de complicidades. Una de las historias más negras de la Iglesia Católica será contada en una serie-documental de HBO a partir de hoy.
Pasó mucho tiempo para ahondar en la pantalla lo que fue una vida doble o triple, lo que fue la historia de un abusador serial, un promotor de la educación, un forjador de escuelas y universidades, un generador de vocaciones para la Iglesia Católica. Qué decir de un productor de utilidades en todos sus emprendimientos que parte terminaban en los cofres del Vaticano.
La vida de Maciel tocó a muchos para profundizar en su fe, para colaborar en la construcción de “manos amigas” que ayudaban con educación a los necesitados; a otros los tocó literalmente con su cuerpo para destrozar su destino.
Ocho exlegionarios formalizaron la denuncia en contra de Maciel en 1997 cuando el Papa Juan Pablo II lo quiso nombrar “apóstol de la Juventud” y ejemplo de virtud. Las denuncias no habían sido atendidas por la curia romana, cuando las víctimas contaron al periódico norteamericano “The Hartford Courant” de Connecticut, el crimen de abuso del que habían sido víctimas. En el mundo y en México comenzó la duda sobre la presunta “santidad” del que fuera nombrado “nuestro padre”.
En esos días, Ciro Gómez Leyva difundió la noticia con gran valor y a pesar del boicot publicitario que sufrió el Canal 40 por parte de anunciantes como Bimbo o de personajes como Alfonso Romo, que defendían a toda costa al sacerdote. También La Jornada (cuando era independiente) publicó la información. Los demás canales y medios impresos se abstuvieron de investigar los hechos. Una tacha. Suponemos que la presión de la élite alrededor de la orden era demasiado grande para que Televisa y otros se autocensuraran. Proceso, de quien AM retomó la información, publicó a fondo las tropelías de Maciel. Entonces era un tabú hablar de la pederastia en la Iglesia.
Fue un shock para la “Legión”. Defendían a su líder y mostraban documentos que pretendían mostrar que todo era un “complot”. Sacerdotes de León quisieron hacer la defensa de Maciel en AM con esos argumentos. Era una locura pensar que ocho exlegionarios tuvieran el valor de calumniar a Maciel por consignas externas. Su denuncia no solo tenía un gran valor, sino que era indispensable para que el Vaticano cambiara.
Los legionarios sabían que era cierto lo que hacía Maciel y sabían que sabíamos que era indudable la palabra de Félix Alarcón, José Antonio Pérez Olvera, Fernando Pérez Olvera, Juan José Vaca, Saúl Barrales, Alejandro Espinoza, Arturo Jurado y José Barba, todos ellos víctimas del legionario.
La fe ciega y la obediencia de los miembros de la Legión los hacía vivir en la negación, sobre todo porque el Vaticano seguía respaldando a quien tanto le había servido. Los números de la sede romana son inaccesibles, pero era sabido que Maciel no solo apoyaba sus arcas, sino también a algunos de los miembros de la curia que gustaban vivir como las cúpulas de Morena: a todo lujo y en los mejores lugares.
Aunque los retratos de Maciel -a quien no dudaban en querer canonizar sus seguidores- ya no estén como antes en las instituciones que fundó; aunque tengan esa memoria terrible sobre una Iglesia que nunca quiso escuchar, hoy las escuelas e instituciones de “La Legión” siguen adelante en su tarea de formación católica y profesional. Un demonio las concibió, fundó, nutrió, las hizo crecer y dejó como legado para muchas generaciones. Veamos cómo lo cuentan en la serie documental.