Historia 034
Esta es la historia 034 de 450 que te contaremos sobre León
El desfile de carros alegóricos ha sido, desde hace más de un siglo, uno de los principales atractivos de la Feria de León, una tradición que ha logrado mantenerse viva hasta la actualidad. El primero ocurrió en 1876 como parte de las celebraciones del tercer centenario de la fundación de la ciudad.
Durante el siglo XX, miles de personas se congregaban en las calles para presenciar la majestuosidad y el lujo de estos vehículos, descritos en las crónicas de la época como auténticas obras de arte.

Los desfiles por las calles de la ciudad se remontan a la época virreinal, cuando León aún era considerada una villa y las procesiones religiosas eran las manifestaciones públicas más comunes y participaban autoridades y habitantes.
Con el paso del tiempo, las fiestas civiles incorporaron desfiles, anuncios y espectáculos públicos, en los que la comunidad entera participaba, de acuerdo con el libro León. Nuestra Feria, de Adriana Ortega Centeno.
Así era el desfile al principio
Antes del paso de los carros alegóricos, el desfile iniciaba con marchas militares. Gendarmes pasaban montados con su uniforme azul de gala, botas charoladas, guantes blancos y rifle.
Posteriormente avanzaba una banda musical, que marcaba el ritmo del recorrido, generalmente era la del Batallón Primer Ligero de Guanajuato, una unidad militar que después se convertiría en las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado (FSPE).
Durante varias décadas los carros alegóricos efectuaban tres paseos principales. Para cada uno se asignaba una ruta específica que, durante años, permaneció prácticamente invariable y permitía recorrer gran parte de la ciudad.

Antes de que los carros alegóricos se volvieran motorizados, cada uno era tirado por cinco caballos, empenachados y cubiertos con redes, conducidos por mozos llamados palafreneros.
Preparaban calles y adornaban casas
El paso de los carros exigía una cuidadosa preparación de las calles. El alumbrado público funcionaba con petróleo y grandes faroles colgaban de gruesos alambres colocados a lo largo de las vialidades, lo que obstaculizaba el recorrido. Por ello, la mañana de cada desfile, los serenos se subían a escaleras para retirar los faroles y enrollar los alambres hacia una de las aceras.
Los vecinos de las zonas por donde pasaban los carros decoraban las fachadas de sus casas y vestían sus mejores atuendos para la ocasión. Incluso, regaban la calle durante todo el desfile para asentar el polvo del arroyo.
Tras el paso de los vehículos, una multitud los seguía a prudente distancia para evitar accidentes.
Cuando el desfile concluía frente al Palacio Municipal, quienes conducían los carros eran invitados al salón de cabildos, donde se les ofrecía una comida especial como reconocimiento a su participación.
Un desfile destacado
Un momento destacado ocurrió en 1910, cuando León celebró el 334 aniversario de su fundación y el Centenario de la Independencia de México. En esta edición participaron cuatro carros alegóricos: uno dedicado a la ciudad, con referencias a los hermanos Aldama, el cura Ignacio Aguado, el Palacio Municipal y la torre de la Parroquia del Sagrario. Otro a la agricultura; uno más al comercio, y el cuarto a la industria, según consigna León. Nuestra Feria.

Lejos de desaparecer, el desfile de carros alegóricos ha logrado evolucionar, modernizarse y mantenerse hasta nuestros días.
Actualmente forma parte central de la Feria de León y continúa siendo uno de los eventos más esperados por la ciudadanía, como una tradición que enlaza el pasado festivo de la ciudad con su presente y refuerza la identidad colectiva de los leoneses.
DAR
En el marco de los 450 años de la fundación de nuestra ciudad, en Grupo AM desarrollamos el proyecto 450 Historias de León, una iniciativa para recuperar, preservar y compartir la memoria de nuestra ciudad.
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