Detrás de su sonrisa existen momentos plenos, de miedo, de resistencia y de grandes satisfacciones.
Es Rodrigo Urquidi, un tapatío que abandonó su tierra a los 18 años para probar suerte en la música, con el grupo Latins, y posteriormente en teatro musical con proyectos como “Hairspray” y ahora con “Wicked” (2014).
Al entrar a su camerino en el Teatro Telcel, del DF, el artista de 29 años tiene un enorme espejo que decoró con un collage de fotografías de la gente que le recuerda quién es. Aparecen sus papás, amigos y su mascota.
Ser parte de OCESA Teatro y trabajar con Morris Gilbert y Federico González, productores de “Wicked”, es un sueño realizado y también una luz de esperanza que lo alenta a no frenar su lucha de consolidarse en esta carrera.
Hace unos meses, Rodrigo se tomó un año sabático para desconectarse de su vida artística y encontrar respuestas a cuestionamientos que lo estaban transformando en una persona muy distinta a la que es.
Tenía frustraciones por no poder sacar un disco, por no tener el papel que quería interpretar y otras más, por eso decidió hacer “un viaje hippie”, como él lo llama, y recorrer lugares de Chiapas y Quintana Roo para encontrar su camino.
“Estaba desilusionado. Desgraciadamente en este medio no siempre salen las cosas como uno quiere y cuando no consigues algo empiezas a enojarte, pero en realidad es lo que tú empiezas a crear en ti”, platica Rodrigo.
“Necesitaba un tiempo para mí, para descubrir quién era yo sin la presión de que tienes que conseguir un trabajo, y estar para mí”.
El actor, que tiene 16 años de carrera, tuvo sus momentos de espiritualidad, pero nunca dejó su lado artístico; cantaba en bares y también vendía mermeladas y salsas, pues antes estudió un Diplomado en Master Chef Internacional.
A los 13 años debutó en el Teatro Galerías, como Juanito y uno de los Niños Perdidos de “Peter Pan” (1998), un montaje de César Balcázar, donde conoció a Mauricio Cedeño, quien le dio su primer estelar en “Amor Pop” (2009).
“Ha sido de los maestros más grandes de mi vida. Me enseñó a sacar todo lo mejor de mí; mucho de lo que soy es gracias a él y me dio mucha fuerza para seguir mi camino adelante y dar el brinco para venirme al DF”, cuenta.
Ahora ofrece siete funciones a la semana en “Wicked”, audicionó para “El Rey León” y su único propósito es vivir de lo que le apasiona.
“Mi meta es ser feliz. Soy mucho de vivir el momento y que el camino me vaya sorprendiendo, pero obviamente hay una lucha hacia un futuro; me encantaría consolidarme en México como actor de teatro musical y dejar huella”, dice.

En ascenso

En “Hairspray” alternó el papel de Lynk y trabajó como parte del ensamble “Spamalot” con Los Mascabrothers.
“Quiero servir a la gente y siempre dar lo mejor de mí, por eso nunca dejo de prepararme ni de estudiar”.
Siempre está tomando clases de canto y actuación, incluso cursos de teatro musical o cine.
Su papá es ingeniero y su mamá trabaja en el CRIT de Quintana Roo, donde le gustaría hacer algo por los niños.
De GDL extraña a sus amigos, los conciertos de música electrónica en el Foro Alterno y las carnes en su jugo.

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