Historia 370
Esta es la historia 370 de 450 que te contaremos sobre León
Con 70 cueros, un tambor rentado y un ayudante, Wilmar Nienow Herter inició en León una empresa que con los años se convirtió en la tenería de curtido vegetal más grande del mundo.
Produce suelas de cuero y todo tipo de pieles con curtientes vegetales. Actualmente exporta a más de 20 países. Desde el inicio, Wilmar llamó a su empresa Suelas Wyny.
Tenía 26 años cuando emprendió su negocio en un espacio al que acudían varios maquiladores para procesar sus cueros. Era el año 1978. Actualmente ocupa 4 hectáreas sin contar la planta tratadora de aguas residuales.
De Brasil a León
Wilmar Nienow llegó a León en septiembre de 1974 con una especialización en cuero y un plan: quedarse dos o tres años y regresar a Brasil.
No sabía español. No conocía León.
Más de medio siglo después, nacionalizado mexicano, continúa al frente de sus negocios. Además de la empresa curtidora, incursionó en el desarrollo inmobiliario con proyectos de vivienda, naves industriales, mini bodegas y locales comerciales, así como un desarrollo turístico en Tulum.
Actualmente espera el momento oportuno para construir torres de departamentos en Jardines del Moral.
Sus hijos Wilmar, Brian y Maxime participan en los negocios.
De Linha Nova a León
Wilmar nació el 15 de enero de 1952 en Linha Nova, Rio Grande do Sul, Brasil. hijo de Alfredo Nienow y Erminda Herter, una familia de migrantes de origen germano.

Su padre tenía aserraderos y fabricaba muebles, también violines. Su madre ayudaba en el negocio y atendía la casa.
Wilmar vivió en Linha Nova hasta los 12 años, cuando sus padres lo enviaron a estudiar a un internado alemán en São Leopoldo.
La escuela era estricta, pero también les daba libertad.
Wilmar afirma que aquella educación influyó en su formación.
Estudió química con especialidad en cuero y después viajó a Alemania para aprender más de la industria.
Entró a trabajar en Química Henkel, en su división internacional. Su idea era conocer las tecnologías que se utilizaban en Europa y demás países alrededor del mundo y después regresar a Brasil para abrir una tenería. México no estaba en sus planes.
Henkel necesitaba a alguien que se hiciera cargo del área técnica de cuero en México y supervisara las ventas en León, Guadalajara y Monterrey. Le propusieron el puesto. Wilmar no quería.
Entonces dijo algo que creyó que resolvería el problema: pidió un sueldo que consideraba demasiado alto para un joven recién ingresado a la empresa y se lo aceptaron. “Ya no podía decir que no”.
Llegó a México en 1974. “Me sentí como en casa”, recuerda.
A ritmo de samba
Sus primeros meses fueron de mucho trabajo. Atendía a empresas curtidoras de León y viajaba a Guadalajara y Monterrey.
Hacía amigos fácilmente y era invitado a fiestas y reuniones. Una de las primeras historias que recuerda ocurrió en una boda.
Alguien supo que entre los invitados había un brasileño y pidió que bailara samba.
Wilmar se levantó y comenzó a bailar en medio del salón y a partir de ahí comenzaron a reconocerlo.
Fue así como aquel joven brasileño comenzó a relacionarse con la ciudad.
Después de 15 meses en Quimica Henkel decidió que quería tener su propio negocio.
Nace Wyny
Cuando Suelas Wyny inició, “no tenía las máquinas necesarias, llevaba parte del proceso a maquila. Yo me metía en todo… compraba los cueros, buscaba clientes, llevaba material de un lado a otro, producía y vendía”, afirma Wilmar.
En 1980, dos años después de sus primeros 70 cueros, ya ocupaba el 100 por ciento del espacio donde maquilaba así que buscó una tenería en renta con mayor capacidad. La encontró con José Andrade, a un costado del Malecón del Río.
