Pasaron dos años para que la celebración del 12 de diciembre volviera a la basílica menor de Santa María de Guadalupe y sus inmediaciones en Pachuca. Aunque el año pasado se permitió el acceso de fieles al recinto religioso, el festejo estuvo incompleto sin la tradicional verbena que enmarca la avenida Juárez con puestos de comida, bebidas calientes y ríos de gente que fluyen ya en peregrinación, ya en curioso y despreocupado vaivén.

Autoridades de la capital hidalguense esperaron hasta el último minuto para aprobar la instalación de los puestos frente a La Villita, que finalmente fueron colocados desde el 11 de diciembre para esperar a feligreses y visitantes. El empujón económico les cayó muy bien a comerciantes que tuvieron que esperar para regresar al espacio, aun cuando otros eventos ya habían sido autorizados para reanudar actividades incluso desde 2021, pero bueno, ya sabemos que hay distinción a la hora de repartir permisos.

Salí por pan la noche del domingo y mientras varias personas se dirigían o volvían con sus imágenes guadalupanas, algunas tan pesadas que hacían falta más de dos brazos para llevarlas, los cuetes ya tronaban por todos lados. La explotadera arreció alrededor de la medianoche, cuando iniciaron las mañanitas, y se prolongó prácticamente toda la madrugada de este lunes 12 de diciembre.

Con tal motivo la discusión de internet (una de varias), fue sobre la práctica de tornar cuetes para celebrar a la Virgen, y ya encarrerados, para cualquier otra cosa, como el cumpleaños de la nación; no es coincidencia que las madrugadas del 16 de septiembre y el 12 de diciembre sean iluminadas y sonorizadas por pirotecnia, tal parece que la identidad mexicana (si es que puede definirse tal cosa) incluye el gusto por el zumbido de oídos. 

Desde hace ya varios años aumentan las voces de quienes exigen prohibir el uso de pirotecnia con argumentos varios, principalmente la contaminación ambiental que generan y el daño que ocasionan a la fauna tanto silvestre como urbana, especialmente esta y más específicamente las incomodidades (algunas severas) que causan a los lomitos.

En contraparte, también ha crecido la defensa de los cuetes como elemento de identidad cultural y actividad tradicional que, además, da de comer a pueblos enteros dedicados a la fabricación de explosivos, porque tenemos diversas e incontables festividades laicas y religiosas y nos gusta que haya ruido en ellas.

Aunque mencionado, percibo que un argumento de gran importancia en contra del uso de pirotecnia permanece tangencial: los riesgos que implican la fabricación, almacenaje, traslado y venta de artículos explosivos. Tan solo en Hidalgo (que yo recuerde, pero no se fíen nunca de mi memoria) este año han ocurrido por lo menos tres accidentes con pirotecnia, tanto en polvorines como en pleno festejo con un castillo.  

Cada año hay accidentes causados por le mal manejo de cuetes, menores de edad y personas adultas sufren las consecuencias de manipular dichos objetos y los casos llegan a ser mortales. No son hechos aislados, la falta de precaución por parte de la población y la incompetencia de autoridades para regular efectivamente la actividad, derivan constantemente en tragedias que quizá puedan minimizarse si las cosas se hicieran bien. Pero bueno, ya sabemos que para ello hay que esperar sentados.

ACLARACIÓN       
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo

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