“Llamadme Ismael. Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo.  Es una manera que tengo de ahuyentar el hastío y regular la circulación.” Con esas líneas da comienzo la novela “Moby-Dick o la ballena” (Moby Dick or The Whale), autoría de Herman Melville.

Y así, citando esta extraordinaria obra de la literatura estadounidense del siglo XIX, publicada en 1851, comienza “La ballena” (The Whale), la más reciente película del director Darren Aronofsky. Se trata, al igual que la novela de Melville, de una obra compleja, llena de alegorías y metáforas.

Un profesor con obesidad mórbida, gay, encerrado en sí mismo, en una profunda soledad, es el personaje que interpreta magistralmente Brendan Fraser, “Charlie”; nominado al Óscar a Mejor Actor, gracias a esta gran ejecución histriónica. Darren Aronofsky, ha obtenido la mejor versión actoral de Fraser. No es la primera vez que este cineasta logra “revivir” a un actor. Lo hizo en el 2009, con Mickey Rourke, en su película “El luchador” (The Wrestler), por que la que también Rourke fue nominado por la Academia, a Mejor Actor.

Al igual que en aquella película, Aronofsky, nos presenta la historia de un ser humano decadente, en búsqueda de la reconciliación filial, en medio de un entorno obscuro. Por cierto, Marisa Tomei fue nominada al Óscar como actriz de reparto, por su trabajo en “El luchador”; coincidentemente, Hong Chau, actriz de origen tailandés, tiene la misma nominación por su trabajo en “La ballena”.

Esta película me parece maravillosa. Es un portento de técnica cinematográfica. Toda la trama se desarrolla en una sola locación, el departamento de Charlie. Esto, le otorga cierto aire teatral a la historia. Mismo que en efecto posee, ya que su guion está basado en la obra de teatro homónima, autoría de Samuel D. Hunter, quien escribió una especie de relato autobiográfico para lograr su obra.

La historia de Hunter, también guionista de la versión cinematográfica de “The Whale”, presenta elementos que Darren Aronofsky ha explotado en otras de sus películas, tales como el conflicto del ser con la religión, y el abatimiento del individuo ante sí mismo.

Al igual que en “Moby-Dick”, en “La ballena”, podemos encontrar metáforas bíblicas y cuestionamientos religiosos y filosóficos. El hastío está presente en toda la narración la historia. Otro punto magnífico es la música original, compuesta por Rob Simonsen, esta, le otorga un sentido de amplia profundidad dramática, casi monstruosa. Qué gran película es “La ballena”.

ACLARACIÓN       
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo

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