León.- El 23 de junio de 1926 quedó marcado como uno de los días más trágicos en la historia de León. Hace un siglo, el desbordamiento del Río de los Gómez y de diversos arroyos que descendían de la sierra provocó una inundación devastadora que arrasó viviendas, infraestructura y vidas humanas, dejando una profunda huella en la memoria colectiva de la ciudad.

Las lluvias torrenciales y la acumulación de basura y azolve en los cauces contribuyeron a que las aguas rebasaran su capacidad. Los barrios de Santiago, El Coecillo y San Juan de Dios se encontraban entre las zonas más vulnerables y fueron los que sufrieron los mayores daños.

Crónicas de la época, fotografías de José R. Mena y documentos conservados por el Archivo General de la Nación muestran una ciudad cubierta por el agua, el lodo y la desolación. Las pérdidas materiales fueron calculadas en millones de pesos y el número de víctimas nunca pudo establecerse con precisión, aunque distintas fuentes hablan de más de 200 fallecidos.

El periodista José Ruiz Miranda dejó testimonio de escenas dramáticas en su obra “León destruido por las aguas”. Entre ellas, el derrumbe de viviendas donde decenas de personas buscaban refugio de la corriente, así como los esfuerzos desesperados de vecinos que intentaban rescatar a quienes eran arrastrados por el agua.

Ante la emergencia, templos, edificios públicos, hospitales y el Teatro Doblado se convirtieron en refugios improvisados. Policías, voluntarios, integrantes de la Cruz Roja y ciudadanos participaron en labores de rescate, limpieza y atención a los damnificados.

La tragedia también puso a prueba el espíritu solidario de la población. Autoridades, comerciantes, asociaciones civiles y ciudadanos organizaron comisiones para atender la salud pública, recuperar cuerpos, distribuir alimentos y reconstruir la ciudad.

La inundación representó un severo retroceso económico para una urbe que entonces destacaba por su actividad rebocera, curtidora y zapatera. Sin embargo, la respuesta colectiva permitió que León retomara gradualmente su desarrollo.

A partir de aquel desastre se impulsaron diversas obras hidráulicas y de protección. Entre ellas destacan el reforzamiento del malecón del río, la ampliación de cauces y, décadas después, la construcción de infraestructura que culminó con el desarrollo del actual Malecón del Río, una de las vialidades más importantes de la ciudad.

Cien años después, la inundación de 1926 permanece como una lección sobre la importancia de la prevención, el cuidado de los cauces y la participación ciudadana. También es un recordatorio de la capacidad de los leoneses para reconstruirse frente a la adversidad y reafirmar el lema que ha acompañado a la ciudad durante generaciones: “El trabajo todo lo vence”.

Documental revive la inundación

Como parte de la conmemoración por el centenario de la inundación, el Archivo Histórico Municipal de León presentó el documental “La ciudad sumergida. Cien años de la inundación de 1926”.

La producción reúne testimonios y análisis de especialistas como Rodolfo Herrera Pérez, director del Archivo Histórico Municipal; la investigadora María Cruz Labarthe; y el cronista de la ciudad, Luis Alegre Vega.

En el evento destacó la presencia de la doctora Marcela Martínez Rodríguez, secretaria Académica de Ciencias Sociales y Humanidades de la UG, Unidad León; Pedro Daniel Reveles, coordinador de eventos y exposiciones; y Mauricio Aguirre Martínez, de Tertulias Literarias.

A través de fotografías, documentos históricos y relatos de la época, el documental reconstruye los acontecimientos del 23 de junio de 1926, así como las acciones de rescate y reconstrucción emprendidas por la sociedad leonesa.

En la inspección de policía se condujeron 20 cadáveres de hombres, mujeres y niños, de ellos 10 fueron reconocidos, se ignoraba la cifra exacta de víctimas, pero se hablaba al menos 200”, se relata en el documental.

Y agrega que en la Hacienda de Santa Rosa encontraron más de 90 cadáveres insepultos, y no fue posible extraerlos del lugar porque era imposible el paso hasta allí.

La obra también aborda las transformaciones urbanas e hidráulicas que surgieron tras la catástrofe y reflexiona sobre los desafíos actuales para evitar que una tragedia similar se repita.

MGM