Opinión

Un par de conceptos sobre crecimiento y desarrollo

ECONOMÍA PARA LA VIDA 

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Por: José Luis Ramos Ortigoza

¿Cuál es la finalidad de la vida? Muchos filósofos han afirmado que es la felicidad, y tal vez, desde su disciplina tengan algo de razón. Para la biología, es perpetuarse a si misma, adaptarse, evolucionar, y para ellos, y también, mirando desde su disciplina, seguramente tienen razón también. Lo más probable, de hecho, es que para cada persona, esa pregunta tenga una respuesta distinta, porque cada persona, mira y entiende el mundo desde lo que ofrece y desde lo que necesita.

Pero para la Economía, hay una lógica profunda en explicar cuál es la finalidad de todos los esfuerzos humanos. Para la ciencia económica, la finalidad del actuar del hombre es simple: el Desarrollo, ¿Qué es? En términos prácticos, el Desarrollo es el incremento o mejora del nivel o condiciones de existencia y de la búsqueda del bienestar de una persona o un conjunto de personas. Así, un adulto está (o debería estar) más desarrollado que un niño, Pachuca está más desarrollada que las comunidades rurales del Valle del Mezquital, Querétaro está más desarrollado que Hidalgo, y  California, más desarrollado que México. El concepto no es difícil de comprender. El problema es que el  mundo no se ha puesto de acuerdo aún en cómo medir ese desarrollo.

Una de las medidas que los gobiernos persiguen con singular ahínco es el Producto Interno Bruto, o PIB. Casi todos los días podemos leer en los periódicos o ver en los medios anuncios sobre el tema. El problema es que si solo se persigue un número en este indicador, puede ser que nos estemos extraviando.

El PIB, es el resultado de una fórmula simple: sumar el consumo, la inversión y el gasto de gobierno (que en conjunto representa el trabajo de todos los habitantes de un país) y al resultado, restarle las importaciones (si, por si no lo sabías, cada bien importado que usas, como tu teléfono, tu reloj, tu ropa y todas las chácharas importadas que usas, empobrecen al país) y a ello, sumarle las exportaciones (si, cada producto que México exporta lo enriquece) ese numerito final, y sus variaciones indica si la economía va avanzando, y cuál es su dinámica.

Pero el PIB tiene muchos trucos, y muchas formas de proporcionarnos información equivocada. Tomemos un primer ejemplo: El PIB más alto del mundo es el de Estados Unidos y el segundo en esta escala es el de China, sin embargo, para comparar sus magnitudes, hay que tomar en cuenta el tamaño de sus poblaciones,  EEUU tiene apenas 340 millones de personas, comparado con china, que tiene la friolera cantidad de 1,400 millones. Si. El número grueso está muy cercano, pero si tomamos en cuenta el tamaño de las poblaciones el tema se sale de contexto. Por ello, los economistas realizaron una medición más “precisa” y esta fue el PIB per cápita. La expresión per cápita  significa “por cabeza” es decir, por persona. En esta nueva escala, la riqueza por persona, no pone a EEUU a la cabeza. No, antes de EEUU, encontraremos a Luxemburgo, Suiza, Noruega, Islandia e Irlanda. China ya no ocuparía la segunda posición, ocuparía la posición 74.

Pero el tema se complica más. Pensemos, ¿Qué es el PIB per cápita entonces? La suma de la riqueza total de un país, dividida entre el número de habitantes. Para México, no suena tan mal. En nuestro país, tendríamos el lugar 64, muy cerca de economías como la de Uruguay, Argentina o Chile. ¿Pero realmente tenemos un nivel de vida semejante? No. Por supuesto que no. ¿Por qué? Porque no tiene sentido armar promedios cuando los niveles de desigualdad son tan tremendos como en nuestro país.

Abramos la boca. Este dato ya lo había mencionado en una anterior columna: en México, hay 6 personas (Si, leíste bien, solo seis) que concentran más ingresos que los 65 millones de mexicanos más pobres. Si quitamos a esos 6 mexicanos del promedio, el ingreso de los mexicanos (el verdadero promedio) apenas llega a $10,000 pesos por familia al mes, $2,500 (Dos mil quinientos) por persona. ¿Es mucho o es poco? Hay que compararlo con los ingresos reales de otros países, por ejemplo en EEUU, el ingreso promedio por familia es el equivalente  de $112,000 pesos, es decir, $28,000 pesos por persona ¡11 veces el ingreso mexicano! Y ni que decir de Suiza, donde cada familia tiene un ingreso promedio de casi $150,000 pesos. Quince veces más que una familia mexicana.

