León, Guanajuato.- La novela “Las muertas”, publicada en 1977 por Jorge Ibargüengoitia, fue un parteaguas en la literatura mexicana gracias a su humor negro y su acercamiento irónico al caso real de “Las Poquianchis”, las primeras asesinas seriales del país.
Casi cinco décadas después, el cineasta Luis Estrada (“El infierno”, “La ley de Herodes”, “¡Qué viva México!”) retoma esta obra maestra en una ambiciosa serie de seis capítulos para Netflix, donde lleva al extremo el universo de Ibargüengoitia.
“Desde que leí la novela quise filmarla. Traté de hacerme con los derechos durante años y no pude. Hoy entiendo que no cabía en una película, que tenía que ser una serie”, explicó Estrada.
Una producción monumental
La serie demandó 21 semanas de rodaje bajo condiciones extremas, con temperaturas de hasta 48 grados y vientos de 150 kilómetros por hora en locaciones de San Luis Potosí y Guanajuato. Estrada asumió el reto de ser showrunner y director de todos los capítulos, filmados “como películas”.

“Sobreestimé mis capacidades… fue un esfuerzo sobrehumano. Dormía tres o cuatro horas al día. Pero sobreviví de milagro”, contó el director.
Entre los logros de producción destacan: 220 sets construidos, incluidos burdeles y hoteles en los Estudios Churubusco. Más de 150 actores en pantalla, con vestuario confeccionado, comprado o rentado especialmente. Tres foros acondicionados para recrear los espacios del caso real. Todo realizado sin efectos digitales, con un trabajo artesanal de decorados, utilería y vestuario.

El reto de la fidelidad
Durante seis meses de investigación, el equipo revisó archivos policiales, la hemeroteca nacional y los ejemplares de la revista ALARMA! para retratar con precisión la época y los espacios.
“Recreamos todo gracias a esos archivos visuales. Tú ves las fotos reales y las de la serie, y parecen idénticas”, destacó Estrada.
Incluso se tomó la libertad de reescribir el desenlace en el capítulo seis: “Ibargüengoitia lo precipitó. Nosotros quisimos darle justicia al cierre, y ese último episodio es casi una película en sí, con más de una hora de duración”, dijo.
El vestuario como narrativa
El diseño de vestuario jugó un papel clave. Con 10 mil piezas de ropa interior y atuendos de época, cada personaje fue dotado de una personalidad propia. Arcelia Ramírez (Arcángela) incluso usó prostéticos y transformaciones físicas para encarnar a la matriarca Baladro.
“Lo más importante era que la ropa hablara: que oliera al polvo, al desgaste, al sudor de esa época. Si eso se transmite en pantalla, se logró el objetivo”, compartió el equipo creativo.
Entre la memoria y la ficción
Estrada enfatiza que la historia sigue generando morbo y curiosidad: “No hay spoilers, todo el mundo conoce el destino de ‘Las Poquianchis’. Pero ahora, con esta serie, se revive el tema con una producción que en México no se había hecho a este nivel”.
Con esta apuesta, Las muertas se perfila como un fenómeno televisivo que une literatura, historia y un despliegue técnico pocas veces visto en el streaming latinoamericano.
DATOS A CONSIDERAR
Más de 220 sets construidos
Desde burdeles y hoteles hasta pueblos completos, el equipo diseñó y levantó escenarios para recrear los años 60 y 70 sin recurrir a efectos digitales.
Un vestuario monumental
Se confeccionaron, compraron o rentaron más de 10 mil piezas de ropa interior y de época. Cada atuendo fue pensado para reflejar la personalidad y el desgaste de los personajes.
Rodaje extremo
El equipo trabajó durante 21 semanas en condiciones casi inhumanas: temperaturas de 48 grados, vientos de 150 km/h y jornadas de más de 18 horas.
Final distinto al libro
Luis Estrada decidió reescribir el desenlace de la novela de Jorge Ibargüengoitia, extendiéndolo en un sexto episodio de más de una hora que funciona como una película independiente.
Investigación histórica minuciosa
La producción revisó la hemeroteca nacional y archivos de la revista ALARMA! para recrear con fidelidad los escenarios y la atmósfera del caso real de “Las Poquianchis”.
