Así se llama otra película, que ahora con las vacaciones, también vi y que me gustó tanto, que quiero compartirla con ustedes, queridos lectores. 

Esta trata de la verdadera historia del capitán Ejnar Mikkelsen y el mecánico Iver Iversen, ambos daneses, que estuvieron abandonados en Groenlandia por dos años, de 1910 a 1912, y que lograron sobrevivir al frío, al agotamiento y a la soledad. 

Ellos iban en una expedición en el barco Alabama, cuyo objetivo era buscar los cuerpos y los diarios de otra expedición, la de Mylius-Erichsen, 1907.  Ambas odiseas buscaban demostrar que Groenlandia era una sola isla, y que pertenecía a Dinamarca (ahora con las ideas nacionalistas de Trump, esto vuelve a estar en la mira);  y que no existía el “Canal de Peary” nombrado así por el norteamericano Robert Peary,  que había dicho que existía y que la otra isla, pertenecía a EU. 

Así que ahí van los dos protagonistas a buscar, en medio de la nada, su objetivo. En una primera vuelta, habían encontrado el mapa y el diario que aclaraba algo de esto, pero al quererse asegurar, recorren 4,023 kilómetros, acompañados de perros cada uno en su trineo. 

Los paisajes, aunque increíblemente hermosos, esconden mil peligros y dificultades.  Si ahora podemos ver la aventura de Andrea Dorantes en la Antártida y sorprendernos de las experiencias, nos podemos imaginar lo que era hace 100 años, sin la tecnología ni equipo moderno, y solo con la resistencia y el deseo humano, lograr su sueño. Los perros poco a poco iban sirviendo de alimento, o sea, que no podían encariñarse con ellos; tenían que cuidar bien todo el equipo porque de eso dependía su vida, literalmente y ser conscientes que hasta el mínimo descuido o error, podría costarles la vida. El capitán era un experto, y el mecánico, al contrario, no tenía ni idea y solo participó en la expedición porque admiraba y había leído las aventuras del primero… así que esto le pone un grado más de aventura y sabor humano a la situación.  

Uno de los momentos importantes es cuando encuentran un “cairn”, que eran montículos de piedras que hacían los exploradores para marcar rutas, señalar puntos importantes o dejar mensajes o documentos dentro de latas para que los encontraran otras expediciones (no podemos dejar de recordar que muchas de ellas terminaron en la muerte de todos sus miembros).  En ese cairn, encuentran la información que necesitaban y que demostraba que Groenlandia era una sola isla, así que inician el regreso, pero con tan grandes dificultades, que ellos mismos tienen que crear otro cairn para demostrar lo que habían logrado.

A pesar de todo, casi muriéndose de hambre, pueden regresar al punto de partida, donde su barco había quedado varado (porque en ciertas temporadas en esos lares, hasta el mar se hiela); esperando encontrar a sus compañeros ¡cuál sería su sorpresa al darse cuenta que ya no estaban, se habían ido en un barco ballenero, creyendo que habían muerto! ¡Pobres! ¡A qué desilusión y tristeza se enfrentan! En la película manejan que les habían dejado todo, alimentos y equipo, en una cabaña, pero en el libro en el que se basa, que escribe el mismo capitán Mikkelsen 50 años después sobre su fuerte experiencia, comenta que fueron ellos mismos quienes lo fabricaron con lo que sus compañeros habían tenido que dejar atrás al subirse al ballenero (algo que me parece más lógico). 

Pues ahí inicia otra odisea, aunque ya tienen algo de comida, las duras condiciones climatológicas, el aislamiento y la soledad “acompañada”, porque es bueno ser dos, pero también tiene sus dificultades; y se da uno cuenta de la capacidad del espíritu humano de luchar por sueños, de lograr ideales, de hacer lo que crees que es tu misión en la vida… y cómo esto, te lleva adonde estás en ese momento. Pero cómo también las ilusiones y la imaginación y aún la compañía, la amistad, te puede ayudar a sobrellevar las condiciones más duras. 

Al igual, en la película se puede ver, como sus compañeros tratan de que el gobierno los mande rescatar, y cómo los burócratas de todo el mundo son iguales: nunca hay recursos para lo que necesitan los otros y sus problemas, son de ellos; pero cuando se trata del logro, del triunfo, entonces sí es “nuestro”. 

Pues bueno, mis queridos lectores, les vuelvo a recomendar esta impactante historia que tan bien logra llevar Netflix a nuestras pantallas. En lo personal, las de la vida real, a mí me encantan, porque me gusta ver hasta dónde somos capaces los seres humanos de llegar por tratar de conseguir un sueño.