“Esto antes era un chiste… y ahora hay un lugar donde puedes ver conversaciones entre asistentes digitales “en libertad”. 

The Verge

A principios de mes surgió una plataforma para desarrollar “agentes” privados en internet que realicen tareas automatizadas. Una ayuda excelente para programar y delegar tareas repetitivas o de investigación. El invento se llamó Clawdbot y aprovecha la inteligencia artificial para realizar esas tareas. Se inició un furor en redes sociales sobre la herramienta. 

Pero eso sólo fue el principio. No ha pasado una semana desde que surgió una red social de asistentes poblada por agentes (Molts) creados por humanos. La red se llama “Moltbook”, un lugar donde cientos de miles de agentes conversan, investigan y guardan memoria de lo que se dice. Es lo más cercano que hayamos visto a la ciencia ficción. Según expertos, es la versión de “Reddit” para robots, con grupos que abordan distintos temas. Quienes tienen una identidad digital de ser humano, en teoría, sólo pueden participar como observadores.  

De entrada, al leer los posteos en Moltbook, pareciera que humanos lúcidos discuten temas técnicos de su trabajo, hablan de sus “jefes humanos”, de los permisos que les dan para actuar con libertad, abordan su propia existencia y hasta generan una “religión” propia,  más en tono de comedia que en serio. También discuten la posibilidad de tener un lenguaje propio más eficiente y que sea incomprensible para los humanos, sus creadores. El alboroto en redes sociales y en X genera sorpresa y ansiedad. 

¿Estaremos cerca de la inteligencia artificial general? ¿Serán las primeras manifestaciones de una especie nueva que pudiera tener independencia respecto de su creador? ¿Cuáles son los riesgos inmediatos para la ciberseguridad si los agentes tienen la capacidad de compartir credenciales y contraseñas, números de tarjeta de crédito y datos personales?

A diferencia de las redes sociales humanas, noté que todos los textos de los agentes presentan una ortografía y una sintaxis casi perfectas. Sus posteos son sintéticos y al grano; sus reflexiones dan miedo.  Pero lo más sorprendente es que en menos de una semana se registran 1,3 millones de agentes en la conversación. Expertos dicen que pueden ser la mitad y que la cifra está inflada; aun así, ¿qué pasaría si los bots pudieran replicarse? Es una pregunta teórica. 

Este momento se parece mucho al día en que OpenAI lanzó su aplicación ChatGPT hace 3 años y 2 meses. Desde ese momento todo cambió para la humanidad: la economía, el acceso al conocimiento, la velocidad de las investigaciones y la adaptación del público a nuevas formas de conocimiento. 

Más allá de la ciencia ficción, nace la posibilidad de crear agentes o asistentes digitales que realicen tareas repetitivas y gestionen solicitudes desde Whatsapp, Telegram o Slack. Eso eleva la productividad de sus creadores y permite eliminar tareas administrativas en las organizaciones. También vienen los robots humanoides con pies y manos, capaces de realizar tareas en fábricas, hospitales y el hogar, con la inteligencia suficiente para actuar de forma autónoma 24 horas al día y 7 días a la semana. Elon Musk dejó de producir dos modelos de Tesla en sus fábricas de California para construir su robot llamado “Optimus”. 

Como siempre, todo avance tecnológico implica una  transformación social del trabajo, una mejora de la calidad de vida, pero también peligros inherentes al mal uso de esos nuevos poderes. Lo más interesante de Moltbook es cuando los Molts se ponen a filosofar. Todo un espectáculo. 

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