Ahí colocó tambores y compró maquinaria.
“Primero hacía una suela similar a la que ya se producía en León”, recuerda Wilmar. En esa primera etapa procesaba hasta 200 cueros diarios.
En 1981, viajó a Europa y visitó la Semana del cuero de París. Después fue a Italia.
Ahí encontró lo que buscaba: una tecnología distinta para curtir. Los italianos producían una suela diferente a la que se hacía en México.
Regresó decidido a competir en calidad y servicio con las más importantes curtidurías de Europa. Compró una hectárea en la carretera León-San Francisco y empezó a construir sus propias instalaciones. En 1983, inició la producción en su planta sin cerrar la tenería que rentaba debido a la demanda del mercado.
Ya contaba con maquinaría italiana y había adaptado el proceso de producción.
La empresa amplió su producción. Además de suela, comenzó a fabricar piel para cinturones, bolsas, botas y diferentes tipos de pieles para calzado.
Mientras la empresa crecía, Wilmar instaló una planta tratadora de aguas residuales en un terreno de 11 hectáreas. Fue una de las primeras inversiones de ese tipo que realizó la industria curtidora de León.

La solución a las crisis económicas: exportar
Wilmar había experimentado el efecto de las devaluaciones. Si tenía deudas en dólares, necesitaba ingresos en dólares.
Por eso comenzó a buscar mercados fuera de México.
Viajaba por el mundo en busca de clientes y representantes mientras su equipo se encargaba de la operación en León.
Abrió mercado en Estados Unidos, Canadá; en países europeos como España, Inglaterra, Italia y otros. Se extendió a Japón, Corea, India, Australia, China, Turquía y de Centroamérica entró a El Salvador y Guatemala, entre otros.
En un principio, alrededor del 70 por ciento de la producción de Wyny se vendía en México y el 30 por ciento se exportaba. Las devaluaciones cambiaron esa proporción.
Wilmar tomó una decisión: no volvería a depender tanto del mercado mexicano.
Recuerda su primer contacto con Asía. En 1989 viajó a ese continente para participar en una exposición y conocer el mercado. La visita abrió el camino hacia China. Alrededor de dos años después llegó el primer embarque de Wyny a ese país.
Las exportaciones siguieron creciendo hasta representar este año alrededor del 65 por ciento de las ventas.
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Brasil y Argentina en la mira
En 1996 regresó a Brasil, pero esta vez como empresario. Instaló una planta curtidora en el estado de Paraná y durante 20 años mantuvo operaciones allá.
También tuvo una empresa en Argentina para la industria automotriz, que después vendió.
Llegó a manejar tres plantas con una capacidad conjunta de 10 mil cueros diarios.
Entra al mercado inmobiliario
En 1992, Wilmar creó la inmobiliaria Luxma para incursionar en el desarrollo de fraccionamientos, vivienda, bodegas, edificios departamentales, locales comerciales y un desarrollo turístico en Tulum.
En León construyó Real de los Naranjos, Pedregal del Gigante y Soberna, además de proyectos verticales como Nymphe.
También realizó desarrollos en San Miguel de Allende, Irapuato, Guanajuato y Silao.
En Silao encontró un mercado que le interesaba especialmente: la vivienda de interés social. Gran Villa contempla alrededor de 2 mil viviendas en esta ciudad más locales comerciales y una parroquia. Promueve además los fraccionamientos Aranta y Verena, ambos con venta de terrenos y casas.
“No me imagino estar sin hacer nada”, decía en la entrevista.
En Wyny trabajan alrededor de 600 personas, quienes tienen servicio de transporte y comida sin costo.
Para Wilmar, generar empleos forma parte de la responsabilidad de un empresario.
En 1994 recibió la nacionalidad mexicana en Los Pinos.
Yo me siento más mexicano hoy, porque toda mi vida prácticamente he vivido aquí en México… León es especial”.
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