Historia 108

Esta es la historia 108 de 450 que te contaremos sobre León

Daniel Campos Saines, conocido como “El Garruñas”, fue uno de los personajes más temidos y mediáticos de la nota roja en León. Delincuente desde los 18 años, tahúr, apostador y multihomicida, su nombre ocupó portadas de periódicos desde la década de 1960 hasta 1998. Incluso llegó a formar parte de la Policía en Chihuahua. Para muchos, fue una auténtica “estrella” de la sección policiaca.

Nació el 4 de agosto de 1948 en Lagos de Moreno. No le gustaba la vida del campo y desde joven viajaba a León con sus primos, atraído por la aventura. Aquí se movía con soltura, disfrutando la vida nocturna y el ambiente de palenques, cantinas y centros de apuestas.

El apodo de “El Garruñas”, según relató su hermano Gabriel al periodista Rogelio de Pascual –autor del libro “El Garruñas” / Una vida entre mujeres, apuestas, balas y copas–, fue elegido por él mismo tras lograr una jugada que llamó “garruñera”.

Daniel Campos Saines, conocido como “El Garruñas”. Foto tomada del libro de Rogelio de Pascual

Siempre vestía elegante. Muchas mujeres lo consideraban atractivo. Algunos niños y personas decían que era caritativo. Pero en el ambiente del juego y el hampa, bastaba escuchar su nombre para sentir temor. Dos caras de una misma moneda.

Murió en León el 1 de febrero de 1998, tras una larga carrera delictiva marcada por asesinatos, enfrentamientos con policías y múltiples procesos judiciales.

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Primera detención

A los 14 años se fue a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Estudiar no le gustaba, según narra Rogelio de Pascual.

El 3 de octubre de 1966 fue arrestado por robo en la zapatería “3 Hermanos”, ubicada en Justo Sierra y Belisario Domínguez. Era lo que entonces se conocía como “jaulero” o “zorrero”: robaba dinero y calzado. Se le asignó la ficha dactiloscópica 7707. Con el tiempo, aquel joven ladrón se convertiría en una figura conocida del hampa nacional.

El juego era su pasión. Las mujeres, su debilidad. Ganar era su obsesión y, cuando no lo lograba, su pistola imponía el orden. Los excesos lo llevaron a episodios de desequilibrio: en una de sus últimas detenciones andaba desnudo, disparando y convencido de que lo perseguían.

Uno de sus primeros crímenes de alto impacto ocurrió el 30 de septiembre de 1975. Ese día, el policía José Romero Estrada, apodado “El Gallito” –nombre que tenía cuando fue boxeador– acudió junto con su compañero Aurelio Barroso Ramírez a un reporte por balaceras.

Frente al domicilio marcado con el número 406, cinco sujetos estaban reunidos. Tres huyeron y dos se metieron a la casa. Tras un altercado, “El Garruñas” sometió primero a uno de los oficiales. Luego, al ver que “El Gallito” intentaba acomodar su pistola, se abalanzó sobre él y le disparó 13 veces.

El caso fue difundido por El Sol de León y El Heraldo, según consta en la hemeroteca del Archivo Histórico Municipal de León.

El 28 de diciembre de 1976 se presentó voluntariamente a declarar. El fiscal solicitó 20 años de prisión, pero el juez tercero dictó arresto de dos años. Mediante maniobras legales, logró salir libre el 10 de junio de 1977, el mismo día de su sentencia, tras pagar una fianza.

Esto quedó asentado legalmente y dichos documentos se encuentran en el Archivo Judicial.

El doble crimen en “El Atorón”

El 21 de mayo de 1984 volvió a ocupar titulares. AM publicó la nota “Doble Homicidio en El Atorón”, firmada por Alfredo Campos e Ignacio Tapia.

Una multitud de gente afuera de la cantina “El Atorón”. Foto tomada del libro “El Garruñas”

Según el testimonio del cocinero Luis López Chico, primero llegó a la cantina Guadalupe Muñoz Padilla, cliente habitual. Minutos después entraron Daniel Campos y su acompañante Ricardo Parada Caudillo. Se sentaron en la mesa de Don Lupe y pidieron brandy y botana.

Mientras el cocinero preparaba la comida, se escucharon disparos. Ricardo murió en el lugar. Daniel también recibió balazos. Con rapidez, “El Garruñas” se parapetó en la barra y disparó contra Don Chava. Al ver a Ricardo sin vida, expresó: “Este ya estuvo”. Herido, logró huir y dejó su auto en el sitio.

El agente del Ministerio Público, Juan Gutiérrez Cobián, acudió al lugar, acompañado del jefe de la judicial Antonio González y el subjefe Raúl Rodríguez. Los hechos ocurrieron en la cantina “El Atorón”, que estaba ubicada en la esquina de las calles Irapuato y Celaya, en la colonia Industrial.

En sus declaraciones, Daniel Campos sostuvo que la discusión fue entre los fallecidos, por ver quién era más rico, y aseguró actuar en defensa propia.

Su defensor, el licenciado Jorge Torres Espinoza, utilizó múltiples recursos legales. “El Garruñas” permaneció escondido en Matehuala, San Luis Potosí. Había recibido dos disparos: uno superficial y otro en el glúteo. El doctor José Luis González Aguilera declaró que su estado hacía riesgoso encarcelarlo.

Aun así, fue detenido el 6 de julio de 1984 en el hospital Pablo de Anda. Tras amparos y cambios de defensa –los abogados Juan José Galván y Luis Rojas Reyes tomaron el caso– logró su libertad el 21 de agosto de 1985, luego de que la Suprema Corte revocara la sentencia.

“El Garruñas” en el hospital. Foto tomada del libro de Rogelio de Pascual

Otros delitos y el final

En 1979 se le atribuyó el asesinato de un gallero de Michoacán durante la Feria de León. Ese mismo año, el 30 de agosto, se le señaló por la muerte de tres personas en el Fraccionamiento Hidalgo, en la calle Alzate 312.

También se rumoró que fue generoso con algunas autoridades. Incluso se dijo que habría regalado una joya con diamantes a la directora del penal. “Sólo rumores”, decía la gente.

En 1991 volvió a ser detenido tras realizar disparos al aire. En el forcejeo desarmó a un oficial y tomó su UZZI, pero el arma se “embaló” y no logró disparar.

“El Garruñas” en la cárcel.

Además, en diciembre de 1992 asesinó por la espalda al doctor Bruno Moreno Casteló, durante una reunión en su casa. Según el testimonio de Martín Navarro “El Pata”, Daniel dijo que alguien estaba arriba de la casa y quería matarlo. De nuevo logró salir libre en 1994.

Su salud ya estaba deteriorada por los excesos. Murió el 1 de febrero de 1998 en León. Para algunos fue un hombre generoso; para otros, un criminal implacable. Lo cierto es que su nombre quedó inscrito, para siempre, en la historia más oscura de la ciudad.

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