La Güera Rodríguez, María Ignacia Rodríguez de Velasco, fue una aristócrata novohispana y figura clave en la consumación de la Independencia de México, más considerada por muchos como la “Madre de la Patria” por su papel crucial en unir a realistas e insurgentes, movilizando a la élite para que otorgarán el apoyo a Iturbide y al Plan de Iguala, y siendo reconocida por el mismo Iturbide con la pluma verde en su entrada triunfal con el ejército trigarante el 27 de septiembre de 1821.
Se destacó por su intelecto, belleza y libertad personal, desafiando convenciones y usando su influencia para conspirar, aunque su vida también estuvo rodeada de controversias y estigmas por su desenvoltura en círculos masculinos.
Algunos escritores como Artemio de Valle Arizpe y Romeo Hernández Mendoza, entre otros, hacen énfasis en sus biografías de La Güera Rodríguez, a lo que se dijo de sus amoríos y amistad con personajes muy conocidos en la historia.
Al poseer una belleza incomparable, se piensa que el famoso artista Manuel Tolsá esculpió “La Virgen de La Profesa”, inspirándose en ella, siendo la única pintura realizada de su rostro.
Debido a su cercanía con el mundo de los hombres de poder, la Güera Rodríguez terminó por ser estigmatizada en la historia como una mujer frívola que se dice sedujo a insurgentes, virreyes y otros personajes históricos. Ejemplo de ello, es que fue considerada como un personaje emblemático de la Independencia, por mantener una relación amorosa con el propio Agustín de Iturbide, emperador de México, e impulsarlo a que llevara a cabo, y completara, la “libertad mexicana”.
Así mismo, se dice que mantuvo una relación con el libertador Simón Bolívar y con el explorador y naturalista alemán Alexander Von Humboldt.
María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra, nació en la Ciudad de México el 20 de noviembre de 1778, conocida como la Güera Rodríguez, fue hija de criollos, figuró en la sociedad colonial mexicana por brindar su apoyo a la Independencia de México, fue una destacada figura de la sociedad novohispana y activista por la Independencia de México.
Una mujer reconocida por su inteligencia y su fuerte carácter, se convirtió en una de las heroínas menos conocidas de la independencia mexicana, principalmente por romper con los estereotipos de la mujer de su época.
El escritor Guillermo Barba, en su esfuerzo por reivindicar su figura como una de las primeras feministas de México, señala: “La Güera fue libre de cuerpo, pero también de mente”. Tuvo dos estigmas: el primero, conseguir su propia libertad como mujer, y el segundo, la libertad de su patria.
Ambas las consiguió a pesar de que tenía familia y de haber puesto en riesgo su riqueza. Sus inclinaciones políticas fueron moldeadas desde temprana edad, ya que las actividades y actitudes políticas de su padre, quien como regidor experimentó las tensiones entre criollos y peninsulares dentro del Ayuntamiento, la predispusieron a apoyar a los independentistas.
Su vida representa un ejemplo de una mujer que desafió las convenciones sociales de su época, contribuyendo tanto a la causa independentista como a la redefinición del papel de la mujer en la sociedad novohispana.
La participación de María Ignacia en la independencia fue el apoyo a la causa insurgente con sus recursos económicos y sus conexiones sociales, lo que le valió ser acusada de herejía ante el tribunal de la Santa Inquisición un 22 de marzo de 1811. Sin embargo, su postura fue compleja: en ese mismo año escribió una carta donde se refería a los rebeldes como “los enemigos” y mencionaba haber pedido tropas al Virrey para atacarlos.
Tras defender exitosamente su caso ante la Inquisición, fue brevemente exiliada a Querétaro por orden del Virrey Francisco Javier de Lizana y Beaumont. De hecho, en 1810 tuvo que implorar al Arzobispo que le levantara el destierro.
Pero como Ignacio López Rayón, La Güera Rodríguez es ignorada por la historia y obvio, en el Grito no son arengados.
