Cambiar a Irán sería el mayor logro de Donald Trump. Con Venezuela empezó la transformación de una sociedad “bolivariana” de 25 millones de habitantes, gobernada por un gorila dictador a un país que avance a la libertad y a contar con instituciones democráticas. Será obra de gente como María Corina Machado y de la mayoría, a quienes el chavismo les robó la elección.
Viene Cuba detrás, con sus 8 millones de habitantes (eran 11 millones hace 5 años). El dictador Miguel Díaz-Canel, perturbado por sus dogmas castristas y por temor a dejar el poder, aún se resiste a negociar una salida con Estados Unidos y su presidente. ¿Por qué con EE.UU? Simple: millones de exiliados cubanos y sus descendientes, quieren ver a Cuba libre.
Irán tiene unos 90 millones de habitantes que viven con un pie en el siglo XIV y otro en el XXI. Gobernados por el islamismo radical, pero con una larga tradición cultural, los iraníes sufren a un dictador fanático, un ayatolá que pretende gobernar por decreto divino. Al inicio de la semana, Alí Jamenei amenazó a los manifestantes con que se enfrentarían a la “ira de Dios” si seguían con su rebeldía. Algo tan cierto como el “detente” que usó López Obrador contra el Covid.
Los iraníes, cansados de la inflación, el desempleo y las leyes de la sharía, quieren, junto con las mujeres oprimidas y discriminadas, dejar atrás ese siglo XIV para convertirse en un país moderno, al estilo occidental. Su líder, considerado un emisario divino, solo tiene en mente destruir a Israel, al “gran Satán”, al precio que cueste. Por eso construye bombas nucleares, patrocina al grupo terrorista Hamás y aporta recursos a los rebeldes hutíes de Yemen.
Alí Jamenei ahora enfrenta la “furia de Trump”, quien impuso aranceles del 25% a todos los países que comercien con el pueblo heredero de los persas. Aunque parezca irrisoria la amenaza de convocar la furia divina para cobrar cuentas a los infieles del régimen teocrático, la locura del ayatolá Jamenei es tan real como las armas de sus guardias especiales. Según información de agencias de noticias, más de 600 ciudadanos fueron asesinados durante las manifestaciones. El periódico Le Monde, de Francia, registró el posible asesinato de 5 mil o 6 mil personas, embolsadas sin identificar.
Cierto que a Trump, desde su silla en el poderoso Olimpo de la Casa Blanca, poco le importa la libertad de un pueblo sometido o su absurda teocracia. La meta es la dominación global. Irán está asociado a Rusia y es proveedor de petróleo de China. El régimen islámico se agotó porque quiere imponer una forma de vida imposible. En su infeliz intento, el país se parece a Venezuela y a Cuba. Los tiranos quieren imponer dogmas políticos o religiosos a los ciudadanos de la era más liberal y secular de la historia. El modelo llega a su fin.
¿Qué persigue el anciano Trump en México? No vivimos en una dictadura, pero muchos en la 4T quisieran tenerla. Ni siquiera creemos que su lucha sea solo contra el fentanilo producido aquí. Debe existir una enorme red de distribución en Estados Unidos. Podría perseguir a los “terroristas” en su territorio. Frank Bruni, columnista del The New York Times, escribe que el problema de Trump es el tiempo. La vida y la energía se le van, como se le fueron a Joe Biden. Quiere comprimir 10 decisiones en días en los que solo caben 5. Ahora nadie duda de que querrá doblegar al ayatolá Ali Jamenei. Para muchos sería un héroe si logra destronar a quienes se sienten representantes de Alá en la tierra.
Aviso: Mañana no se publica Perspectiva. Se reanuda el jueves 15 de enero.