Con motivo del Día Internacional de la Danza (29 de abril), José Manuel Ramos Arredondo reflexiona sobre el poder transformador del movimiento. Más allá del espectáculo, la danza activa neuronas espejo, libera la hormona del vínculo (oxitocina) y permite una comunicación humana profunda que trasciende fronteras políticas y culturales. Una invitación a ver la vida como una gran coreografía de paz.
Archivo del Autor: José Manuel Ramos Arredondo
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