Historia 023

Esta es la historia 023 de 450 que te contaremos sobre León

De la masacre de 27 leoneses en la Plaza Principal de León, ocurrida el 2 de enero de 1946, hace 80 años, cuando miles de ciudadanos defendían su voto en las urnas, hubo varios responsables pero nunca se esclareció con precisión quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes.

Numerosos testigos, periodistas y médicos ofrecieron declaraciones estremecedoras. Todos coincidieron en señalar a militares y policías estatales como autores materiales de los hechos, pero ninguna de esas pruebas fue suficiente para castigar a quien ordenó disparar contra la población civil.

Aquel 2 de enero, una granada de mano estalló frente al Jardín Principal, a unos metros de la callejuela Padilla. El artefacto probablemente fue lanzado por un soldado pues los cerca de cuatro mil leoneses reunidos en la Plaza no portaban armas.

Sepelio de las víctimas pasando frente al Palacio Municipal, después de haberse efectuado los funerales en la Parroquia del Sagrario. Foto: Cortesía David Rincón Gallardo.

La explosión marcó el inicio del tiroteo; docenas de soldados abrieron fuego contra la multitud mientras el Ejército mantenía sitiado el Palacio Municipal.

Tras el estallido, el Palacio quedó a oscuras. Desde las azoteas y los accesos, los militares disparaban sin cesar. La gente huía despavorida mientras que los soldados corrían tras ella y le disparaban por la espalda, a los pies y a la cabeza.  

La cacería se extendió por toda la Plaza. Heridos que se refugiaban tras los árboles o en el kiosko, fueron rematados. Otros cayeron mientras corrían.

Los soldados portaban ametralladoras y fusiles Thompson, armamento moderno para la época, utilizado por los ejércitos aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Heridos atendidos en la Cruz Roja. Foto: Libro “Por el rescate de la memoria”

Una tragedia anunciada

La tragedia de León se veía venir.

El presidente de la República, Manuel Ávila Camacho, recibió cientos de telegramas enviados por leoneses el 1 de enero de 1946, un día antes de la masacre, en los que advertían de un ataque del Ejército a la población.

El gobernador de Guanajuato, Ernesto Hidalgo Ramírez, ignoró las alertas y solicitó la intervención del Ejército para imponer en la Presidencia Municipal al doctor Ignacio Quiroz Ortiz, candidato del Partido Revolucionario de México (PRM, hoy PRI), pese a su derrota en las urnas.

Ignacio Quiroz.

El candidato oficial obtuvo apenas 58 votos, mientras que su contrincante, Carlos A. Obregón, postulado por la Unión Cívica Leonesa (UCL), logró 22 mil 173 sufragios. En 1946, las mujeres no tenían derecho a votar.

Carlos A. Obregón.

La UCL estaba integrada por militantes de la Unión Nacional Sinarquista, del Partido Acción Nacional, masones y ciudadanos sin afiliación partidista. Se había constituido formalmente apenas seis meses antes de las elecciones, impulsada por el descontento social ante la corrupción gubernamental, la imposición de autoridades y la deficiencia de los servicios públicos. 

El semanario La Voz de León, presuntamente financiado por Alfonso y José Trueba, ambos sinarquistas, fue un instrumento clave de difusión y organización del movimiento.

Cifras ocultas

Nunca se conoció el número real de víctimas y heridos. Testigos y periodistas afirmaron haber visto camiones que transportaban cadáveres y lesionados. Periódicos de la capital del país, con titulares a 8 columnas, acusaron al Ejército y al gobierno estatal de ocultar cuerpos y estimaron que pudo haber hasta 100 muertos y 300 heridos.

Médicos del Hospital Juárez -hoy Hospital General– coincidieron en que el número real de víctimas fue mayor, aunque la cifra oficial se mantuvo en 27 muertos.

Pedro Ramírez abrazando el cadáver de su hija Pilar. Foto: Periódico Excélsior

Médicos coinciden: disparos por la espalda

Los médicos que atendieron a los heridos y practicaron las autopsias declararon que la mayoría de los manifestantes recibió impactos por la espalda, en la cabeza, piernas y pies.

Sus testimonios ante ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación fueron clave  para desmentir al gobernador Hidalgo y a los mandos militares, quienes acusaban falsamente a la UCL de haber atacado a los soldados con armas, palos y piedras.

El presidente Ávila Camacho se equivocó al confiar en que Hidalgo resolvería la crisis política. Meses antes de las elecciones, integrantes de la UCL le habían solicitado respeto a la autonomía municipal, por diversas vías, respeto a la autonomía municipal.

Algunos cuerpos exhibidos afuera de la Parroquia del Sagrario: Foto: Libro “Por el Rescate de la memoria”

Hidalgo no cedió. En su empeño por imponer a Quiroz, y sin autorización federal expresa, involucró al Ejército en un conflicto político local. Su castigo llegó el 8 de enero, seis días después de la masacre, cuando fue destituido.

