El 9 de noviembre de 2014, se instituyó el Día Mundial de la Adopción, con la finalidad de celebrar la unión de nuevas familias, crear conciencia sobre la adopción, e incluso en otros países, para recaudar fondos para apoyar a las familias durante el proceso de adopción. No es un día para celebrar, sino para darnos cuenta de este drama real. 

Está comprobado: solo en el seno de una familia se pueden salvar los menores en orfandad. Solo quienes somos padres adoptivos sabemos de esta realidad. En la promoción mundial, la mano pintada con una sonrisa representa a nuestros hijos adoptivos a quienes les damos nuestra vida para salvarles de vivir en un orfanato y restituirles su derecho a tener una familia y ser felices.

Estoy por publicar el libro “Leones de origami”, que revela este drama de los menores en orfandad. Hago una estadística de acuerdo a la definición de orfandad de UNICEF, para llegar -desde la cifra que dio el Senado de la República en el 2017 con datos de ONU-, de 1.4 millones de huérfanos en el País, donde están quienes perdieron a sus padres por muerte natural, la de niños huérfanos por la violencia criminal y los que dejó a pandemia. 

La cruda realidad es la que nos toca la puerta y que implicaría una estrategia de incidencia social por parte de la federación, estados y municipios, pues sigue creciendo el número de menores en orfandad. La cantidad de niños huérfanos en el país por la pandemia se ha estimado en alrededor de 280 mil niños, niñas y adolescentes quienes habrían perdido a sus cuidadores primarios o secundarios, como lo documentó el Instituto Belisario Domínguez del Senado.

El promedio de edad de los menores en orfandad sigue creciendo y rebasa ya los 11 años. Miles de niños, niñas y adolescentes amanecen el día de hoy vulnerables, quedaron sin espacio para vivir y sin refugio o núcleo familiar. México en torno a la orfandad infantil, está en tercer lugar sólo por debajo de la India y Brasil, pues solo por eventos criminales en el país, se han contabilizado entre 30 mil y 40 mil huérfanos, como consecuencia de la violencia, expuestos en foros como “El impacto del tráfico de armas en niños, niñas y adolescentes; México ante el desafío de la violencia”. 

La cifra en Guanajuato oscila entre el 8 y el 9 % del total nacional en algunos indicadores estadísticos. Pero hay otros índices que deberían ser los relevantes para saber si realmente estamos atendiendo como sociedad y gobierno, el drama de la orfandad: el porcentaje de adopciones con respecto al total de menores; la edad promedio de los chiquillos y los años promedio que viven en orfanatos; porcentaje de casos exitosos al salir a los 18 años de los orfanatos hacia la vida independiente.

¿Cuánto cuesta al Estado mexicano una adopción? La atención a los menores incluye los procesos que van desde que alguna autoridad los rescata del abandono o la violencia (Policía o Ministerios Públicos), sus traslados con autoridades judiciales y después su confinamiento a un orfanato o Casa Hogar (“Centros de Asistencia Social” como la autoridad eufemísticamente les quiere llamar) así como todas las gestiones de juicios ante el poder Judicial. Si excluimos lo que el poder legislativo dedica a este asunto y solo dejamos al poder ejecutivo (tres cuartas partes del costo) y al judicial (una cuarta parte) y consideramos un tiempo promedio de 7.5 años que pasan los menores en orfanatos antes de que los adopten o de cumplir 18, y considerando un promedio de 160 millones de presupuesto anual sumando la parte proporcional de los DIF municipales, DIF estatal y el 100 % de la Procuraduría estatal (PPNA) y dividiéndolo estos 1,000 millones (obtenidos de multiplicar 160 millones por 7.5 años y si tomamos la mitad aplicado a orfandad) entre un promedio de 15 adopciones anuales, tenemos que cada menor en orfandad le cuesta al gobierno estatal (y por tanto a nosotros contribuyentes) alrededor de 40 millones de pesos.

Si a esto sumamos el enorme esfuerzo que hacen los orfanatos y sus patronatos para atender a los menores, con un costo mensual promedio de 6 mil pesos (los DIF aportan simbólicamente en promedio $ 1,000 pesos para su manutención), la cifra se incrementa más. 

La conclusión es que el aparato de adopciones es enormemente caro si lo comparamos contra el número de adopciones. ¿cuál es la solución? La estrategia de solución estaría en las edades tempranas para que los menores tengan redes de apoyo ante la inminente realidad de que no serán adoptados después de que cumplan 10 años para que puedan en la vida independiente a los 18, tener una vida plena.

Gsz

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