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Hace 53 años

El a.m. realizó un concurso de cuento y mi nieta Maia Heyser Solís participó y les comparto

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Por: Santiago Heyser Beltrán

El a.m. realizó un concurso de cuento y mi nieta Maia Heyser Solís participó, les comparto:

“Amigos lectores del a.m., mi nombre es Emily, soy una preciosa niña de 11 años que hace un par de días encontré una libreta en el sótano de casa. Les voy a compartir lo que tiene escrito, fechado hace 53 años, en el 2021… y luego les cuento lo qué pasó:

“Hola, yo soy Ema y esta libreta no se quien la vea pero espero algún día la encuentren. Hace un año, en el 2020 inició una pandemia con un “bicho” llamado Coronavirus; quiero, con mi narración, compartir como se vivió: En ese entonces yo tenía 12 años y vivía con mis papás; por la enfermedad, cerraron las escuelas y tuvimos clases en línea, ¡que les puedo decir!, todo cambió, no podíamos salir de nuestra casa, teníamos que salir con cubre bocas, muchos salían con guantes y lentes; no debíamos tocarnos la cara y sugerían nos laváramos las manos muchas veces al día. Al mismo tiempo, en las noticias, escuchaba lo que parecía una pelea entre Estados Unidos y China; por otro lado, también veía videos en YouTube sobre “Probando productos chinos” y eran videos de hacía mucho tiempo; en ellos aparecían bastantes cosas extrañas, cosas que los chinos fabricaban, una de ellas llamó mi atención: ¡Los cubre bocas!, pensé que era por coincidencia, ¡entonces yo que iba a saber!

Un día me metí a internet para buscar cosas para distraerme y de la nada me apareció un anuncio de un trabajo de asistente para cuidar animales. Me interesó mucho porque a mí me encantan los animales, mi sueño era tener un refugio animal. Ya sé lo que están pensando, ¿porque debería de trabajar en la cuarentena?, así le llamaban al hecho de que todos debíamos quedarnos en casa, la razón es que era divertido, además de que pagaban.

Me costó bastante convencer a mis padres pero después de dos semanas los convencí. La primera semana me la pase muy bien. Un día me pidieron que fuera al cuarto de limpieza por la escoba, para recoger los vidrios de una botella rota; fui y limpié el desastre, al regresar a su lugar la escoba, me caí y desde el suelo, accidentalmente vi un botón lleno de polvo. Como siempre he sido curiosa lo apreté y se abrió una puerta secreta. Lo primero que pensé fue: ¡wow!, como en las películas, ¡que padre!, pero luego, cuando baje las escaleras,... resultó que era un laboratorio que tenían pizarrones con fórmulas científicas. Algunas nos las habían enseñado en la escuela, pero una en especial llamó mi atención, decía: “Covid-19 CURA”, había más, todas con nombres de virus raros y todos con sus respectivas curas. Yo no le dije a nadie pero presentía que algo extraño estaba sucediendo. Con curiosidad, al día siguiente me ofrecí para ordenar el cuarto de limpieza, ¡obvio!, mi intención era regresar al laboratorio secreto, no crean que se me antojaba ordenarlo… En ese tiempo, yo estaba en primero de secundaria, mis calificaciones en ciencias promediaban entre nueve y diez; conocía bien las precauciones que debía de tener con el equipo de laboratorio. Agarre un recipiente especial para transportar químicos y líquidos, guarde todo lo que tenía que ver con los virus y sus curas, cerré el recipiente y me lo llevé a mi casa.

Ya en casa, me metí al Internet y publiqué la información que había encontrado. Doce horas después, llegaron a casa autoridades e investigadores del gobierno y me llevaron detenida... para interrogarme, porque exhibí información, al parecer secreta. Lo primero que preguntaron fue su origen, les expliqué mis acciones, producto de mi temor y mi curiosidad. Me explicaron su preocupación y se justificaron diciéndome que iban a publicar la información mundialmente en beneficio de todos. Hasta aquí el misterio. A mí me fue bien, en agradecimiento por encontrar las fórmulas con las curas, los del gobierno me ofrecieron una beca para terminar mis estudios... Qué sigue después de ello, no lo sé, espero vivir lo suficiente para continuar la historia… Ema”

Me da gusto que hayas leído hasta aquí la historia de Ema, así de que te comparto: Mi abuela se llama Ema, le pregunté por casualidad si esa era su historia en otras pandemias en otros tiempos y me dijo que sí. Ella ya está viejita y es muy buena onda conmigo. Con paciencia me deja contarle cuentos e historias y siempre me dice: “Así fue”, es por ello que disfruté compartir esta historia y hacerla pública en el a.m., historia que quizás algún día podrán leer en un libro de cuentos si sigo con el gusto de escribir; por lo pronto termino diciendo, como cómo dice mi abuelo… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

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