El exgobernador se refugió en Querétaro y meses después intentó justificar su actuación culpando a los hermanos Trueba Olivares de haber instigado la violencia.

Militares exonerados

Pese a los señalamientos directos de testigos y de sus propios subordinados, los militares  Pablo Cano Martínez, jefe del Estado Mayor de la 16va. Zona Militar y Emilio Olvera Barrón, responsable de la plaza, fueron exonerados por la Corte Militar. Así lo documentaron diarios nacionales que siguieron el caso paso a paso.

El escritor Jesús Vázquez Trujillo, en su libro de reciente publicación “Secretos Silenciados”, relata las acusaciones en su contra y su liberación tras una semana de su detención.

También quedó impune Jesús Hernández Orozco, comandante del pelotón de Infantería asignado a la Plaza y otros 13 soldados.

Guardias acuartelados en Palacio Municipal. Foto: Libro “Por el rescate de la memoria”

El nacimiento del nuevo partido

Dos meses antes de las elecciones del 16 de diciembre de 1945, el gobernador Hidalgo recibió a los dirigentes de la UCL: Ricardo Hernández Sorcini, Jesús Garibay y Florencio Quiroz.

El encuentro fue desalentador- Hidalgo les advirtió que aplicaría una “democracia dirigida” y les anticipó los nombres de la planilla oficial.

A la salida, los dirigentes decidieron constituirse formalmente como partido y postular candidatos. El 9 de noviembre iniciaron asambleas en todos los barrios. La primera, en Barrio Arriba, estuvo marcada por insultos hasta que intervino el jefe local del sinarquismo,  Carlos González.

Tras conocerse los nombres de la planilla integrada por Gonzalo Torres Martínez, Jesús Pérez Bravo, Rubén Cabrera, Manuel Álvarez Jr., Ricardo Ulíbarri, Antonio Sánchez Herrera, Alfonso Velázquez, Indalecio Andrade, Regino Naches, Patricio Romero, Felipe Gallardo, Luis Montes, Manuel González y Guadalupe López.

Durante el mitin del 28 de noviembre, en la Plaza Principal, fue elegido Carlos A. Obregón, como candidato a la Presidencia Municipal. Comerciante peletero de 56 años, era conocido por su generosidad y honestidad. No estaba presente; miles acudieron a su casa para informarle.

Mientras tanto, Ignacio Quiroz, de Coahuila, y entonces director del Hospital Juárez, hoy Hospital General de León, permanecía ajeno a la política hasta que Hidalgo lo invitó como candidato.

Sin padrones electorales ni boletas 

La campaña se desarrolló del 1 al 15 de diciembre. León contaba con poco más de 100 mil habitantes y el apoyo a la UCL crecía diariamente.

El día de la elección, el 16 de diciembre, agraristas traídos por el gobernador y militantes del PRM apoyados por el gobernador intimidaron a la población. Aún así la votación se realizó.

La UCL enfrentó un padrón publicado fuera de tiempo, casillas controladas desde el amanecer por el partido oficial y listas electorales infladas con nombres de personas fallecidas.

Los ciudadanos expulsaron a los funcionarios oficiales y tomaron las casillas. Cada votante se identificó con nombre y domicilio.

A las 2 de la tarde, la UCL dio a conocer resultados en pizarrones instalados en la Plaza en la Plaza. El cómputo formal, ante notario público, se realizó el 20 de diciembre.

Resultado final: Carlos A. Obregón, 22 mil 173 votos; Ignacio Quiroz, 58 votos.

Enseguida, directivos de la UCL fueron a Guanajuato a comunicarle los resultados al gobernador Hidalgo quien al escucharlos, dijo: “Impondré el orden, cueste lo que cueste”,  consigna el libro “Mártires de la Libertad”, editado por la Presidencia de León.

La respuesta de la Unión fue una advertencia, “la situación es gravísima”.

Dos presidentes, un palacio

Mientras tanto, la junta de cómputo instalada por la UCL expidió las constancias de mayoría a Carlos A. Obregón y su planilla y lo mismo pasó en la junta oficial del estado con Ignacio Quiroz.

Los días transcurrían y miembros de la UCL fueron a México a exponer la situación. Allí los recibió el procurador general de la República, José Aguilar y Maya quien no resolvió nada.

También acudieron con senadores, a la Suprema Corte y finalmente a Gobernación, pero tampoco hubo señales de parar el fraude.

Cabeza del Sepelio de las víctimas la tarde del 4 de enero de 1946. Foto: Cortesía David Rincón Gallardo

“El Presidente Ávila Camacho le dijo a Hidalgo que resolviera él, bajo su responsabilidad, el caso de León”, describe Alfonso Trueba en “La batalla de León por el municipio libre”.

