Guanajuato.- Ante la emergencia ambiental que atraviesa Coatzacoalcos, Veracruz tras un derrame de hidrocarburos, la solidaridad guanajuatense se hizo presente. A través de la campaña “Juntos por el Mar”, la asociación civil Eco Dharma informó que el estado de Guanajuato logró recolectar un total de 9 kilogramos de cabello humano y pelaje de mascotas.

Elizabeth Gasca, presidenta de Eco Dharma A. C., explicó que la iniciativa surgió a partir de un llamado urgente que hizo la organización, Ayudando Patitas de Coatzacoalcos, quién a través de sus redes sociales, lanzó la invitación a colaborar cada uno desde su trinchera.

Según Gasca, en Guanajuato la recolección se llevó a cabo en Juventino Rosas, y contó con la participación de los siguientes municipios.

  • Juventino Rosas: un total de 6 kilogramos.
  • San Miguel de Allende: 1 kilogramo (gestionado localmente a través de un enlace ciudadano)
  • Villagrán: 500 gramos
  • Celaya también se sumó con 1.5 kilogramos en total.

Siempre hemos promovido una cultura de apoyo, de respeto por la vida y de compromiso con el medio ambiente y con los animales. Lo que ocurre en Veracruz no es ajeno a nosotros; cuando una parte de la tierra se ve afectada, de algún modo nos afecta a todos”, afirmó Gasca.

Señaló que el impacto de esta colecta es significativo: técnicamente, un kilogramo de cabello tiene la capacidad de absorber hasta 8 litros de hidrocarburo. Bajo esta métrica, el aporte de la región permitiría la limpieza de aproximadamente 80 litros de contaminantes en las costas veracruzanas.

Cabe mencionar que a esta campaña también se sumaron otros 15 estados de la República siendo un total de 16 con Guanajuato. 

Actualmente, Eco Dharma define el traslado del material. Debido a que resulta más eficiente entregar el cabello ya dispuesto en mallas para ahorrar tiempo en las zonas de atención, se analiza si el cargamento se enviará primero a León, Guanajuato, donde existe la posibilidad de realizar el armado, o si se trasladará directamente a Coatzacoalcos para integrarse de inmediato a las brigadas de Ayudando Patitas.

Algunos de los estados que se sumaron a la colecta fueron San Luis Potosí, Oaxaca, Querétaro, Yucatán, Ciudad de México, Veracruz y Puebla.

Consecuencias del derrame del petróleo

Según datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la contaminación por petróleo en el medio marino representa una de las agresiones ambientales más severas debido a la complejidad química de los hidrocarburos y su persistencia en el ecosistema. Cuando ocurre un derrame, el petróleo forma una capa superficial conocida como “marea negra” que impide el paso de la luz solar, deteniendo de inmediato el proceso de fotosíntesis del fitoplancton, el cual es la base de la cadena alimenticia oceánica.

Se estima que un solo litro de petróleo tiene la capacidad de contaminar hasta un millón de litros de agua, alterando sus propiedades fisicoquímicas y haciéndola tóxica para el consumo y la vida. Las afectaciones para la fauna son devastadoras; las aves marinas y mamíferos pierden la capacidad de aislamiento térmico e impermeabilidad de sus plumajes y pelajes, lo que deriva en muertes por hipotermia, mientras que la ingesta directa del crudo provoca fallas multiorgánicas, ceguera y asfixia en peces y tortugas. En la flora, los manglares son los más vulnerables, ya que el petróleo se adhiere a sus raíces aéreas, asfixiando al ecosistema que sirve como guardería de especies marinas y barrera contra huracanes.

Para el ser humano, el contacto con estos hidrocarburos representa un riesgo sanitario de alto impacto, ya que componentes como el benceno son cancerígenos; la inhalación de los gases volátiles y el contacto dérmico pueden causar desde irritaciones severas y problemas respiratorios hasta daños crónicos en el sistema nervioso. Las consecuencias de un derrame se dividen en diferentes temporalidades: a corto plazo, se observa la mortalidad masiva de especies y la parálisis económica de las comunidades pesqueras; a mediano plazo, se presenta la acumulación de metales pesados en los sedimentos y la bioacumulación de toxinas en los peces que finalmente llegan al consumo humano; y a largo plazo, las secuelas pueden durar décadas, manifestándose en la degradación genética de las especies, la pérdida de biodiversidad y la alteración permanente de la estructura del suelo marino. El proceso de recuperación natural es extremadamente lento, y las áreas afectadas rara vez recuperan su estado original de salud antes de veinte o treinta años.

LF

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