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Su fe los ayuda a seguir

En Mineral de Valenciana ya se preparan para representar las Tres Caídas.

Por:

Los

Los

Manuel Carrillo
En el Mineral de Valenciana, la escenificación de las Tres Caídas es una fiesta que congrega a ‘cargadores’ y ‘cargadoras’ provenientes de diversas ciudades de los Estados Unidos, el Distrito Federal, Guadalajara y de la propia Capital del estado; a ellos los reúne el deseo de redimir pecados.
Con el ‘silicio’, que es una túnica elaborada a base de ixtle, ese material rasposo, irritante, una gruesa y pesada soga que se atan al cuello, y descalzos, caminan una hora llevando a cuestas una enorme imagen de Jesucristo.
A las 12 horas, a pesar de que el piso caliente por el sol parece un ardiente comal, ellos y ellas soportan el sacrificio. “Nos hemos acostumbrado, estamos conscientes de que efectivamente es una fiesta que nos acerca más con Dios, y por ello, bien vale la pena el sacrificio”, dice Raúl Jaime Torres, el ‘celador mayor’.
A un lado del colonial templo, Raúl explica que desde niño sus padres lo acostumbraron a formar parte de la fiesta; “me disfrazaban de judío o soldado romano, luego, a partir de los 18 años, fui ‘cargador’ y hace apenas 5 me nombraron ‘celador mayor”.
Don Raúl organiza todo para que no haya desorden y la gente regrese feliz a sus hogares. “Esa es la consigna, que la fiesta se realice en paz y que todos estemos contentos”.
Las Tres Caídas se realizan en el atrio y en el interior del templo, desde las 10 de la mañana llegan ‘cargadores’ y ‘cargadoras’, se colocan el rasposo atuendo, como ropa interior sólo conservan unos calzoncillos, y a las 11 de la mañana, todos y todas están listos para iniciar al procesión, no importa que el piso esté caliente por los rayos del sol, hacen el recorrido descalzos, y a cuestas llevan las imágenes de Jesucristo –ellos- y de la Virgen María –ellas-.
También los niños participan disfrazados como soldados romanos y los más chicos como angelitos, algunos de estos últimos, los más pequeños, los suben junto a la imagen de Jesús, y a pesar de que son cargados y no hacen un esfuerzo extraordinario, los rayos del sol son tan fuertes que los bajan antes de deshidratarse.
Es parte de lo que se vive cada año durante la Semana Santa en el todavía tranquilo Mineral de Valenciana.
“No lo hacemos como atracción turística sino por fe, con la idea de redimir nuestros pecados; sin embargo, si nuestro sacrificio sirve para que más gente visite la comunidad, qué bueno”, dice Raúl Jaime Torres.

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