¿Que la fe mueve montañas? Los millones de peregrinos que visitan a la Virgen de San Juan en esta temporada creen más que eso; la fe resucita muertos, alivia enfermedades incurables, acerca familias, hace felices a pueblos enteros y les da motivos para seguir viviendo.
No es la cajeta, no es sólo la Catedral, no son las danzas autóctonas, no son siquiera las calles llenas de venta de dulces de todo tipo y de collares, medallas y pulseras con la imagen de la Virgen, es más que eso; es la fe, son las lágrimas, es resarcir pecados, es ver la imagen de la Virgen en el pedestal y sentirse aliviado y con el placer, ese que se siente cuando se cumple el deber.
Este 2 de Febrero es la fiesta grande en San Juan de los Lagos. Ese día millones de peregrinos a pie, en bicicleta, en motocicleta, en camiones y camionetas, en carros, visitan a la Virgen de San Juan. Ella es la que mueve a miles y miles de peregrinos que acuden año con año a ver a la “Virgencita”, a “Juanita”, a “La chida” a “La mera mera”. Así se dirigen a ella los fieles católicos.
Según autoridades de Jalisco, tan solo el día de la Candelaria llegan 10 millones de peregrinos, mas los que se suman en las semanas anteriores. Es la segunda celebración católica más grande de México después de la fiesta de la Villa de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre.
Llegan de todos lados
Hay personas que salen desde Aguascalientes, del Estado de México, de Querétaro, incluso acuden paisanos desde Estados Unidos son de los caminos más largos que hacen las peregrinaciones para visitar a la Virgen de San Juan.
De los pueblos y comunidades de Guanajuato, de todos lados, hay en el camino peregrinos de Celaya, de León, de Irapuato, de Guanajuato Capital, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, de Cortazar, de Comonfort, de Villagrán, de los Apaseos, de Moroleón y de todas sus comunidades.
Agradecen con sacrificios
Juan Campos, vecino de la colonia Los Fresnos de Irapuato, Guanajuato, ofreció como manda llegar caminando hasta San Juan de los Lagos, pero descalzo, llevando una mochila y a su mamá Margarita Miranda, quien hace un año casi muere por una enfermedad. “La Virgen la salvó”, eso no está en discusión para Juan Campos, quien con fe lleva los pies descalzos con tal de cumplir su manda.
Hay personas que llevan a sus niños cargados y parece que no les pesan, otras llevan la imagen de la virgen atada a su pecho o a su espalda, aunque pese 20 kilos.
No sólo los tenis sirven para caminar, en las veredas las botas, las burras y hasta de tacón bajo levantan las polvaredas; la gente no se cansa, van con una sola meta y es ver a la Virgen, agradecerle por los favores recibidos y pedirle ‘una manita’ en otras cosas.
La fe y la devoción mantienen de pie a los peregrinos que con vendas, bolsas, unguentos, palos usados como bastones y pastillas o energéticos se mantienen caminando solo por la fe.
Un camino conocido
Uno de los recorridos más concurridos en Guanajuato es el que se inicia en la “Y” en la salida de León a Lagos de Moreno.
Los peregrinos inician por un camino de terracería hacia el poblado de Las Cruces, ahí es el primer descanso y se siente alivio cuando se ven los botecitos de chiles que ponen los niños del poblado para pedir ayuda por limpiar el camino para los peregrinos.
Otro de los momentos de felicidad es cuando se llega al Cerro de la Mesa; se ve a pocos kilómetros. Ese es otro lugar para descansar.
La noche envuelve a los peregrinos en el poblado de La Mesa, más ánimos con aplausos de la gente y el “ya mero llegas hermanito”, algunas personas ahí duermen para el siguiente día continuar.
El camino conocido como “Las 7 Lomas”, que en realidad son más, es un camino estrecho y empedrado, los pies se resbalan y deben pisar de lado.
Por la noche si volteas para atrás después de recorrer 3 lomas se ve la fila de lámparas encendidas y detrás el cielo estrellado y la luna amarilla, eso y la fe, la gratitud hacen que sigan caminando.
Finalmente después de 4 ó 5 horas de camino se llega a La Puerta del Llano donde toca la autopista hacia San Juan de Los Lagos, muchos peregrinos, ahí sin decir nada, caen al piso, no les da frío, no les da hambre, el cansancio es mucho.
Más cerca de llegar
Otra vez “¡Ánimo hermanitos!” gritan por el camino, esa frase que ya de repente hace llorar, de emoción o de gratitud.
Por fin se ve San Juan de los Lagos. Cuando los peregrinos llegan a la Catedral se tiran al piso en el atrio; unos duermen, otros se forman para entrar a la Iglesia. La gente cuenta que ahí ya ocurren los milagros, pues alguien que iba arrastrando las piernas o “a gatas” se levanta y se le quita el dolor; “es el peso de la manda”, o “es el peso de los pecados” dicen los católicos.
Dentro de la Catedral se siente paz. Se escuchan miles de murmullos de rezo; hay lágrimas, más en el “cuarto de los milagros” donde hay fotografías de los seres más queridos a quienes la Virgen les hizo un milagro; hay cartas que hacen llorar, que hacen saber que la fe mueve montañas.