Alegría, miedo, dolor, ánimo, sororidad, rabia, contentura, valor, cansancio, frustración, empoderamiento, pasión, compañía, coraje, llanto, ternura, risas.
En una marcha del 8M se viven muchas emociones y la diversidad y creatividad de modos para expresar dicha emotividad es muy cautivadora por que permite ver que provienen de experiencias y contextos sociales igualmente diversos.
Hago el recuento de emociones porque es común que en la cobertura de las marchas del 8M se resalte, en mi opinión desproporcionadamente, una sola de esas emociones y expresiones que es la rabia y su resultado en pintas de monumentos históricos o arquitectónicos y destrozos en infraestructuras útiles para la vida cotidiana como los paraderos del transporte público.
Ayer, como en los últimos años, cuando voy a marchar y brincotear y gritar consignas y saludar amigas y hacerme una con un movimiento mayor, siento rechazo al tipo de expresiones que fastidian los bienes comunes. Incluso, cuando en la marcha, los contingentes gritan “sí son formas” o “esas morras sí me representan” yo suelo hacer silencio y continuar la marcha deseando que esas imágenes no vayan a jalonear injustamente la cobertura o recuerdos que una va recogiendo de estas horas tan potentes y energéticas.
Pero vuelve a ocurrir. Y no tengo reproches que hacer a las chicas enfundadas en negro que probablemente es el único momento y lugar para poner fuera de si, la rabia de haber sido víctimas o testigas directas de violencias extremas pero más comunes de lo que imaginamos.
Mi reproche es para las autoridades locales que se repliegan y hacen el vacío como para ocasionar que esa rabia salga cada vez más explosiva y se potencie con la anonimidad y masividad que se logra en la marcha.
Se repliegan para facilitar que los destrozos, así duren poco y sean más o menos fácil restaurarlos, ganen notoriedad por su estridencia y quiten protagonismo a las fuertes denuncias que están en múltiples pancartas que desfilan pacíficamente en la misma marcha.
Ayer, por ejemplo, justo cuando la marcha hizo una pausa por un “código amarillo” y me tocó parar frente a uno de los paraderos de la oruga afectado, estaba a un lado de una madre y su hija adolescente tomadas del brazo con fuerza, parecían asustadas, no gritaban consignas pero sostenían una pancarta con la foto y datos de un acusado de violencia sexual con el número de expediente penal; su cartulina rogaba ejecutar la orden de aprehensión en contra ese sujeto. Pensé en cuanta fuerza y valor hay que juntar para salir a una marcha a pedir acción de las autoridades por los cauces en casos así.
En días pasados se hizo una cierta mofa de la idea ejecutada por el Municipio de León porque colocó una lámina vestida de vinilo para proteger el portón y ventanas del palacio municipal. También hay personas que critican que la fuente de los leones se le pongan vallas metálicas altas para proteger el monumento. Yo lo veo bien, como una respuesta algo novedosa pero insuficiente por dos cosas:
Las vallas físicas protegen lo físico pero confirman el vacío, el muro silencioso de la autoridad que no quiere recibir reclamos; qué distinto sería si la Presidenta municipal dijera que todas la denuncias que se peguen en dicho muro tendrían una atención extraordinaria, porque muchas mujeres en la marcha hacen pegas y pintas con nombres o expendientes (casos penales, pensión alimenticia, contextos escolares con violencia) concretos que no avanzan, que no logran asesoría legal o cauces de gestión efectiva.
La segunda razón por la que es insuficiente ocurre porque inexplicablemente la autoridad municipal sólo se ocupa de “proteger las piedras y maderas” lo estético y no lo funcional. En el Arco de la Calzada pusieron un eficaz recubrimiento a la cantera de modo que a las 7:30 am de este lunes 9 de marzo, las pintas ya habían sido lavadas y retiradas totalmente, mientras que los paraderos del transporte público los dejaron al garete.
Qué distinto sería si el Sistema Integrado de Transporte pusiera recubrimientos temporales a las vidrieras, si invitara a una intervención creativa de los muros de la orugas para denunciar violencias o aún mejor, si comprometiera acciones preventivas del acoso en las mismas unidades y paraderos.
Qué limita a nuestro ayuntamiento a instruir a las dependencias municipales a tener presencia humana, sea de protección civil, de la academia de policía o y otros profesionales de contención en situaciones de congregación masiva de personas? Acaso no se capacitan para ello? No lo hacen así en partidos de fútbol o en conciertos o eventos masivos, donde, por otras razones, la ira o frustración de algunos sale de la peor manera.
Ayer en la marcha hice una selección de las mejores pancartas que me tocó leer; lo hago cada año en el 8M y hago notar que nunca son menos de 30 las pancartas que me hacen pensar y conectar con otras mujeres. Y me faltan muchas que por el flujo de la caminata y que no llevo anteojos varias no las alcanzo a captar.
Me emociona la creatividad y fuego interno que cada niña y mujer pone en su cartulina; veo profundidad de reflexión, experiencias compartidas a pesar de la distancia social de quienes nos convocamos a la marcha; reconocimiento de lo que nuestras madres o abuelas lucharon y las derrotas que se bancaron; leo rabia y frustración, vacíos o despedidas injustas; también leo esperanza y sentido de lucha cotidiana.
Frente a las crónicas exhaustivas sobre los destrozos que por videos supieron aquellos que no marcharon y a los reporteros que no se toman la molestia más que de repetir su crónica del año pasado, me gustaría compartirles una pancarta de ayer: “Las feministas hacen disturbios sin quitar vidas; el machismo quita vidas sin causar disturbios”.