A un ladito del Panteón Nuevo, unas 12 familias sobreviven bajo láminas de cartón y pedazos de hule sostenidos por llantas, ladrillos y zapatos viejos. Carecen de agua y drenaje, y desde hace 9 años le han pedido a la Presidencia Municipal que les done o venda el predio que habitan; no han tenido respuesta.
“En noviembre pasado, una regidora del PAN (no recordó su nombre) dijo que nos hablaría, pero que por lo pronto no hay problema porque nadie nos va a correr, han pasado 6 meses y aún esperamos la respuesta”, dijo Jennifer Abigail Yebra.
Como carecen de drenaje, el sanitario es un bote que cubren con una bolsa de plástico, la que al llenarse la tiran a la basura por las noches; mientras tanto, el olor es fuerte, penetrante; Jennifer asegura que ya se acostumbró . En su vivienda viven 4 niños menores de 5 años y 6 adultos. El agua la consiguen a 100 o 150 pesos. “A veces pasa por aquí una pipa que surte a las colonias de abajo, a nosotros nos pasan algo de agua y les damos su dinerito, no siempre, porque a veces no tenemos; en ocasiones llenan los 2 tinacos que tenemos”.
Durante la plática, los niños no dejaban de dar guerra, estaban molestos tal vez por el intenso calor, pero Jennifer, con todo y el dolor de cabeza que decía sentir, dijo que ellos eran el único motor de su vida.
Al fondo del predio al que sólo una barda lo separa del Panteón Nuevo, Juan Miguel Alamilla, minero que trabaja para una compañía contratista, colocaba una cruz de madera en la pared destartalada de lo que él llama el patio de su casa, “es que se ve muy bonita ahí”.
Juan Miguel, su esposa, María Concepción y 3 hijos viven aquí desde hace 6 años; por el momento, él no tiene trabajo, sólo labora cuando lo llaman, y se va, “aunque sea fuera de Guanajuato”.
Recién acabó de inscribirse en el programa Oportunidades, tiene confianza en que le den algún apoyo; también se inscribió en el Seguro Popular; de la Cruzada contra el Hambre nada saben.
Acerca del lote, dijo que va a presionar al Municipio para que de una buena vez resuelva la solicitud de donación o venta con facilidades.
“Sabemos que el Municipio es propietario del predio, no queremos que nos lo regale, que lo venda a un precio accesible y en abonos, nos urge para que así podamos fincar. En la casa de Juan Miguel los 3 hijos asisten a la escuela Insurgente Pípila, y aunque también carecen de drenaje, cuentan con 2 sanitarios ‘secos’”.