Ciudad de México.- México tiene tres años para tomar las riendas de las finanzas públicas y evitar que el País pierda el grado de inversión, advirtieron economistas de BBVA México.

Si México no atiende el riesgo de ralentización en el avance de la consolidación fiscal, las agencias calificadoras cambiarían primero el outlook o la perspectiva, algo que toma como un año y medio, y si la ponen en negativa, tardarían otro año y medio en bajar la calificación.

Esto quiere decir que, en un escenario normal, las agencias calificadoras tardarían tres años en quitarle a México el grado de inversión si el panorama de las finanzas públicas empeora, explicó Carlos Serrano, economista jefe de BBVA, en una consulta sobre el tema durante la conferencia para presentar el Informe Situación México.

“Hoy, tanto Moody’s como Fitch en marzo dijeron que la perspectiva es estable, el outlook es estable, entonces en un escenario normal creo que habría al menos tres años de aquí a que se pudiera bajar la calificación.

“Nosotros creemos que en tres años México puede tomar las medidas adecuadas para evitar esa pérdida de grado inversión; entre otras cosas, habría que aumentar la recaudación de algunos impuestos que no se cobran bien, hay que solucionar los problemas del modelo de negocio de Pemex, pero si se empiezan a tomar medidas ahora, se puede evitar esa pérdida de grado inversión que, repito, no es inminente”, sostuvo Serrano.

Poco crecimiento económico

Arnulfo Rodríguez, economista de BBVA México, advirtió que sin ajustes fiscales significativos, la deuda pública alcanzaría el 60 % del PIB para 2030 y el País podría perder el grado de inversión.

Si la economía creciera a un ritmo de 2.0 o 3.0 %, este nivel de deuda sería algo sostenible, pero la realidad es que México está creciendo muy poco y eso es lo que empieza a complicar las cosas, porque todas las calificadoras citan el bajo crecimiento como un problema para las finanzas públicas.

“Nada más para que quede claro: lo que podría ayudar a que la deuda pública como proporción del PIB se mantuviera estable en 53.2 %, que fue el dato observado para 2025, es que el País genere déficits públicos en promedio de alrededor del 2.4 % del PIB o el equivalente a superávits primarios promedio de 1.2 % del PIB en los siguientes años de manera consistente para mantener el cociente de deuda pública estable.

“Eso indiscutiblemente, en términos aritméticos, pues evitaría que las calificadoras siguieran teniendo esta visión negativa de las finanzas públicas, esta visión de un debilitamiento sostenido de las finanzas públicas, y S&P podría mejorar la perspectiva a estable de la negativa que nos dio hace algunos meses; entonces tendrían que hacerse esfuerzos enormes de consolidación fiscal”, dijo Rodríguez.

El mayor esfuerzo de consolidación fiscal, abundó, se dio en 2025 y, pese a ello, no se logró obtener un superávit primario; se obtuvo un balance primario de menos de 0.1 % del PIB, por lo que el panorama es complejo y retador para las finanzas públicas.

Cuando Moody’s bajó la calificación crediticia de México a Baa3 (BBB-), argumentó dificultades para estabilizar deuda.

En tanto, S&P cambió la perspectiva a negativa de estable por el mayor riesgo de un avance lento en la consolidación fiscal ante el menor crecimiento económico esperado.

Lo anterior resultaría en un aumento más en los niveles de deuda gubernamental y servicio de la misma, acotaron los economistas del banco.