En la radio, la señal es precisa. Todo emana cuando se escucha el Cue. El locutor sabe que es momento de hablar, el micrófono se ha abierto y la luz roja está encendida. Todo lo que diga, a partir de ese instante, será parte de su discurso. Todo profesional en este oficio se caracteriza por su habilidad de improvisación, sin embargo, resulta indispensable seguir un guion. No hay margen de espera. Ni posibilidad de retorno.
Muy similar es la vida, aunque no hay luces. ni cabinas de sonido. Y a pesar de que no existen efectos ni indicaciones claras, sin duda, hay señales. Esos cues silenciosos, como cuando algo se quiebra, se mueve, o alerta desde dentro. Una especie de empujón que no se puede explicar, pero que es imposible ignorar. Aparece con certeza, en medio de la rutina… o en plena crisis.
Solemos esperar avisos precisos, visibles, rotundos, para movernos. Pero así no funciona en el día a día. No hay anuncios que nos den un indicio del momento de accionar, pero a menudo se disfrazan de cansancio, de incomodidad, de una incompleta tristeza, y no siempre hay muchas opciones. A veces solo hay un camino, y ni siquiera estamos seguros de querer tomarlo. Dudamos y nos resistimos. Y ante esa actitud, el desgaste es mayor que el cambio mismo.
Cuesta observar, porque hemos aprendido a mirar hacia afuera. Pero lo que se siente, no se discute. Ese sentimiento de premura que no tiene nombre. Ese reclamo silencioso en la introspección, que nos empuja a romper el molde y respirar desde otro lugar. Patrones heredados. Creencias prestadas. Rutinas que ya no abrigan. Romper no es huir. Es recordar quién eras antes de que te enseñaran a encajar. Todo eso se percibe en un santiamén. Y la respuesta debe ser casi inmediata. No siempre lógica. No siempre cómoda. Pero tuya, con toda la disposición y sin explicaciones ni permiso. Solo es empezar.
El Cue llega cuando estás al borde. No como una invitación, sino como un llamado, para evitar demorar de más.
Esta columna, sin dramatismo ni promesas, es eso que ya sabías, pero necesitabas leer. Quizá esta sea tu señal: para dejar ir, para empezar de nuevo, para retirarte o avanzar. Sea lo que sea, vívelo, es el momento. No para entenderlo todo. No para tener certezas. Solo para responder.