“Los líderes le dan forma al mundo a partir de lo que tienen adentro”.
Alberto Lederman
Pasaron más de 25 años desde que un grupo de ciudadanos y periodistas buscamos la transparencia en las cuentas públicas del país. Fue poco antes de la alternancia. Miguel Treviño, neoleonés cercano al Grupo Reforma, trabajó durante años para que el sueño de una apertura gubernamental se hiciera realidad. Tomábamos ejemplos de leyes de otros países, como la FOIA (Freedom of Information Act) de los Estados Unidos. Contábamos con el apoyo de instituciones como la Sociedad Interamericana de Prensa.
Personas de Acción Nacional ayudaban, convencidas de los beneficios que traería recuperar el derecho a saber qué sucede con los recursos públicos, los documentos, los contratos y toda la información producida por los tres niveles de gobierno y los tres poderes. Uno de ellos era Carlos Arce Macías. Con el tiempo, el derecho a la información pública se convirtió en ley. El presidente Vicente Fox fue el primer mandatario en brindar apoyo sin reservas.
Ese recuerdo surge porque Miguel Treviño acude a León para platicarnos sobre su experiencia como alcalde de San Pedro Garza García, el municipio más rico de Latinoamérica. Presidencia conquistada desde una candidatura independiente, con todas las apuestas en su contra. El PAN, que había gobernado esa “joya de la corona” durante 30 años, nunca imaginó que un grupo de ciudadanos interesados y con una propuesta distinta pudiera ganar la elección. No contaban con la capacidad de un sampetrino, muy preparado, con dos maestrías en el extranjero y una fuerza de carácter imbatible.
Treviño tuvo la magnífica idea de narrar su aventura política y su gestión de 6 años en un libro titulado “Contracorriente”. Un texto que se debe leer no solo una vez, sino dos o tres veces, para aprender mucho sobre, por lo menos, tres cosas: primero, cómo establecer una visión política para una ciudad; segundo, cómo organizar un equipo de trabajo para lograr las metas; y tercero, cómo involucrar a la ciudadanía en el empeño. Por si fuera poco, Treviño nos muestra metodologías de trabajo aplicables tanto a la vida personal como a las organizaciones, independientemente de los objetivos. Luego de leerlo, comenté en familia que sería una lectura obligatoria para todos porque Treviño tiene algo que a veces falta a quienes presiden un ayuntamiento o dirigen una empresa: enfoque, método y determinación.
Treviño cree firmemente que los jóvenes deben involucrarse en política. Es el arma más poderosa para mejorar la vida de los ciudadanos. A su educación superior, sumó la práctica y el consejo de gobernantes exitosos como Sergio Fajardo, quien transformó Medellín de ser la capital del crimen mundial en una metrópoli más próspera, justa y pacífica. Él escribe el prólogo de “Contracorriente”.
Cuando Treviño gobernaba San Pedro, tuvimos la oportunidad de ver de cerca la transformación de su ciudad, no solo en lo material, sino también en la creación de una nueva cultura cívica. Además, aporta ideas novedosas para cumplir metas como la ingeniería en reversa para concluir obras (rutas críticas). O las rutinas de seguimiento de los problemas de seguridad. Recuerdo sus reuniones semanales en las que los jefes y comandantes de policía revisaban problemas y planteaban soluciones. Una total inmersión.
Necesitaría muchas palabras más para describir la academia de policía que construyó, la más moderna del país, o el rescate de parques y jardines, o la transformación de los centros públicos de reunión. La prioridad para los peatones y el rescate del centro histórico. Lo más valioso de todo en “Contracorriente” es mostrar al país que se puede gobernar con honestidad, con menos burocracia y sin sucumbir ante los intereses inmobiliarios, en el municipio donde la tierra es la más cara del país. Ser alcalde independiente fue un gran reto, pero tuvo la ventaja de no depender del abordaje tradicional de los partidos a puestos y a presupuestos.
Seguiremos comentando.