Historia 028

Esta es la historia 028 de 450 que te contaremos sobre León

La matanza del 2 de enero de 1946 fue un crimen tolerado por el Estado.

Nueve horas antes de la masacre, el entonces presidente de la República, Manuel Ávila Camacho, desoyó las voces de alerta que le enviaron cientos de leoneses a través de telegramas. Los mensajes, que saturaron la oficina presidencial, alertaban del acoso militar.

Un día antes -el 1 de enero-, cientos de manifestantes habían sido golpeados por soldados y arrollados por Jeeps y caballos militares, en un mitin en el parque Hidalgo, organizado para protestar por el fraude electoral.

Una mujer embarazada murió a consecuencia de la brutal represión. Algunos lesionados intentaron huir, pero los soldados los alcanzaron en las casas en las que se ocultaban, y los golpearon sin misericordia.

León vivía un clima de tensión. Se temía lo peor.

Leoneses piden auxilio

Eso animó a cientos de leoneses a enviar telegramas de alerta al entonces presidente Manuel Ávila Camacho.

Con respeto protestamos ante usted por atropello (de) coronel y fuerza federal al pueblo de León”, decía un telegrama enviado a las 11:40 de la mañana del 2 de enero, por un ciudadano de nombre Manuel Villegas Castro, con domicilio en Madero 323.

“Atropello a pueblo indefenso”, alertaba Francisco Carpio en su mensaje enviado a la  1:30 de la tarde. “Vilmente atropellados mujeres, niños, hombres al mando del General”, completaba en otro telegrama María Guadalupe Vázquez. “Protesto atenta pero enérgicamente actitud de las fuerzas federales para con indefenso pueblo de León”, expresaba Guillermo de León. “Ordenó carga (del) Ejército estilo Gestapo contra pueblo inerme. Pido justicia”, exigía León Morales. “Protesto por atropello cometido en esta ciudad por Ejército contra todo el pueblo”, anotaba Manuel Sánchez Frausto.

Los mensajes los enviaban leoneses de todas las clases sociales.

“Damas de León en estos momentos piden a usted intervenga rápidamente porque todo el pueblo está amagado y es víctima de atropellos cometidos por parte de soldados federales”, escribió Soledad C. de Romero, en un mensaje enviado el 2 de enero a las 12:50 del día. “Ante usted, respetuosamente protestamos atropellos de tropas federales contra el pueblo indefenso”, alertó Jesús Ayala.

Ricardo Hernández Sarcini, líder de la Unión Cívica Leonesa, que había postulado a don Carlos Obregón a la Presidencia Municipal, envió a la 1:30 de la tarde de aquel funesto día el más extenso de los telegramas.

La alerta al Presidente

En el mensaje, alertaba al presidente Ávila Camacho del acoso militar:  “Soldados federales, capitaneados por el jefe de la guarnición y jefe del Estado Mayor irrumpieron a multitud dando pistoletazos y caballazos a bayoneta calada y con ametralladora, disolviendo a la multitud y golpeando e hiriendo numerosas personas. Le pedimos intervención enérgica”.

A la 1:40 de la tarde, un ciudadano de nombre Arturo Torres envió este telegrama: “Protesto enérgicamente porque nuestro voto fue burlado y más aún porque miembros del Ejército Nacional golpearon a mujeres, niños y hombres indefensos usando caballería, Jeeps y ametralladoras”.

Todavía a las 4 de la tarde -5 horas antes de la matanza-, otro ciudadano de nombre José A. Venegas envió una llamada de auxilio al Presidente: “Intromisión de fuerzas federales y agraristas importados atropellan (a) habitantes de León. Suplícole justicia”.

Pero el Presidente no atendió al llamado. Aquel día, a las 9 de la noche, cientos de leoneses fueron masacrados por la espalda: la cifra oficial fue de 31 muertos y al menos 300 lesionados, aunque hay otras versiones que sostienen que al menos 100 personas murieron en aquel ataque.

Interviene un día después

Fue hasta un día después que el Presidente decidió intervenir. A través de su secretario, Jesús González Gallo, notificó a los leoneses en un telegrama ‘extraurgente’ que el titular de Gobernación había viajado a León para investigar la masacre.

Los telegramas que aquel día enviaron cientos de leoneses al Presidente, permanecen bajo resguardo en el Fondo Manuel Ávila Camacho del Archivo General de la Nación. AM obtuvo copia de cientos de ellos, como testimonio del desdén del Presidente al llamado de auxilio de una ciudad que vivía bajo acoso del Ejército.

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