El hecho es que la formación positiva  de los niños (as) no es cosa  fácil,  pero  los  padres-madres amantes y dedicados  que   sigan   algunas   guías   relativamente   claras,  pueden   realizar   la tarea  y   tener muchas satisfacciones. Nunca es demasiado tarde para hacer lo que se debe hacer. Ni tampoco es  tarde para hacer el bien, de modo que  no hay que tardar un día más. Hay que empezar  ahora.

Joseph Susedik, que es partidario de hablar a  las  criaturas cuando están aún en el vientre materno, sostiene la necesidad de una atmósfera de calma y serenidad para la futura madre, a fin de que el hijo (a) nazca con una completa confianza en la madre. “Solo si la criatura tiene confianza total”, dice, “se le puede enseñar. Hay que enseñar a los niños con amor, dulzura, y solo en el momento en que estén  dispuestos  a aprender”.

“Los padres y los maestros deben interactuar con los niños (as), y no simplemente hablarles”. “Aun cuando estén ocupados, no deben alejar al chico diciéndole: •Me lo dirás después“, habrá que buscar esos espacios  de disposición para las y los hijos y darles seguimiento con constancia a través del tiempo.

John Drescher dice que los niños  pasan  por tres edades:

La primera es la de la reglamentación, desde uno a siete años. Esto se ve bien claro aquí: “Una  niñita de seis años le contaba a su mamá todo lo que había hecho en la escuela y le decía: ‘Hoy tuvimos una maestra sustituta. Nos dejó hacer  todo  lo que  queríamos.  No  nos gustó”. Este comentario  revela  tanto  la respuesta  como la necesidad de un niño (a) en sus primeros años, especialmente desde el nacimiento hasta los siete años de edad.

Durante este tiempo necesita que se le diga qué es lo que se espera. Si el niño no tiene reglas precisas y claras para guiarse, se vuelve díscolo, no está contento, se siente inseguro y adquiere el sentimiento de que no es amado. Además, será malcriado y actuará en una forma a veces muy desagradable tratando  de descubrir  dónde están  sus límites  y controles retando constantemente a su entorno.

Los  primeros  años de la  vida  del niño (a)  son los más importantes para su formación ética. Necesita conocer qué es lo que debe hacer, antes de pensar o poner en práctica lo que quiere hacer. Este aprendizaje empieza cuando nace y  será enseñado principalmente por los que están más cercanos de él. Jamás habrá un momento más   oportuno para enseñarle la obediencia, que es el primer elemento en el desarrollo  de la conciencia  y  del sentido moral. Se aprende a mandar sabiendo obedecer.

“Muchos padres no quieren discutir con sus hijos sobre cada error que cometen. Reservan su autoridad para los asuntos serios, pero entonces ya es demasiado tarde.

Cediendo siempre, pierden toda autoridad”. Se ha observado qué la mayor parte de los padres ceden a los caprichos de sus hijos (as) cuando estos son pequeños; precisamente en la edad en que éstos necesitan una mano firme. Los padres se ríen de sus travesuras, pero más tarde, en la adolescencia, tratan de imponer la ley, justamente en la época en que las y los muchachos necesitan más libertad a fin de adquirir su propia experiencia. No se trata de autoritarismo, se trata de firmeza, de congruencia.

Hay que tomar temprano  el control,  o lo perderá  del  todo. Sobre todo se requieren elementos para poder elegir.

Si los padres ejercen el debido control en los primeros años, pueden estar tranquilos más tarde, porque el o la joven habrá desarrollado controles. Si durante los primeros años faltan los límites y los controles, el niño (a) se encontrará perdido en años posteriores, y además es más probable que reaccione y se rebele contra todo tipo de control. Las órdenes directas son mejores durante los primeros años.

Que sean pocas las prohibiciones, pero consecuentes y expresadas  con cariño.

La  segunda  edad  de  la  infancia  es  la  de  la  imitación,  y ocurre entre  los  ocho y  los doce años  de edad. Este es el período  en que,  si el padre  le da al niño (a) buena instrucción  y  al mismo  tiempo mal ejemplo, puede  considerarse como si le diera  con  una  mano  alimento  y  con  la otra veneno”.

Durante estos años  son  sumamente  importantes   los  modelos.   Las  reglas   son importantes,  pero  el ejemplo es el gran  estímulo.

No cabe duda de que los chicos (as) remedan cuanto ven; “Tus hijos prestan  más atención  a lo que tú hagas  que a lo que digas”. O como decía mi mami:  “persignarse y no turbarse”

Durante esta etapa de la infancia el niño (a) desarrolla la disposición básica que lo llevará posteriormente  a  las  grandes  decisiones  sobre  el  tipo  de personas que le atraerán, cómo querrá vivir, qué estilo de gastos lo van a satisfacer, qué respeto  tendrá por las distintas personas  del mundo, qué importancia le concederá a la integridad.

Esta  también  es  la época en que establece las piedras de toque de las creencias y de los valores, de modo que tenga algo a que asirse durante las tormentas de la tentación  y la incertidumbre de la adolescencia. Sus actitudes frente a la vida y frente a los demás se desarrollan según la manera como    los padres hablan a los dependientes en las tiendas, por teléfono a un vecino, y a sus amistades en una reunión social.

En este periodo  es más necesaria  que nunca  una  conducta  consecuente,  que  esté  de  acuerdo  con  lo que se enseña.   Por  tanto,  es  importante  que las y los  adultos  que  enseñan  a  los niños (as)  durante este período  sean personas  dignas de imitación.

La  siguiente  edad,  de  los  trece  años en adelante,  es la de la  inspiración.  Durante  la  época  de  la  adolescencia  la o el joven  se inspira  por  grandes ideas  de una  u  otra índole. Necesita  héroes  o heroínas.  Si  no  los tiene, los buscará; y si no lo inspiran los buenos, lo inspirarán   los malos. Necesitamos modelos positivos y solidarios.

Ayuda a tu hijo (a) a desarrollar el sentido del humor, En nuestro mundo hay demasiada tristeza y desesperanza. Muchas personas andan con unas caras de sargentos mal pagados  o como si alguien les hubiera comido todos los dulces que guardaban para la merienda. Hay jóvenes que tienen mucho enojo y desesperanza que para que han perdido su juventud. Se necesita enseñar lo valioso que es la vida.

 

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