La propuesta de Omar, nuestro guía, es a todas luces un reto que no podemos rechazar: aventurarnos en una caminata de 14 kilómetros a través de la Reserva de la Biósfera de Dana.
Se trata de la reserva natural más grande de Jordania, que abarca un área de 320 kilómetros cuadrados dentro del Gran Valle del Rift, esa extensa falla geológica que comienza al norte en Siria y desciende hasta Mozambique, en África.
El objetivo de esta travesía es visitar un hotel ecológico localizado en el extremo sur de la reserva. Aunque se puede llegar hasta ahí en vehículo por una ruta alterna, optamos por dejar las maletas en el autobús y continuar a pie.
Omar nos advierte que la caminata nos tomará al menos cinco horas, y por ello es necesario empezar cuanto antes: debemos ganarle la carrera al sol en su peregrinaje por este cielo despejado.
Son las 7 de la mañana cuando partimos desde Dana, un pequeño poblado situado en lo alto de una colina. Descender hasta las profundidades del valle nos lleva casi una hora.
Aquí el terreno es árido, semidesértico, pero entre las piedras de arenisca brotan matas verdes, signos de vida en un ambiente que a la distancia pensábamos inerte.
Un sendero ondulante nos señala la única ruta a seguir, así que no es necesario que Omar vaya a la cabeza del grupo.
Sin embargo, pronto comprendemos que su andar constante, más no veloz, es la mejor manera de hacer frente a la extenuante faena que nos espera.
Tras doblar en uno de los tantos recodos del camino nos encontramos con un dromedario -camello árabe que se distingue por tener sólo una joroba- que observa plácidamente cómo su cría retoza entre la hierba. A su vez, un hombre cuida de ellos desde la punta de una colina lejana.
Omar nos explica que ese hombre, al igual que otras personas que habremos de encontrar en nuestro trayecto, son los auténticos beduinos: moradores nómadas del desierto, gente acostumbrada durante siglos a lidiar con esta tierra indómita e incandescente.
Seguimos caminando a paso firme, aunque sin tener certeza de nuestro avance: las gigantescas montañas rojas a nuestro alrededor establecen un patrón infinito de formas afiladas.
Lo único seguro es el transcurrir del tiempo, que se deja sentir en el calor seco del día que ya despuntó.
Mientras hacemos una pausa para hidratarnos y descansar bajo la sombra de un árbol, Omar nos recomienda envolver nuestra cabeza con la kuffiya, el tradicional pañuelo árabe fabricado con algodón que nos protegerá de la cólera del sol en lo que resta del trayecto.
Es justamente durante esta última etapa, cuando ya hemos caminado más de cuatro horas, que comienzan a aparecer los campamentos beduinos.
Dentro de las tiendas hechas con piel de cabra alcanzamos a observar a familias que nos devuelven la mirada con curiosidad pasiva.
Son los niños beduinos quienes transgreden la barrera del pudor y se acercan paulatinamente a nosotros.
Sus rostros cubiertos de arena y saliva seca miran con inocencia hacia nuestras cámaras, quizás sin comprender que su imagen congelada en la lente será la memoria más preciada de nuestra expedición.
Con el sol en su cenit, tras cinco horas y media de caminata, finalmente divisamos el punto final de nuestra travesía, el hotel donde podremos descansar y retomar fuerzas para partir al día siguiente, muy temprano, hacia Petra.
Consejos de nuestro guía
Para realizar una caminata larga en un entorno caluroso, sigue estas recomendaciones:
-Ponte calzado cómodo (tipo tenis o bota de trekking), con calcetín para evitar ampollas y el roce de la piel.
-Si caminas durante el día, utiliza en todo momento bloqueador solar, con un índice de protección no menor a 30.
-Mantente bien hidratado con agua o bebidas isotónicas, y realiza pausas breves a lo largo del trayecto.
-Cubre tu cabeza con un sombrero o pañuelo para protegerte de los rayos del sol.
-Lleva frutas y galletas para alimentarte durante el camino.