La depresión posparto afecta a dos de cada diez mujeres durante el embarazo o después del parto y, en la mayoría de los casos, no se identifica de manera oportuna. Especialistas advierten que este padecimiento incide en la salud emocional de la madre, lo que influye directamente en el vínculo con su bebé; por ello, la detección y el tratamiento oportunos resultan fundamentales para el bienestar de ambos.
Se estima que cerca del 75% de las mujeres no recibe diagnóstico ni atención adecuados, situación que repercute tanto en su calidad de vida como en el desarrollo del recién nacido.
La doctora Alejandra Horna López, ginecóloga y obstetra de Hospital CHRISTUS MUGUERZA Altagracia, explicó que la depresión posparto se caracteriza por una alteración persistente del estado de ánimo durante al menos dos semanas, con manifestaciones emocionales, conductuales, cognitivas y físicas.
Aunque algunos síntomas pueden ser similares a los de la depresión en general, cuando se presentan durante el embarazo o después del nacimiento se habla específicamente de depresión posparto. Entre los signos más frecuentes se encuentran el llanto fácil o intenso, tristeza profunda, cambios bruscos de ánimo, aislamiento social, pérdida de interés en las actividades cotidianas, dificultad para concentrarse, así como alteraciones en el sueño y el apetito.
De acuerdo con literatura especializada, los trastornos del estado de ánimo durante el puerperio —periodo que comprende de seis a ocho semanas posteriores al parto— afectan entre el 10% y el 20% de las mujeres durante el primer año, y hasta el 25% después de este lapso. En algunos casos, los síntomas pueden disminuir de manera espontánea en los primeros meses; sin embargo, la ausencia de un diagnóstico oportuno puede agravar el cuadro.
Síntomas y señales de alerta: cómo identificarlos
Existen diversas señales que pueden alertar sobre un posible cuadro de depresión posparto. La doctora Alejandra Horna subrayó la importancia de no confundir este padecimiento con el llamado baby blues, una etapa transitoria de tristeza leve e incertidumbre que puede presentarse durante las dos primeras semanas posteriores al parto.
Este periodo de adaptación a la maternidad suele acompañarse de miedos, inseguridad y llanto ocasional, relacionados con los cambios físicos, hormonales y emocionales. No obstante, cuando estas emociones se intensifican, se prolongan o interfieren con la vida diaria, es fundamental acudir con un especialista en ginecología y obstetricia.
La especialista indicó que el diagnóstico puede realizarse desde las primeras cuatro semanas posteriores al nacimiento y hasta un año después. Este proceso contempla la aplicación de escalas clínicas y estudios de laboratorio, ya que los cambios hormonales propios del embarazo y el posparto influyen en el desarrollo de la depresión.
Impacto en el vínculo madre-hijo
La afectación emocional también puede reflejarse en la relación entre la madre y su bebé. La falta de ánimo o la presión asociada a los roles de género y a las expectativas sobre la maternidad pueden dificultar el cuidado del recién nacido.
Expresiones como “no puedo cargarlo”, “no me siento capaz de cuidarlo” o “no tengo ganas de darle de comer” son señales que requieren atención médica. Estas vivencias suelen acompañarse de una carga social que exige cumplir con ciertos ideales, como la lactancia, lo que incrementa sentimientos de culpa y ansiedad.
La importancia de no estigmatizar
La Secretaría de Salud ha señalado que la depresión es una de las enfermedades mentales más comunes a nivel mundial, pero también una de las más estigmatizadas. Frente a este panorama, la doctora Horna invitó a madres y familias a dejar de lado los prejuicios y a comprender que la depresión posparto es un padecimiento frecuente y tratable.
Con un enfoque multidisciplinario que incluya psicología, psiquiatría, pediatría, ginecología y endocrinología, es posible tratar la depresión posparto sin afectar la lactancia ni los procesos normales del cuerpo.
En Hospital CHRISTUS MUGUERZA Altagracia se cuenta con un equipo integral que acompaña a la paciente durante el diagnóstico y el proceso de recuperación, además de ofrecer asesoría en lactancia y acompañamiento espiritual y pastoral, como parte de una atención centrada en la persona.