Regresaron de México esperanzados en que el fraude se detendría. No sospecharon que en lugar de respetar el voto, el Gobernador pediría la intervención del Ejército.

Primer ataque militar contra la población

El 1 de enero de 1946, contra viento y marea, toda advertencia, a las 10 horas, el doctor Ignacio Quiroz tomó posesión de la Presidencia mientras el Ejército y otros grupos armados resguardaban la zona.

Al mismo tiempo, cientos de personas se reunieron en el Parque Hidalgo, a un kilómetro de distancia de la Plaza Principal. Ahí se insistió a los integrantes de la UCL que no recurrieran a la violencia.

Cerca de las 12 horas, llegó el coronel Cano Martínez y varios soldados, agrediendo a los manifestantes y apuntando con una ametralladora.

El primer intento de los manifestantes fue correr, pero un grito de: “No se vayan”, “no corran”, los mantuvo en el lugar resistiendo golpes. Minutos después  llegaron tropas a caballo repartiendo fuetazos.

En varias crónicas se informa que una mujer embarazada murió al día siguiente debido a los golpes que recibió. Se registraron además 30 heridos.

Se consuma la masacre

El 2 de enero, a las 10 de la mañana, la ciudad paró sus actividades. Tenerías, fábricas, comercios, oficinas, bancos, todos cerraron sus puertas y la gente acudió a la Plaza Principal con carteles de protesta contra la imposición.

El público frente al edificio de la Cruz Roja, esperando noticias. Foto: Cortesía David Rincón Gallardo

Quiroz ya despachaba en la Presidencia pero ante la presión de la multitud, comunicó su renuncia a directivos de la UCL. Pidió la oportunidad de ir a Guanajuato para comunicarla al  Gobernador. 

Los líderes de la Unión anunciaron a los manifestantes que el doctor Quiroz había ido a renunciar, que esperaran noticias cerca de las 6 de la tarde.

La gente desalojó la Plaza y a las 6 de la tarde regresó pero después de esperar dos horas, no tuvieron noticias del doctor Quiroz.

A las 8:30 de la noche, los oradores pidieron a la gente que regresara a sus hogares, pero unas 4 mil personas permanecieron ahí.

El ataúd del PRM

A las 8:45 de la noche, entró a la plaza un grupo de muchachos con un ataúd con las iniciales PRM-RIP. Los jóvenes se pararon frente a la Presidencia, colocaron el ataúd en el suelo y fingieron que lloraban la muerte de la democracia.

Manifestantes llevaban ataúd por la plaza principal. Foto: Libro “Por el rescate de la memoria”.

Al mando de la guardia de Palacio estaba el coronel Olvera Barrón quien culpó al comandante de Infantería Jesús Hernández Orozco de disparar sobre la multitud.

Los jóvenes que rodeaban el ataúd corrieron a refugiarse tras los pilares de los portales o los árboles. Algunos cayeron de manera instantánea y otros fueron perseguidos .

Los soldados disparaban contra todos, Olvera gritaba: “Tírales a ésos”. El fuego duró varios minutos y después en medio del silencio se escuchaban las quejas de los heridos y las sirenas de las ambulancias de la Cruz Roja.

En la plaza  quedaron sombreros y zapatos tirados frente a la Presidencia, el ataúd con letras blancas: P.R.M., R.I.P.

Minutos después, el teléfono del despacho de Ernesto Hidalgo sonó y respondió el Gobernador. Frente a él se encontraba Ignacio Quiroz a quien le dijo: “Ya puede volver a León, la plaza está desalojada”.

Habían asesinado, según las cifras oficiales,  a 27 niños, mujeres y  hombres y había unos 60 heridos.

Ataúdes de los mártires. Foto: Cortesía de León en Digital.

Los días siguientes: sale Hidalgo, asume Carlos A. Obregón 

El 3 de enero, el gobernador Hidalgo consideró que había terminado el conflicto y vino a León. Desde el Instituto Lux convocó a varios leoneses para exponerles su solución a la crisis.

Su solución era un ayuntamiento integrado por sus amigos así que fue rechazado. Al final coincidieron que Jesús Pérez Bravo, fuera el interino.

El 7 de enero, el presidente de la República, Avila Camacho, pidió al Congreso de Guanajuato la desaparición del gobierno de Guanajuato y fue destituido Hidalgo.

El 8 de enero, el Congreso nombró como gobernador interino a Nicéforo Guerrero quien era ministro de la Suprema Corte de Justicia.

Y finalmente, la UCL,  logró que Carlos A. Obregón tomara posesión como presidente el 19 de febrero del mismo año. Al fin se respetó el voto de los leoneses.

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