Un volcán, fisura que sirve como escape para el magma alojado en el interior de la Tierra, es formado por la acumulación de capas de lava y otros residuos minerales adoptando una forma de montaña.

De acuerdo con la UNAM, a un volcán se le considera inactivo cuando pasa un periodo considerable sin tener actividad (miles de años) o cuando han hecho erupción solo una vez. Mientras que los activos registran erupciones o exhalaciones de forma constante.

Cuando los gases y el magma se acumulan buscan la manera de salir del interior de la Tierra y encuentran en los volcanes el mejor método de escape, la intensidad de la erupción dependerá de la fluidez de la lava y de la cantidad de energía que haya estado acumulada.

La erupción no soló libera la lava, sino también los gases tóxicos y ceniza.

Un ejemplo del proceso de la erupción volcánica es la acción de agitar una botella de refresco: cuando el movimiento el gas se acumula en el interior de la botella ocupa todo el espacio posible y ejerce una presión hacia “afuera” (algo parecido ocurre con el magma y los gases). Al destapar esa botella todo el gas es liberado de golpe y expulsa una cantidad considerable de refresco (similar a cuando la lava sale del volcán con estruendo).

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