Hace poco, muchos medios hablaron sobre si México está o no está en recesión. Es una discusión solo de números y no de realidades. Es una discusión sin sentido. La realidad habla fuerte y claro. El PIB de México ha crecido casi al doble desde 1995. Pero no nos alcanza para el doble de cosas, no vivimos el doble de bien que hace 24 años. No. Nada mas alejado de la realidad. Por el contrario, la calidad de vida, el Desarrollo, mi querido lector, en lugar de haber mejorado, apenas y se ha sostenido, y en muchas de sus caras, incluso se ha perdido. Más dinero, pero en menos manos. Incremento del PIB, no es incremento en el Desarrollo.

Hace un par de semanas se dio a conocer que la economía mexicana libró la recesión al crecer apenas 0.1%. ¿De verdad no estamos en recesión? ¿No miramos los productos subir de precio sin que suban los salarios? ¿No notamos una reducción en el comercio? ¿No venden menos periódicos las editoriales y menos tacos los taqueros? La economía anda mal, lo diga o no lo diga el numerito mágico del PIB.

Nuestro presidente dijo en relación a estos hechos que “crecimiento es acumulación de dinero, no necesariamente distribución de dinero, por eso nosotros decimos que hay más desarrollo” por muchos, fue tachado de irresponsable y de ignorante, sin embargo, como explicaré en las siguientes líneas, tal vez no esté tan equivocado como nos han hecho pensar.

Una medida importante de desarrollo, es un coeficiente conocido como coeficiente de desigualdad, o coeficiente de Gini. El coeficiente de Gini se expresa con un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). En este indicador, México se encuentra entre los países más rezagados del mundo, con un indicador que ronda, de acuerdo al INEGI el 0.475, o mejor dicho, una desigualdad de casi un 50%. Este número coloca a México en un nivel de justicia en los ingresos de los trabajadores, en la posición 146 de 159, es decir, en los últimos lugares del mundo.

Pero el dato a destacar no es solo la posición que ocupamos. El dato a destacar es que de entre el millar de indicadores sobre economía que existen, y por los que todos nos preocupamos, este es uno que mejoró notablemente en lo que va de 2019. Pues disminuyó de 0.499 en 2018 a 0.475. En solo 7 meses del año.

Un esfuerzo similar, para medir el desarrollo lo ha venido realizando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al establecer el índice de Desarrollo Humano (IDH) en esta medición se considera el nivel de ingreso de las familias, pero también los derechos sociales al contemplar el acceso a cuestiones como rezago educativo, acceso a salud, calidad de la vivienda, alimentación y cohesión social. En este indicador, México ocupa la posición 74, con una calificación de 77%. La buena noticia, es que su indicador se encuentra también en crecimiento, pasando de 76% en 2018 a un avance de un punto porcentual en 2019.

Como se puede ver, no siempre que se habla de “otros datos” para analizar cómo va un país se está cayendo en el error. Perseguir un solo número (el PIB) puede extraviar la finalidad de la Economía. Perseguir solo el Producto Interno Bruto como principal indicador, es como pensar que el único indicador de éxito de una empresa son sus ventas brutas, sin tomar en cuenta cuánto cuesta vender, o el bienestar de los trabajadores. Quisiera finalizar recordándote, amigo lector, que no siempre la ola de información, el tema de moda, el que más se repite es inherentemente cierto, y que siempre podrán existir “otros datos” y de allí, que debamos estar dispuestos a escuchar, entender y madurar que cada indicador mide una cosa diferente, y que un indicador, nunca sustituye al otro. ¿Qué mejor sería, que tener estos dos buenos datos, como la mejora en la distribución y el incremento en el Índice de Desarrollo Humano, con un sostenido crecimiento del PIB?

José Luis Ramos Ortigoza.

José Luis es profesor de Economía de la Universidad Iberomexicana de Hidalgo, ha sido columnista y conductor de programas de Radio y ha participado en distintos programas de Televisión, es conferencista y consultor en temas económicos, administrativos y de Desarrollo humano. Lo encuentras en Facebook por su nombre.

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