Con el anuncio de la construcción del nuevo edificio corporativo del Banco del Bajío, puede darse una nueva etapa de crecimiento a la economía local. Con apenas tres décadas de edad, el banco se ha convertido en una de las empresas más importantes de la región. El Banbajío es un verdadero tractor de empresas. 

Una institución sana, bien administrada y muy rentable facilita la aportación de recursos para la inversión y el crecimiento. La banca es un invento genial no muy bien comprendido. Su poder radica en hacer realidad proyectos, extender la mano a quienes necesitan apoyo y resguardar y acrecentar el valor de las inversiones de sus depositantes y accionistas.  Es la nodriza de las empresas y mucho más. 

Materializar en un edificio icónico lo que significa la institución es una magnífica idea, además de la posibilidad de crecer con amplitud de espacio y de miras. Por el tamaño del inmueble, su modernidad y su tecnología, creemos que su inversión final puede superar los 3.5 mil millones de pesos. Comparada con el valor de capitalización de unos 63 mil millones de pesos en la Bolsa de Valores, la construcción del nuevo corporativo es una necesidad y, por qué no decirlo, una muestra de confianza en el país. 

Tenemos muchas noticias adversas en diversos sectores. Las exportaciones dependen del humor del presidente Donald Trump; la justicia y el estado de derecho estarán en manos de inexpertos y el escaso crecimiento de los últimos años podría detener el ánimo de los inversionistas del banco. Sin embargo, la extraordinaria ejecución que ha tenido la institución durante los últimos años, incluida la pandemia, es el mejor indicador de que la familia Oñate (que representa la mayor minoría), sus ejecutivos y socios, saben lo que hacen. 

Los buenos resultados de un banco indican que la gran mayoría de las empresas acreditadas también lo son. No puede haber banca sana sin empresas (clientes) prósperas, sin la enjundia de miles de empresarios que arriesgan su patrimonio y su trabajo para crecer y generar valor. 

El edificio, que ojalá llevara el nombre de don Salvador Oñate, es un faro para el empresariado leonés. Si eso se pudo construir en tan poco tiempo, quiere decir que en nuestra ciudad pueden florecer inversiones pequeñas que luego se conviertan en empresas donde trabajan miles de personas. En León tenemos casos de éxito geométrico, como las empresas del Grupo Reyma, Castores, Flexi y el propio Grupo Soni, el mayor distribuidor de gas del país. 

Lo que sigue para la banca nacional es la expansión y la preparación para una competencia internacional que ya llegó y llegará. Bancos como el brasileño NU o el inglés Revolut. Empresas que quieren brincar con instalaciones tradicionales y proyectos digitales. Los medios de pago también cambiarán y, poco a poco, el uso de efectivo se tendrá que restringir para impedir que la economía informal crezca.

México es un país de baja penetración bancaria o bancarización, como dicen los expertos. Hay mucho terreno por recorrer para salirnos del crédito al consumo excesivamente caro y mejorar los sistemas de cobro mediante leyes más eficientes, que ayudarían a bajar las tasas de interés. 

En México solo el 55% de los adultos tienen una cuenta bancaria, en Chile el 87%, en Brasil el 85% y en Argentina (que siempre es un relajo) el 70%. Estos datos pudieron cambiar debido a la penetración de la nueva banca digital. Seguro que el Banco del Bajío aprovechará el mercado y seguirá siendo una gran palanca de desarrollo y generación de valor.

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