Por su parte el autor El autor Antonio Garcí escribió un libro sobre María Ignacia Rodríguez de Velasco, más conocida como “La Güera Rodríguez”. El título es “La Güera Rodríguez, madre de la patria”.
En este libro, Garci propone una teoría humorística y poco convencional que la posiciona como una figura clave e incluso la “Madre de la independencia y de la patria”. El enfoque del autor se caracteriza por mezclar lo histórico con un tono “histérico” e “histriónico”, como se menciona sobre sus otros trabajos. Su intención es que los lectores se diviertan y, de paso, aprendan historia de México.
Garci es conocido por su serie de libros que abordan la historia mexicana con humor, como “Pendejadas célebres en la historia de México” y “La pendejísima historia de la Segunda Guerra Mundial”.
Garcí refiere que el movimiento de Morelos tampoco logró la independencia. Quién si logró consumarla fue un soldado realista, mejor conocido como Agustín de Iturbide, quien detestaba a los insurgentes y a quien apodaban el Dragón de Hierro.
Hasta hoy he tenido la creencia de que lo de Iturbide fue un acto de pragmatismo y genio histórico. Pero Antonio Garci propone una teoría, en su libro más reciente, que tira mis creencias por tierra. El libro se llama “Ideotas presidenciales”.
Garci establece lo siguiente sobre el Dragón de Hierro: “Iturbide no necesitaba cambiar de bando, pues estaba con los que ya habían ganado, ni lo movía la ambición, pues por ser el gran verdugo de los insurgentes ya había sido promovido como comandante en jefe de las fuerzas armadas realistas en Nueva España”.
Además, nos dice que Iturbide era sobrino del cura Hidalgo y que cuando este le extendió una invitación para unirse a los insurgentes, en ese momento don Agustín se negó rotundamente.
Luego Garci pregunta: pero si Agustín detestaba tanto el rollo independentista ¿cómo es que se convirtió en el hombre que logró la independencia nacional?
Si hurgamos un poco en la literatura histórica es verdad eso de que Iturbide detestaba a los insurgentes, pues cuando los atrapaba los mataba de inmediato.
La respuesta nos la brinda el mismo Garci: la causa del repentino y profundo cambio de parecer del comandante en jefe fue el embrujo de una mujer: la célebre Güera Rodríguez. De modo que en lugar de padre de la patria lo que hay es madre de la patria, y la buena señora, a la que la historia garciana le da el lugar, tiene una fama que no es precisamente heroica.
La Güera Rodríguez cuyo nombre original era María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra, y era hija de una de las mas acaudaladas familias mexicanas. Se casó primero con un militar con el que tuvo cuatro hijos y un disgusto debido a los horarios. Resulta que el militar llegó temprano y se dice que la encontró en deliquio amoroso con otro señor. La cosa llegó a los balazos sin que el marido le atinara a la Güera. El marido pidió la anulación del matrimonio, pero que esté murió antes de obtenerlo.
La Güera volvió a casarse con un rico comerciante que tuvo el buen gusto de morir temprano y dejarla forrada en plata. Así, la Güera Rodríguez se convirtió en la figura central en los saraos de la alta sociedad. Su belleza e inteligencia seducían a quien fuera y su dinero le permitía dar las mejores fiestas.
Cuenta la historia que la Güera convenció al virrey Apodaca de que diera el título de comandante en jefe de las Fuerzas Realistas al propio Iturbide. Dice la historia que por aquellos días, don Agustín y doña Ignacia se entregaban con bélico furor y loco frenesí al deliquio carnal.
Ya con don Agustín al mando del Ejército Realista, la Güera lo convenció de la necesidad de independizar a México. Y como dice el dicho que se refiere a los carruajes de tiro animal, el poder de una mujer supera, con mucho, el de las carretas. Así, Iturbide cambió de bando y logró la independencia.
El libro contiene un sin número de historias que evidencian algunos disparates cómicos de nuestros presidentes, vienen narradas con la singular gracia de Antonio Garci. Es decir, es conocer el lado divertido de nuestra historia. Esta es una historia más que les comparto de nuestro querido México mágico.